En una sociedad de alienación, incluso para los raros individuos para
los que la autonomía posee un sentido, no puede más que permanecer
truncada, pues se encuentra, en las condiciones materiales y en los
demás individuos, con unos obstáculos constantemente renovados a
partir del momento en que debe encarnarse en una actividad, desplegarse
y existir socialmente; no puede manifestarse, en su vida efectiva, más que
en los intersticios acondicionados a golpes de suerte y de habilidad,
contados siempre por aproximación.

Es apenas necesario recordar que la idea de autonomía y la de
responsabilidad de cada una para su vida pueden fácilmente llegar a ser
mistificaciones si se las separa del contexto social y si se las plantea
como respuestas que se bastan a sí mismas.

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Texto tomado del libro de Cornelius Castoriadis «La Institución imaginaria de la sociedad». Tusquets, Barcelona 2013.