«…para el corto plazo es más eficaz el poder duro que, además, es la base para construir después los poderes blandos de la ideología.» (…) «Incluso el más virtuoso de los sistemas sociales necesitaría de policías que llevaran a cabo tareas desagradables; que sean buena o mala gente es lo de menos.»

Creemos que estas frases, incluso incorporadas a los párrafos de donde las hemos extraído, que están más abajo, se comentan solas y dejan muy claro el pensamiento de esta persona. Se trata de auparse al poder y monopolizar la fuerza violenta. Los ejecutores físicos de esa violencia, sean policías, sean militares, ni siquiera son personas para P. Iglesias y da igual lo que piensen y sientan, si son éticos o criminales, con tal de que obedezcan a quien manda. Las ideologías hegemónicas se construyen utilizando el palo duro desde el poder. Eso ya lo sabíamos porque lo llevamos sufriendo desde siempre y P. Iglesias se declara dispuesto a mantener el mecanismo.

Obviamente para suerte nuestra -nótese la ironía- quien mandará sobre los esbirros del estado, o sea Pablo Iglesias, va a utilizar esa fuerza y esa capacidad de modelar nuestra ideología con proporcionalidad, para y por nuestro bien. Nota de Tortuga.


El problema son los antidisturbios?

29 sep 2012

Mucho se ha cargado estos días contra las Unidades de Intervención Policial, los antidisturbios, por su actuación el pasado día 25 en Madrid. La tensión llegó hasta tal punto en las redes sociales, que el secretario general del Sindicato Unificado de Policía, un histórico defensor de establecer la obligatoriedad de que los agentes lleven siempre visible su número profesional, perdió los nervios y escribió desde su cuenta de twitter cosas tales como: “para los de las identificaciones: no las llevan y apoyamos que no las lleven ante organizaciones violentas. Leña y punto”. Este twitt de Sánchez Fornet y algunos otros más desencadenaron un movimiento de indignación general en la red y se abrió de nuevo el eterno debate sobre la clase de policías que tenemos.

El problema es que entender la actuación de la policía el 25S como algo derivado del material humano que la compone, no sólo es un error político mayúsculo, sino además una cortina de humo que esconde la cuestión crucial: quien y por qué da las órdenes. Jorge Fernández Díaz y Cristina Cifuentes deben de estar con gesto divertido viendo desde la barrera un debate que sólo les ha tocado de lado.

Hay que leer al Eduardo Galeano que nos recordaba que el torturador es sólo un funcionario; un burócrata armado que pierde su sueldo si no cumple eficazmente la tarea que le fue encomendada. Hay que leer a la Hannah Arendt que escribía sobre el juicio al teniente coronel alemán Adolf Eichmann, encargado de la organización de los transportes para el Holocausto durante el periodo nazi, condenado a la horca en Israel. Arendt explicaba que Eichmann no era un monstruo sanguinario a la altura de sus crímenes, sino más bien un mediocre que se defendió en el juicio argumentando que sólo cumplía órdenes. Hay que leer al Zygmunt Bauman que explicaba que lo verdaderamente peligroso del nazismo no era la crueldad de los nazis, sino su capacidad para organizar una administración estatal capaz de llevar a cabo, con la más fría eficacia, el proyecto político del Tercer Reich.

Digámoslo claramente; los policías son policías y lo son en la Alemania nazi, en la República española, en la URSS, en los Estados Unidos, en Islandia y en China. Y en todo tiempo y lugar la policía está para cumplir órdenes.

Habrá quien diga que en un Estado de Derecho los policías deben estar comprometidos con la defensa de las libertades. Eso estaría muy bien pero no es lo fundamental. A la policía no se le paga para que piense, sino para que obedezca. Es indudable que habrá policías crueles que disfruten pegando y policías de extrema derecha encantados de cargar contra gente de izquierdas, pero también es indudable que habrá agentes demócratas y sensibles que preferirían detener a banqueros antes que a la gente que protesta. Pero insisto, esto no es lo importante. No hay que olvidar que los agentes son, a lo sumo, peones en el tablero de juego político. Decían con amargura los Habeas Corpus en “Cada vez más odio” que en este mundo hay “casi tantas buenas intenciones como hijos de puta”. Precisamente por eso, es absurdo pensar que el problema político de la represión se resolvería separando a los policías “de buenas intenciones” de los “hijos de puta”.

Lo diré aún más claro: si alguna vez me tocara la tarea de ejercer de Ministro del interior, de Delegado del Gobierno o de juez, me importaría un pimiento lo que los policías pensaran de mí y de mis ideas; lo que me preocuparía de veras es que obedecieran mis ordenes diligentemente así como contar con el poder suficiente para que ninguno se atreviera a no hacerlo. Si la orden es poner los grilletes a un banquero o al yerno del monarca apoyando la rodilla en su espalda (como solemos ver que hace la policía con la gente que detiene en las manifestaciones) la orden debe cumplirse así. Y en mi caso no habría ninguna crueldad, sino una voluntad política inequívoca, la de enviar un mensaje a los banqueros y a los yernos: que tengan miedo, exactamente el mismo mensaje que Cifuentes y Fernández Díaz mandan cada día a la gente que protesta.

Sé que el poder tiene que ver también con el convencimiento, pero cuando hay armas de fuego de por medio yo me fío más del poder duro de la coerción que del poder blando de la hegemonía (qué razón tenía Maquiavelo cuando le decía a su príncipe que ser amado está bien pero que es preferible ser temido). Es cierto que la dominación sin hegemonía tiene fecha de caducidad (después de leer a Maquiavelo y a Lenin hay que leer a Gramsci), pero para el corto plazo es más eficaz el poder duro que, además, es la base para construir después los poderes blandos de la ideología.

Por eso hay que decir que los principales responsables de las barbaridades que vimos el día 25, los principales responsables de que hoy el Congreso haya vuelto a estar blindado como la franja de Gaza, los principales responsables de que funcionarios públicos actúen encapuchados y sin el número profesional visible, o de que se infiltren en organizaciones legales, o de que gocen de total impunidad si incumplen la ley, no son esos mismos funcionarios ni sus representantes sindicales, sino sus jefes políticos.

Incluso el más virtuoso de los sistemas sociales necesitaría de policías que llevaran a cabo tareas desagradables; que sean buena o mala gente es lo de menos. La decencia imprescindible en política es la de quien da la orden. Sin embargo en nuestro país, por desgracia, la indecencia es la palabra que mejor define a quien gobierna y manda a la policía.

Fuente: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/105/el-problema-son-los-antidisturbios/

5 thoughts on “«Me fío más del poder duro de la coerción que del poder blando de la hegemonía»”
  1. «Me fío más del poder duro de la coerción que del poder blando de la hegemonía»
    Es el Obama de España, una cara amable que va a suponer una campaña de marketing para las cloacas del Estado. Me voy preparando para cuando mis amigos de izquierdas me digan «si te ha pegado la policía, es porque algo habrás hecho, porque Pablo Iglesias no mandaría pegar a la policía sin un buen motivo».

    1. «Me fío más del poder duro de la coerción que del poder blando de la hegemonía»
      Claro,pero,por cierto…¿no es eso lo que decían en el franquismo?Es decir,si tú no eres malo,nadie tiene porqué hacerte nada,pero si no obedeces a tus autoridades naturales…eso es otra cosa.Es la misma historia desde entonces solo que ahora se han ganado «las mentes y los corazones» de la plebe.

  2. «Me fío más del poder duro de la coerción que del poder blando de la hegemonía»
    Buen artículo. La banalidad del mal que denunciaba Hanna Arendt; el gris y sumiso funcionario torturador durante su jornada de «trabajo» y que luego sale a pasear como un hombre o mujer de bien con su honorable familia, etc.

    Bueno, este artículo ya describe perfectamente aspectos vitales: decencia política (que ahora prácticamente ni existe ni se la espera con estos siniestros personajes que cual plaga usurpan la soberanía popular), etc.

    El tema de las palabras, al respecto, de Pablo Iglesias; creo que Pablo Iglesias tiene esa decencia y ética que son imprescindibles en política (y en toda acción honesta, humanista, de justicia social, etc.). Otra cosa será que Pablo Iglesias la pierda, se acabe corrompiendo, acabe siendo tibio y por acción o/y omisión se transforme en algo así como toda esta porquería criminal de «representantes» que ahora ya existen.

    Reitero: buen artículo porque da en el centro y cuestión de lo importante y denuncia que eso es, PRECISAMENTE, lo que falta casi por completo en CORTIJO-BANAÑA.

    SALUD Y VIVAN TODOS LOS DERECHOS HUMANOS PARA TODOS LOS SERES HUMANOS.

  3. Me temo que millones de personas seguirán al clásico, porque ya no pueden más…
    «MAS VALE UN FINAL TERRIBLE QUE UN TERROR SIN FIN…»

    ¿No os parece?

    1. Me temo que millones de personas seguirán al clásico, porque ya no pueden más…
      Ninguno de los terrores es bueno.Deberíamos preferir acabar con los terrores,pero creo que no tenemos las capacidades necesarias para ello.Es mucho lo que se ha perdido y es complicado recuperarlo.En cualquier caso,entre preferir terrores,prefiero no preferir.

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