
Era tradicional que las monarquías utilizaran el sentimiento religioso como acicate al valor y disciplina de los soldados. Privado del culto católico, el ejército francés [se refiere al ejército del periodo napoleónico, nota del copista] utilizó el culto patriótico. En la batalla de Valmy, los oficiales habían comprobado como el grito ¡Viva la Nación! producía en los soldados notable entusiasmo. Tras varios años de guerras patrióticas se constituyó el espíritu militar francés, capaz de superar con ventaja los sentimientos despertados por las antiguas ideas de “los soldados al servicio de la Religión y el Trono”. La ideología militar francesa se basó en exaltados sentimientos de amor a la Francia revolucionaria, adhesión a Napoleón y culto al honor, fermentado por los antiguos militares que nutrieron los primeros cuadros de 1789. El entusiasmo fanático se fomentó en los ritos militares y civiles. Cualquier fiesta cívica motivaba un desfile militar, que presentaba a los soldados el sentimiento de la propia importancia y a los paisanos les vinculaba a los conceptos de la Francia oficial.
La actitud entusiasta servía también para integrar a los reclutas belgas, holandeses, italianos, hamburgueses… que las sucesivas anexiones convertían en soldados de Francia. El entusiasmo era necesario para soportar la vida de los errabundos militares del imperio.
(…)
El patriotismo se consolidó como una de las virtudes militares más notables. Había sido una necesidad francesa para defenderse de un entorno de naciones hostiles. Cuando la República estuvo en peligro, todos debieron cooperar. Napoleón manipuló ese sentimiento en su beneficio. La fidelidad y el sacrificio por Francia se transformaron en la entrega a los designios del Emperador, primer totalitario militar contemporáneo. La estetética contribuyó a profundizar el sentimiento de integración en el ejército, a despertar el orgullo profesional, la acometividad, el espíritu de cuerpo. Tales sentimientos de orgullo se traspasaron a los ejércitos extranjeros integrados en la Grande Armeé. Para crear el ejército imperial se recurrió al reclutamiento obligatorio hasta reunir los efectivos necesarios. Así en el ejército de Rusia de 1812 había solo 300.000 franceses en un conjunto de 610.000 hombres. Estos cuerpos se organizaron a la francesa, con un sistema de oficialidad no aristocrática, donde se extendieron las ideas democráticas [se refiere a la nueva doctrina liberal burguesa del siglo XIX, nota del copista] y nacionalistas. En muchos países, sin un desarrollo moderno y con instituciones feudalizadas, los oficiales se vincularon a los intereses de las clases medias y fueron los adelantados de la revolución liberal.
Gabriel Cardona
“Historia del Ejército”
Editorial Humanitas, Barcelona 1983.