Viajando por los territorios ocupados de Cisjordania, lo primero que se
observa es que las carreteras están practicamente vacías, apenas hay
tráfico, los pocos vehículos que se ven son patrullas y transportes
militares y los omnipresentes colonos en sus flamantes vehículos. Los pocos
vehículos palestinos que se ven son taxis o ambulancias.
Al mismo tiempo, podemos ver todos los accesos a los pueblos y aldeas
palestinas cerrados por montones de tierra, zanjas, piedras o bloques de
cemento, haciendo casi imposible la comunicación y el trafico de bienes y
personas entre las diversas poblaciones palestinas. En los accesos a las
grandes ciudades los inefables «checkpoints» (controles del ejercito
israelí), con gran despliegue de personal y armamento militar, donde los
palestinos están sometidos a humillaciones continuas y gratuitas, así como
los controles volantes que te pueden sorprender en cualquier momento y lugar
de los caminos y carreteras.
Sin embargo, los accesos a los asentamientos de los colonos están
protegidos por el ejercito israelí y ellos si pueden circular libremente en
los territorios ocupados, escenificando así a la perfección el autentico y
clásico significado de un régimen de ocupación militar: los nativos ven
todas sus libertades reprimidas y los colonizadores se mueven a sus anchas.
Naturalmente, la primera consecuencia clara y evidente de este estado de
cosas es el estrangulamiento total de la economía: quieren rendirlos por
hambre, así de simple. Pero a ello hay que añadir los continuos y
arbitrarios toques de queda en todas las ciudades y poblaciones, lo cual
significa que toda la población tiene que estar encerrada en casa hasta
nueva orden y esa orden puede tardar días y días en llegar, y mientras tanto
esas familias (normalmente bastante numerosas, con una media de 5-6 hijos)
no pueden poner un pie fuera de sus casas y todos los negocios permanecen
cerrados, las calles están vacías, solo circulan las patrullas del ejército
israelí a bordo de sus blindados, sus tanques y sus vehículos fuertemente
armados. Entrar en una ciudad en toque de queda es algo realmente
impresionante, el silencio absoluto, las miradas furtivas detrás de los
cristales, la ciudad muerta, sin vida, la gente amedrentada y agazapada en
sus casas, a merced de los soldados invasor!
Y un detalle: al ejército israelí le encanta aplastar los vehículos
aparcados en las calles con sus tanques, los dejan planchados…
Los medios de comunicación hablan actualmente de una «relativa calma» en
los territorios ocupados en los últimos 2 meses, lo cual hay que traducirlo
por «ausencia de atentados suicidas» en el lenguaje de esos medios de
comunicación, pues lo que hay que decir, y casi nadie dice, es que durante
esa «relativa calma» el ejército israelí asesinó a 95 palestinos, la mayoria
civiles y entre ellos varios niños, continuaron con su política de arrestos
masivos e indiscriminados, la expropiación de tierras (especialmente en las
áreas donde el gobierno israelí esta construyendo el muro de separación
entre Cisjordania e Israel, anexionándose «de facto» mas y mas territorio
palestino), el aumento de los asentamientos de colonos, destrucción de
cultivos, demoliciones de casas de «terroristas o sospechosos de» y (por
cada casa de un «terrorista» quedan afectadas 5 o 6 casas de media, a veces
destruyen edificios enteros, y sin darles tiempo a que retiren sus
pertenencias), destrucción de infraestructuras (especialmente agua, electricidad y comunicaciones),
niveles de desempleo del 70% en Gaza y del 50% en Cisjordania, dificultades
y a veces imposibilidad en el acceso a los hospitales, expulsión de
periodistas extranjeros que dan informaciones «tendenciosas» pro-palestinas
(en opinión del gobierno israelí, claro), continuas dificultades en el
desarrollo del trabajo de las organizaciones humanitarias…
Según un informe del mes de Septiembre del año pasado de USAID, el nivel
de vida en algunas zonas de los territorios ocupados (especialmente en Gaza)
esta llegando a niveles africanos, y evidentemente, toda la ayuda
humanitaria proporcionada por las organizaciones internacionales es incapaz
de paliar siquiera minimamente las necesidades de la población palestina.
Paralelamente, en estos 3 años de «Intifada», el nivel de vida de la
población israelí (equiparable al español) decayó un 6% solamente. Las
diferencias, por tanto, son evidentes.
El gobierno y los medios de comunicación israelíes siguen pregonando a los
cuatro vientos que Israel es la única democracia y el único estado de
derecho de Oriente Medio, y si bien es cierto que no hay un solo país árabe
que no este dirigido por reyezuelos, dictadores mas o menos iluminados y
autócratas de diverso pelaje, también hay que denunciar alto y claro que la
tan cacareada «democracia» israelí es la única en el mundo que tiene
legalizada la tortura (bajo el eufemismo de «presión física moderada»),
ejerce un régimen de ocupación militar contra un pueblo indefenso
sometiéndolo a toda clase de privaciones y humillaciones, practica los
«asesinatos selectivos» con total impunidad (y de «selectivos» nada, siempre
asesinan a gente inocente), encarcelan a los detenidos durante períodos de 6
meses sin cargos ni juicio, prorrogables hasta 3 años bajo el epígrafe de
«prisión administrativa», violan sistemáticamente todas las resoluciones de
la ONU e ignoran ostentosamente (en el sentido literal de la palabra) las implicaciones de la Cuarta
Convención de Ginebra, practican el terrorismo de Estado impunemente desde
hace muchos años, de hecho son los maestros en todo el mundo, y además se
permiten el lujo de intentar expulsar por la fuerza al presidente de la
Autoridad Palestina, el único dirigente árabe que fue elegido
democráticamente en unas elecciones vigiladas por observadores
internacionales.
Quiero finalizar citando unas palabras que me dijo el año pasado el
alcalde de Nablus en una entrevista que tuve con el: «Nosotros no
necesitamos alimentos ni medicinas, solo necesitamos el fin de la ocupación,
tener nuestro propio estado, sin libertad vigilada, y entonces nosotros las
conseguiremos con nuestros propios recursos».
Carlos Sánchez Pardo