Este libro fue escrito en el otoño de 1989, una semana después de ser finalizado cayó el muro de Berlín, así que es fácil entender las circunstancias de reflexión del autor que viviendo en un medio social crispado y violento se alza en rebelión contra la violencia sicológica, religiosa, económica, sexual, racial y física de una sociedad crispada y en crisis en donde lo que importa es sorevivir individualmente y en donde todos los valores humanos son puestos al margen.

El autor, activista social hace su propuesta y éste fue el producto de su respuesta no-violenta ante un mundo que no eligió y que no le gustaba, actualmente la sensibilidad que refleja el libro es afluente de esa nueva sensibilidad que aflora por doquier en los cinco continentes y que parece que aún nadie ha podido definir, esa nueva sensibilidad queu quizá sea el síntoma de un nuevo salto evolutivo en la especie humana. Es muy probable que a los que sienten esa nueva sensibilidad la «lucha» ya no les sea necesaria, incluso sea una tontería, ojalá esa nueva sensibilidad convierta este libro en ridículo y prehistórico pero mientras los negociantes y los hombres de cromagnon siguen dirigiendo estados, voluntades e intenciones de pueblos enteros, por lo tanto este aporte es una zancadilla a los poderosos y un guiño cómplice a los que ya no luchan sino que hacen el vacío al sistema y desarrollan su vida ignorándolo.

La Ayuda te la da cualquiera

Me acerco al escaparate de unos grandes almacenes por ver las rebajas, aunque solo tengo un duro en el bolsillo.

Se me acerca una viejecita que me pregunta: ¿tienes un durito?. Le digo que en un día tan frío como hoy claro que tengo un durito y se lo doy.

Me dice que ayer hacía más frío, pero que hoy ha salido el sol y es mejor día. Me dice que ayer ha sido casi igual que hoy.

Me dice que la gente que lleva abrigos de piel no te ayuda, que suelen ser solo apariencia, pero que la gente pobre si te ayuda. Y que tiene frío porque su estufa es de 125.

[…]

Con una sonrisa como un sol me estrecha las manos y contenta me dice:
¿Nos vemos otro día, verdad hermoso? Nos despedimos y soy yo quien le da las gracias

Mientras haya mujeres que resistan así y sean felices, yo también.

Así que digo: banqueros, presidentes, no tenéis la más mínima esperanza.