Dispuso Dios la naturaleza para la comunión mutua, creando cosas para todos. Todas son, pues, comunes. Todo es común, así que los ricos no pretendan poseer más que el resto. Dios nos ha dado la facultad del usufructo, y no más de lo que es necesario. Y además quiere que ese uso sea común por lo que es absurdo que solo uno viva entre delicias mientras los demás están en la miseria. Como el pie es la medida de su zapato, así el cuerpo es la medida de lo que se ha de poseer.