Hay tanto que destruir, para que no sea una demolición de salón, ni de tribuna, ni de políticos, hay tanto que destruir que preguntarse “y ¿qué vamos a hacer después?” es una táctica verdaderamente reaccionaria. Es lo que te impide hacer nada. Hay tanta tela cortada con el simple decir no, que es inoportuno preocuparse de qué futuro vendrá después.