Los ejércitos profesionales, que viven separados del resto de la sociedad por una vida consistente -en tiempo de paz- en el porte de una indumentaria caprichosa, en instrucción y prácticas, en juegos y aburrimiento, que están organizados bajo el supuesto de que sus miembros a todos los niveles son bastante estúpidos y siempre superfluos, y que están cohesionados por los valores, cada vez más anómalos, de la bravura, el honor y el desprecio y la suspicacia hacia los civiles, casi por definición tienden a la excentricidad ideológica.