
P: De hecho, el espacio dividido entre la ciudad y el campo es un espacio jerarquizado, autoritario. ¿En ese caso no existe una relación jerárquica idéntica entre los dos espacios?
R: ¡No, en absoluto! Incluso si consideramos otros casos, porque éste es un caso especial, son cazadores nómadas (después de todo, es muy raro una sociedad de cazadores nómadas o, más bien, era muy raro…), incluso si consideramos el caso más corriente que es el de las sociedades primitivas de agricultores sedentarios (éste era el caso de la inmensa mayoría de indios de América del Sur, y no estoy hablando de los Andes, sino de los indios de la selva, los salvajes-con-plumas-completamente-desnudos, esto es, la Amazonia… casi todos son agricultores sedentarios, aunque vayan a cazar, pescar o recolectar… son agricultores sedentarios), no existe ninguna distinción entre la aldea, como primera imagen del pueblo, y el campo. Eso, estrictamente, no tiene nada que ver.
La distinción ciudad/campo aparece cuando surge la villa con gente que no son villanos -porque villano se corresponde con villa-, sino que son burgueses, gente que habita los burgos con sus jefes correspondientes. En principio es allí donde moran los jefes. La ciudad y la distinción ciudad/campo aparecen con y después de la aparicón del Estado, porque el Estado, o la figura del déspota, se fija inmediatamente en un centro, con sus fortalezas, sus templos, sus almacenes… En ese momento, necesariamente, se produce una distinción entre el centro y todo lo demás; el centro se convierte en la ciudad y todo lo demás es el campo. Pero esta distinción no funciona en absoluto en una sociedad primitiva, incluso en comunidades primitivas de una dimensión considerable.
La dimensión no cambia nada: tanto si consideramos una banda de cazadores guayaquís de 30 personas o una ciudad guaraní de 1.500, no existe ninguna distinción entre la ciudad y el campo. Esta distinción se produce cuando el Estado está presente, cuando hay un jefe con su residencia, su capital y sus depósitos, sus cuarteles, sus templos, etc. Las ciudades las crea el Estado; es por eso que las ciudades son tan antiguas como el Estado. Donde hay Estado, existe la ciudad; allí donde se ejerce la relación de poder, se produce la distinción entre la ciudad y el campo. Inevitablemente, porque todos los que habitan la ciudad, alrededor del que manda, necesitan comer, vivir, y en ese caso son los demás, los que están fuera de la ciudad, los que están en el campo, los que trabajan para ellos.
Entrevista a Pierre Clastres publicada originalmente en el número 9 de la revista francesa L’Anthymites (1975)
La Sociedad contra el Estado
Pierre Clastres
Ed. Virus, Barcelona 2014