
En Tortuga somos en general -que no unánimemente- bastante reticentes a la hora de creer y difundir teorías no constrastadas de las que, con pretensiones de cientificidad, prosperan bajo el manto de la new age. Aunque, claro está, no creerse algo tampoco implica en todos los casos negarlo rotundamente. El artículo que ofrecemos a continuación, que ha sido enviado a nuestro buzón, quizá podría corresponder a una de estas teorías de la conspiración. O no. En todo caso lo advertimos y que cada cual dé pábulo a lo que considere conveniente. Nota de Tortuga.
«El lado oscuro de la colza».
RESUMEN del capítulo 12 del libro «La CIA en España», Alfredo Grimaldos, 2006.
«El 1 de mayo de 1981 hace su aparición oficial una enfermedad, calificada de «nueva y desconocida», que se inicia en la periferia de Madrid y se extiende luego en dirección norte y noroeste.» (…)
«años después de aquella epidemia, que ha provocado alrededor de mil doscientos muertos y más de treinta mil enfermos, sigue habiendo polémica sobre cuál fue la causa del desastre. Eso sí, ha quedado claro que no fue el aceite de colza el que lo provocó.» (…)
CONCLUSIÓN DE LA TESIS:
«Todo parece indicar que el síndrome tóxico se desarrolla en dos ondas epidémicas difefenciadas. La primera de ellas se produce a principios o mediados de enero de 1981. Coincide con una enfermedad no determinada que se desarrolla en pleno invierno en la zona norteamericana de la base de Torrejón y que afecta también a algunos militares españoles. Es probable que esta primera onda epidémica sea consecuencia de algún escape provocado accidentalmente con armamento bacteriológico, cuya presencia en la base es contraria a la legalidad internacional y contraviene el tratado bilateral que permitió su creación. Un serio inconveniente en tiempos del «OTAN, de entrada, no».
«Jesús Castrillo concluye: «Con la segunda onda, mediante tomates tóxicos tratados con productos organofosforados, se trataba de inducir una epidemia más amplia, más extendida, cuyos signos y síntomas no sólo abarcasen los de la primera, sino que los agravasen, de forma que al derramarse la enfermedad no sólo en Torrejón de Ardoz, sino por una gran parte del territorio nacional, Torrejón fuese sólo un árbol más, y sin importancia cualitativa, en la atormentada geografía de la enfermedad. Toda la mentira generada en torno a la investigación era precisamente para ocultar el origen de esa segunda onda epidémica generada intencionadamente, envenenando una partida de tomates en Roquetas de Mar.»
RESUMEN DEL CAPÍTULO:
«…La Moncloa, prohibe expresamente realizar pesquisas sobre el asunto. Pero los hombres del CESID sí se ponen manos a la obra, y durante un año un equipo al mando de dos oficiales desmenuza el caso. Su resultado, contenido en un informe de siete folios elevado al director general del centro, el general Emilio Alonso Manglano, es preocupante: la tesis del aceite no tienen ningún fundamento. Al contrario, existen datos que apuntan hacia un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia. Pero este informe nunca llega a ver la luz pública, ni siquiera en el juicio.» (…)
«Más adelante, las investigaciones de los doctores Francisco Martínez Ruix y María Jesús Clavera permitirán demostrar que en enero y febrero [del mismo año 1981] se han producido algunos ingresos hospitalarios, con cuadros clínicos similares a los del «síndrome», de personas provinientes de la zona de Torrejón de Ardoz. Pero las autoridades sanitarias hacen todo lo posible para evitar que se puedan vincular el brote de principios de año con el de mayo.»
«Se descubre además, que en la base militar de utilización conjunta de Torrejón se ha desatado una onda epidémica dentro de la zona norteamericana. Testigos presenciales afirman que han llegado aviones hospitales para evacuar a los enfermos a Estados Unidos y a la base alemana de Wiesbaden. Durante los meses siguientes hay un gran movimiento de personal, de modo que la dotación de la base queda renovada prácticamente por completo. Además tamnbién hay militares españoles destinados en la base de Torrejón que han sido hospitalizados. Pero cuando el Tribunal que juzga a los aceiteros pide sus historiales clínicos, el Ejército se niega a entregarlos, a pesar de que se constata la existencia de unas «encuestas» en Torrejón de Ardoz, la Clínica Sears y el Hospital del Aire.» (…)
«La sospecha de que la base es el origen de la epidemia llega a convocar ante sus puertas varias manifestaciones convocadas por los vecinos de los alrededores, y el alcalde de Torrejón de Ardoz presenta su dimisión.» (…)
«La errática campaña gubernamental de intoxicación informativa, que culmina con la atribución de todas las responsabilidades al aceite de colza…» (…)
«Parece evidente que se trata de crear una coartada para ocultar las causas reales de la epidemia. Empieza a generalizarse la impresión de que se está ocultando información deliberadamente, y el ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof, se ve obligado a efectura el oportuno «desmentido oficial». Muy pronto, la explicación gubernamental de «la bacteria» y su «transmisión por vía respiratoria» no se puede seguir manteniendo.» (…)
«Hay que ocultar a toda costa el origen de la enfermedad. Pero una vez establecido de forma incontrovertible que el aparato digestivo es la única vía posible de extensión de la patología, comienza la frenética búsqueda de un nuevo chivo expiatorio que cargue con las culpas. Se descubre la existencia en el mercado español de aceites comestibles de colza importados como excedentes de producción comunitaria, con destino a la producción de acero, que han desviado para el consumo humano, y por ahi empeiza a encaminarse la construcción de una nueva coartada. Acabaran criminalizando a meros estafadores que estaban beneficiándose ilegalmente de unas tasas arancelarias bajas. A partir de ese momento, se insiste en que la anilina utilizada para desnaturalizar el aceite importado es la causante de la epidemia. Pero, en realidad, ni se han utilizado anilinas, ni el aceite esta desnaturalizado. Además los síntomas de una intoxicación por anilinas son conocidos desde hace mucho tiempo y ninguno de ellos coincide con los que padecen los enfermos.» (…)
«El doctor Javier Martínez Ruiz, vocal de la Comisión de Investigaciones Epidemiológicas, comienza a mantener una posición crítica con respecto a las tesis oficiales, lo mismo que la doctora María Jesús Clavera. Después de tabular por provincias y por días el registro de «nuevos casos», relacionándolos con los períodos de distribución y retirada del aceite del mercado, llegan a la conclusión de que la epidemia está desvinculada de la ingesta de aceite de colza. «Nosotros, en principio creíamos lo que se decía en todos los medios de comunicación», señala Martínez. «Pero a medida que, lentamente, íbamos avanzando en la investigación, todo, absolutamente todo, era contradictorio con la tesis oficial. Ahora podemos dar fe de que, con toda seguridad, no ha podido ser el aceite». Como respuesta a sus aportaciones científicas, se disuelve la Comisión, para evitar la presencia de ambos científicos en ella.» (…)
«Sorpendentemente, la investigación epidemiológica se ha centrado, desde el 11 de mayo, en el CDC (Centre for Disease Control) de Atlanta, y está a cargo de tres funcionaros de la Administración norteamericana, los doctores Rigau, Heath y Kilbourne. Ellos son los responsables directos de los sesgos introducidos sistemáticamente en los estudios epidemiológicos que se desarrollan, en las encuestas y en los «casos/y controles». Como dice Rafael Pérez Escolar, que ha estudiado muy a fondo el caso del «síndrome tóxico»: «Es como si la autopsia del cadáver se le encomendara al asesino». Son notorias las vinculaciones del CDC con el Pentágono. Y es también conocida la implicación del centro en programs de desarrollo de armamento bacteriológico.» (…)
«Paralelamente, el doctor Muro, como director del Hospital del Rey, continúa sus investigaciones por otros cauces. Con mayor rigor científico y notable éxito. Consigue coger el pulso a la enfermedad de tal manera que es capaz de predecir donde van a aparecer nuevos enfermos. Pero en sus predicciones no hay nada mágico, ha descubierto que el síndrome está relacionado con la venta de hortalizas en un mercadillo ambulante que se instala en distintos pueblos del entrono de Madrid». (…) Muro llega a la conclusión de que la enfermedad la provoca la ingesta de ensalada, así que el elemento tóxico tiene que estar en los componentes de ese plato: lechuga, cebolla, tomate… Va siguiendo distinntas tesis de investigación y descarta el aceite. Se analizan los distintos aceites que consumían los pacientes y no tienen nada de extraño en común. Además, ni siquiera el aceite de colza es el mas presente en las casa de los enfermos.» (…)
«La certeza de su conclusiones también le cuesta el puesto al doctor Muro. (…) A alguien le asusta que se capaz de descubrir que hay detrás del síndrome tóxico. El día 15 de junio es destituído, sin ninguna explicación, de su cargo como director del Hospital del Rey y relegado a un sótano del Centro de Alimentación Animal de Majdahonda, en el que carece incluso de teléfono. Desde allí prosigue sus avances en la investigación, utilizando el método tradicional de las encuestas epidemiológicas. Habla con los familiares de cada enfermo y les pregunta de dónde venían las ensaladas. (…) «Así sucesivamente hasta que reconstruye los conductos de venta mayorista conectados con los enfermos del síndrome tóxico. Y es curiosos, todos esos mayoristas, sin excepción, están relacionados con un suministro de tomates procedentes de Almería.» (…)
«Cuando el PSOE llega al gobierno, tras su victoria electoral en octubre de 1982, hereda el problema y continua actuando dentro de la línea marcada por sus antecesores. «¿Qué más da que estuviese UCD o el PSOE en el gobierno?, opina Jesús Castrillo. «Estamos apuntando que el origen de la enfermedad puede afectar a los intereses políticos de la potencia que está al frente del imperio, que se juega el ingreso de España en la OTAN.»
«En la sentencia del juicio contra los aceiteros se reconoce que no ha podido acreditarse la existencia de una «relación de casualidad», lo que realmente se apunta es una «relación de probabilidad», algo jurídicamente muy endeble. Lo cierto es que jamás se llega a demostrar que el aceite de colza es el causante de la enfermedad. El tipo de lesión que sufren los enfermos hace sospechar, con toda probabilidad, en un organofosforado. Atacaba los pulmones y la piel. Después va apareciendo una neuropatía retardada. Casi era cantado el asunto, pero había que evitar que la investigación se acercase a la realidad», añade Castrillo.»
«El Plan Nacional del Síndrome Tóxico llega a invertir más de 300 millones de pesetas en intentar demostrar que el aceite es el causante de la epidemia. Y no lo consigue. Es significativa la actitud de la doctora Susana Sanz, directora de la Comisión de Investigación Epidemiológica, al regresar a España tras entrevistarse con el doctor Eath en el CDC de Atlanta. Vuelve muy alterada y renuncia a sus iniciales propósitos de investigación, proponiendo a los vocales de la comisión, entre ellos los doctores Martínez y Clavera, «hacer todos las maletas y marcharnos.» (…) «Y más tarde, al contemplar la actitud receptiva del doctor Martínez ante la investigación desarrollada por el doctor Muro, le dice: «¿No te das cuenta, Javier, que hay un pacto general entre todos los partidos políticos para dejar el tema del síndrome tóxico tal y como está? Tu no sabes lo que hay detrás de todo esto, yo tengo información que tú no tienes.» (…)
«La certeza de que los compuestos organofosforados son también agentes agresivos de «guerra química» y la más que sospechosa actitud desarrollada por todos los grupos políticos, amparando la postura oficial y desentendiéndose del problema que afecta a tan importante número de víctimas, implica la intervención de un poder tan grande e irresistible como para ser capaz de imponer un unánime pacto de silencio en todos», afirma Jesús Castrillo. «En definitiva, sólo la implicación de los intereses de una superpotencia justificaría el despliegue de medios políticos efectuados para ocultar las causa reales de tan grave enfermedad.» (…)
«Todo parece indicar que el síndrome tóxico se desarrolla en dos ondas epidémicas difefenciadas. La primera de ellas se produce a principios o mediados de enero de 1981. Coincide con una enfermedad no determinada que se desarrolla en pleno invierno en la zona norteamericana de la base de Torrejón y que afecta también a algunos militares españoles. Es probable que esta primera onda epidémica sea consecuencia de algún escape provocado accidentalmente con armamento bacteriológico, cuya presencia en la base es contraria a la legalidad internacional y contraviene el tratado bilateral que permitió su creación. Un serio inconveniente en tiempos del «OTAN, de entrada, no».
«Jesús Castrillo concluye: «Con la segunda onda, mediante tomates tóxicos tratados con productos organofosforados, se trataba de inducir una epidemia más amplia, más extendida, cuyos signos y síntomas no sólo abarcasen los de la primera, sino que los agravasen, de forma que al derramarse la enfermedad no sólo en Torrejón de Ardoz, sino por una gran parte del territorio nacional, Torrejón fuese sólo un árbol más, y sin importancia cualitativa, en la atormentada geografía de la enfermedad. Toda la mentira generada en torno a la investigación era precisamente para ocultar el origen de esa segunda onda epidémica generada intencionadamente, envenenando una partida de tomates en Roquetas de Mar.»
«La razón de Estado y el pacto de silencio entre los grandes partidos impidió que se aclarara quién estaba en realidad detrás de aquel envenenamiento masivo, que pudo ser provocado por la mano negra de los servicios de inteligencia norteamericanos. Veinticino años después, sigue vigente la llamada de atención que hizo el Working Group de la Organización Mundial de la Salud: «Mientras siga sin descubrirse la causa precisa que la provocó, no puede tenerse la seguridad de que este tipo de enfermedades no vuelva a repetirse».
CAPÍTULO «El lado oscuro de la colza» (PAGS. 184-195 DEL PDF) DEL LIBRO «La CIA en España»(1A. EDICIÓN, 2006), DEL PERIODISTA ESPAÑOL Alfredo Grimaldos.
https://colectivolibertariosantboi.files.wordpress.com/2011/02/135-grimaldos-alfredo-la-cia-en-espac3b1a-2006.pdf
Aceite de colza y armas químicas
Apreteu el culet…!!!, no siga còsa que se vos cole alguna teoria d’eixes de la conspiració, i vos estropetge el bufanellet…..Ay redeu!!!, que bé quedeu.