
Sí, tenemos que recurrir: como antes he recurrido a la religión de otros tiempos, ahora tengo que acudir a la política de otros tiempos, es decir a la política de los tiempos anteriores a los años 60, o sea la que ninguno de vosotros ha vivido porque habéis nacido más tarde.
Entonces esta cuestión táctica se planteaba entre la gente resistente o rebelde de una manera muy viva: era la cuestión de… bueno, en último término, de tomar el Poder, por supuesto, o no tomar el Poder; y si ocupar o no ocupar puestos. La táctica de los partidos socialistas y comunistas era generalmente favorable a eso, inmiscuirse, ocupar puestos de poder, ocupar incluso el puesto de jefe del Sindicato Español Universitario que por entonces se estaba derrumbando, en fin, quitarle al Poder las armas del Poder; y entonces, eso iba a llevar a lo que lleva siempre. En realidad, eso duraba todavía cuando, (también habéis nacido después, creo; no, algunos no), cuando la Revolución en Portugal: todavía entonces se creía en eso de tomar el Poder, que la gente de abajo podía coger los fusiles y ocupar los puestos de mando, y entonces ya… La historia posterior de la Revolución en Portugal es muy ilustrativa: a lo que vino a parar la “Revolución de los Claveles”, de la que habréis oído hablar a vuestros padres.
Se trata siempre de esto; lo que pasa es que ahora lo tenemos encima: las formas del poder son otras y las formas de rebelión son otras; la cuestión táctica no se entiende bien por su propia inmediatez, pero es la misma, es la misma de siempre. Hay una creencia, que estoy combatiendo, en que se pueden usar istrumentos del Poder, quitarle istrumentos al Poder para usarlos para cosas que no tienen que ver con el Poder, por no decir para la rebelión. Es decir, que, si el Poder utiliza determinados eslóganes, por ejemplo, ocupa determinadas posiciones en la administración, una táctica recomendable es privarlo del uso, privarle al Poder del uso de esos nombres, de esos eslóganes, de esas tácticas, privarle de eso y usarlos por acá abajo buenamente para las cosas que pueda usarse. Ésta es la forma renovada de la táctica, que has espuesto bastante claramente. Estoy hablando decididamente contra, lo mismo que hace 50 años podría estar hablando contra las formas más bastas de esa misma táctica. Estoy contra; es un engaño. El Poder no utiliza nombres, ni eslóganes, ni instrumento alguno más que aquéllos que sirven para el Poder. No hay cosa ninguna inocente, indiferente, entre las que el Poder emplea.
No puede uno pensar que la TV, el Auto, el Hombre, son cosas que lo mismo que se usan desde arriba contra el pueblo y para la opresión, se podrían usar desde abajo para el pueblo y sus fines. Contra esta creencia estoy: a sabaer, si el Poder usa la TV, es porque la Televisión está para eso, para que la utilice el Poder para eso. Si utiliza el Auto personal, es porque está para eso, y si usa al Hombre, tal como hemos visto que lo usa, es porque está pra eso. De tal forma que, si al Poder lo pudiéramos despojar de la Televisión, el Auto, el Hombre y siguiéramos así, ¿qué diablos iba a hacer el Poder?: nos habríamos quedado con todos los instrumentos fuera y el Poder habría quedado vacío, ¡qué bien! En realidad, habría sucedido lo que ha sucedido, no en Portugal, sino siempre, que es que aquéllos que tomaban los instrumentos del Poder se convertían simplemente en los herederos, en los sustitutos, de una manera enteramente trivial: porque justamente el Poder consistía en el uso del Poder. Esto es luchar contra una falacia, que es también contra la que llamo, la que se suele llamar jesuítica, la falacia de la independencia de los medios: no hay tal independencia de los medios: los mediso llevan sus fines escritos en sí. Yo os podría contar, en un medio, como la televisión, en qué forma, en su forma misma, están escritos los fines de la televisión, por poner un caso típico de medios.
Agustín García Calvo
Contra el Hombre
Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid 1997