
Ahora los vecinos que se quejan por las irrespetuosas maniobras militares son de Espolla, Girona, pueblo de 407 personas.
Diversas granadas de mortero explotaron este miércoles a 200 metros de una casa (…) Las explosiones de los proyectiles llegaron a depositar metralla en el tejado de la vivienda (…) Tenía mucho miedo y un dolor de tímpanos muy fuerte, además tenía miedo por mi hijo, que suele ir a jugar fuera, no puede ser que haya un riesgo tan grande, declaró una la vecina de la casa afectada, separada del núcleo del pueblo. (…) Es evidente que el campo se les ha quedado pequeño, o lo tienen muy mal diseñado, porque ha habido muchos episodios de balas perdidas. Es difícil de demostrar, porque te encuentras tú solo oyendo el silbido de las balas o los impactos en la tierra”, explicó un trabajador de la zona
En Espolla tienen la mala suerte de que su municipio es adyacente con la base del ejército de Sant Climent Sescebes, que tiene unas 800 hectáreas (de las que 350 hectáreas se expropiaron a Espolla para hacer el campo de tiro) y que, por lo visto, les parecen insuficientes a los militares que prefieren pegar tiros y morterazos fuera de su perímetro y más cerquita del pueblo.
Debe ser para que los civiles participen en lo que militarmente se llama Cultura de Defensa.
Las reinvindicaciones civiles son claras y justas:
El alcalde de Espolla, Carles Lagresa, ha manifestado que lo ideal sería el cierre del campo, pero pide que como mínimo las prácticas de tiro se ciernan al terreno de la base militar
La Vanguardia también se ha hecho eco de la noticia y ha concretado más:
Los vecinos de la zona han encontrado más de una docena de impactos, árboles rotos y numerosos casquillos de mortero dispersos por la montaña. Incluso, la dueña de la casa hizo fotos del momento, en el que se aprecia como una batería de proyectiles explosionan a unos 200 metros de la casa. Los afectados dicen que no es la primera vez que esto ocurre, aseguran que viven con miedo y critican que Defensa les ha ignorado cada vez que se han quejado.
Como se ve, los vecinos se encuentran desprotegidos y sólo cuentan con su trabajo para difundir las barbaridades que hace Defensa:
Pasó hace una semana, pero Salomé Wimille todavía tiene el miedo en el cuerpo. Vive en una casa aislada en la zona de los Vilars d’Espolla (Girona) y el miércoles pasado le cayeron toda una batería de proyectiles al lado de casa. “Sentí una explosión muy fuerte y me encerré dentro de casa; después hubo más e hice fotos para que se viera que habían caído muy cerca”, explica mientras enseña las imágenes.
Los morteros salieron de la base de Sant Climent Sescebes, donde los militares hacían maniobras de tiro, pero superaron los límites del campo y cayeron en fincas particulares. Hubo uno que explotó a 185 metros de la casa donde vive la Salomé y los otros, los que se dispararon en batería, impactaron a unos 230 metros de la casa.
“Tardé tres días en ir al bosque”, explica la propietaria. Y cuando subió, acompañada de otros vecinos de los Vilars, encontraron hasta una docena de impactos. Los morteros destrozaron árboles y dejaron agujeros de unos dos metros de diámetro en el suelo. “Además, en todas partes está lleno de restos de proyectiles”, dice Salomé Wimille.
Los propietarios han hecho un mapa de los lugares donde impactaron los morteros -sobre terreno, señalizados con bolsas de plástico- y lo han enviado al Ayuntamiento. Pero ahora la tendrán que ampliar. Y es que hoy la Salomé, acompañada de otro vecino, Martijn Van Der Berg, han encontrado más agujeros, casquillos de mortero y restos de munición que antes no habían visto.
El Ejército poco quiere razonar con los civiles y les contestó con su habitual bravuconería:
Desde el Ayuntamiento, después de recibir la llamada de Wimille, llamaron a la base militar Álvarez de Castro de Sant Climent para ver qué había pasado. “La respuesta fue que eran profesionales y que estaban haciendo puntería, pero creo que esta vez es evidente que los morteros se desviaron”, explica el alcalde.
(…) Fuentes del ejército de tierra recuerdan que reciben quejas recurrentes de vecinos cercanos a la base y que cada vez han abierto una investigación para descubrir las causas y corregir cualquier problema detectado. Añaden, sin embargo, que en buena parte de los casos las quejas no estaban fundamentadas
La dejadez del Ejército por evitar el peligro para sus vecinos civiles es alarmante:
El alcalde también lamenta que los límites del campo de tiro no estén debidamente marcados. De hecho, asegura que cuando se hacen maniobras del ejército pone guardias en las pistas principales que cruzan la montaña, y hay alguna señal, pero que sí que “es verdad que no se hace un control absoluto, porque hay muchos senderos o senderos que llegan directamente al campo de tiro, y alguien se puede despistar y encontrarse en medio”.
A esta falta de delimitación clara del campo de tiro los militares comentan, con prepotencia, que:
Los militares aseguran que el campo de maniobras de la base está “perfectamente delimitado y marcado” aunque no hay ninguna valla perimetral.
Para acabar, decir que el problema es generalizado en la zona porque los otros dos municipios limítrofes con la base militar,
En Sant Climent Sescebes, los vecinos de Vilartolí también aseguran vivir la misma situación. Por ello, desde este consistorio también se pedirán explicaciones.
Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org/2015/11/18/el-peligro-de-los-campo-de-tiro-militares-espolla-girona/