“De vez en cuando la vida nos invita a tomar café o nos besa en la boca” (J.M. Serrat.)

De vez en cuando la vida me ha llevado algunos de los que llamamos “grandes lugares”, “grandes paisajes” que, por su lejanía y otras circunstancias ya no volveré, pero que se han quedado grabados, seleccionados en mi memoria para siempre, así mismo me he encontrado con “grandes personas” fugaces que me han dejado con la miel en la boca, personas aparecidas como una tormenta de verano, a sabiendas imposibles de perdurar a nuestro lado, personas para las que el tiempo dejo de existir y de cuyo néctar nos alimentamos solo una vez para toda la vida.

Pero existen los “pequeños y cotidianos paisajes”, “las pequeñas personas”, que llevamos dentro y que nos acompañan como un viajero silencioso allá donde vamos y que somos capaces de ver cuando cerramos los ojos: “Las Grandes historias son aquellas que ya se han oído y se quieren oír otra vez. Aquellas a las que se puede entrar por
cualquier puerta y habitar en ellas cómodamente” (El Dios de las Pequeñas Cosas) Arundhati Roy.

Son aquellos paisajes, aquellas personas, a las que vuelvo aunque las conozca, aquellos donde, como en “Las grandes Historias”, vuelvo no importa el tiempo transcurrido, ni por donde entre, y habito en ellas, cómodamente; como en el parque municipal, donde el espacio y el tiempo parecen detenidos y entramos en él con nuestros hijos al igual que lo hicimos con nuestros padres o abuelos, como entramos en las playas que han dorado nuestros cuerpos y la historia de este pueblo, y cuya fina arena se nos escapa entre los dedos como un reloj de vida, es volver a ver la nieve de los almendros, el palmeral, los granados en flor… pero es con todo la inmutabilidad en el tiempo de esos paisajes naturales la que los hace más preciado, lo que nos debe hacer sentirnos humildes y responsable a la vez, de conservar este legado natural, para nuestras generaciones futuras.

Y han vuelto, como cada año, las renovadas y oscuras golondrinas, los incansables vencejos, los aviones, que sobrevuelan los laberintos de mi infancia donde no temías perderte, las calles, juguetes gratuitos para jugar a las cuatro esquinas, a marro o a policías y ladrones, desde cuyas fachadas se oían los últimos gritos de las madres asomadas a las ventanas llamando a sus hijos antes de que el trafico lo enmudecieran todo, vuelvo a las calles del camino los magros, a esa patria chica donde todavía vive mi madre, y está “Pepito” el peluquero que extraía “el oro de mi pelo”, el kiosco de la esquina, la farmacia, la bodega donde mi padre se fumó los últimos puros, vuelvo como los vencejos, a esos lugares conocidos, desconchados por el tiempo y la memoria.

Y vuelven también no sé por qué incansables las canciones que se aprenden en unas edades donde todo queda grabado como a sangre y fuego, nos acompañan formando círculos, con los paisajes, con las personas, con las historias, formando círculos como los vencejos, como los astros… ese es nuestro pequeño, gran ajuar de lo cotidiano, el único, personal e intransferible.

Francisco Gómez Marcos (C. Cultural Margalló)

One thought on “De vez en cuando la vida…”
  1. > De vez en cuando la vida…
    serrat me ha acompañado en MI VIDA POR MAS DE 30 AÑOS Y DE ALGUNA FORMA ME GUSTARÍA CONTACTARME CON ÉL TU ME AYUDARÍAS.

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