Por Beatriu Barceló

La muerte tiene muy buena memoria, nunca se olvida de nadie. Por el contrario, los vivos, ocupados en sus mil y un avatares diarios, olvidan mas fácilmente, como es natural. Regresar a Elche me obliga a recordar; acontece que ese archivo virtual de la memoria, donde guardo los recuerdos de mi infancia, adolescencia y juventud, se abre como si fuera la caja de Pandora del subconsciente. Básicamente, recuerdo aunque no tenga la menor intención. Y no porque no quiero tener nostalgia de aquellos días, pero con el tiempo, me he vuelto menos sentimental, supongo que por cuestiones de supervivencia emocional.

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Ca Barceló. Enero de 1942

Hacía casi dos años que no iba a mi querido Elx. Pero el pasado verano, pasé dos semanas en Arelanes del Sol, y dos tardes en la ciudad de las palmeras. Ya era tiempo de visitar a la familia y pasar tiempo con amistades de
estos lares. Al caminar por las calles adyacentes a la Glorieta, recordé un lugar muy especial para mi familia, para mí, y que sin duda, forma parte de esos recuerdos de mi infancia y juventud. Y no importa que hayan pasado casi 19 años desde que vivo en California, Estados Unidos, para que esos recuerdos me abrumen de forma inesperada. El lugar al que me refiero es un bar, restaurante, tienda y cafetería, con mas de ocho décadas de existencia, regentado por lo menos por seis generaciones de ilicitanos, que ha dado de comer a miles de almas ilicitanas por muchos lustros, incluyendo los años de bonanza económica y de penuria. Y es que el Bar Villalobos es como la Puerta de Alcalá madrileña, ha visto pasar el tiempo y su inexorable efecto en su ciudad y habitantes, desde que abrió sus puertas en 1932. Considero que el Villalobos es un baluarte de la cotidianidad y costumbres del ilicitano de a pié, que con entereza y humildad, se levanta cada día temprano para empezar la jornada. Sin lujos, sin pasar por extremos, el bar nunca ha perdido su identidad y ha sido genuino a sus principios. Y nunca se ha olvidado de la gente del Camp d’ Elx. Quizás, porque su dueño originario, Don José Barceló Bru, quien comenzó con el bar unos metros más hacia delante en la calle Empedrat antes de hacerse el traspaso, provenía de la partida de Jubalcoi. Y les puedo asegurar que Don José nunca olvidó a sus vecinos del campo, aunque se mudara al “poble” Elche, después de cumplir sus 50 años, principalmente porque él había enviudado y su segunda esposa quería vivir en el centro de la ciudad.

La mayoría de los ilicitanos del Camp d’ Elx, sobre todo los de edad madura, recuerda que el bar Villalobos lo nombraban anteriormente como Ca Barceló. Recibía ese nombre porque era el apellido de un exiliado del campo de Elche que comenzó un bar-supermercado, más conocido como “tendeta”. Don José Barceló era un ilicitano de pura cepa y su hazaña ocurrió hace casi 80 años, en plena posguerra, cuando los alimentos eran más escasos y la sociedad ilicitana, como la de otros lugares del país, era mucho más sencilla. En ese bar, Don José despachaba bocadillos, roscas como le decían por esos años, aperitivos, bebidas, cafés, y su especialidad: el bocadillo de atún con tomate, el de “tonyina en tomaca” como él decía. El pan era un alimento esencial en aquellos años de escasez. Lo particular del lugar es que todo lo que se vendía, despachaba o se servía en ese bar provenía exclusivamente del Camp d’ Elx, así que de igual manera, la clientela del bar comenzó siendo gente del campo. Pero el señor Barceló presentaba todos sus productos como “lo mejor de los mejor” porque su materia prima provenía del campo, donde el nació, y lo alababa con devoción. Insistía que uno de sus principios era que se debe vender con humildad y sin precios disparatados. Lo curioso es que esos principios continúan rigiendo en el hostal del bocadillo de atún por excelencia, porque este verano, en el anonimato, me zampé una rosca de “tonyina en tomaca” y me supo a gloria. El servicio fue bueno y el precio económico, y el bar ahora es, sin duda, un gran forofo del Elche Club de Fútbol. No pregunté por ninguno de los familiares de Vicente Villalobos, porque lo que me interesaba era saborear ese bocadillo con una tapa clásica ilicitana, y mi apellido todavía delata que soy familia de Don José Barceló.

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Bar Villalobos. Años 70

En un artículo que escribió Antonio Rodes, “Bocatas de Oro”, en el diario Información, recordó como el “abuelo” Barceló dispensaba el bocadillo de atún con la técnica del “polzet” que era usar el dedo pulgar con un tenedor de madera, para poner el atún en el bocadillo antes de añadir la salsa de tomate. Y es que ese bocadillo de atún con tomate tiene décadas de historia. Claro, al bocata se le añadía la cerveza o un vino (del Camp d’ Elx), las aceitunas partidas o las cebolletas o almendras fritas o boquerones, ese bocadillo no podía vivir en soledad.

Don José Barceló Bru fue mi bisabuelo paterno. He escuchado historias sobre él desde que era una niña de corta edad. De mi padre, Josep Lluis Barceló, de mi abuela Mari Pepa, de mi madre, de mis tíos, sobre todo mi tío Pascual Barceló, y hasta de su segunda esposa. Porque ella vivió muchos años después que él falleciera. A pesar del éxito del bar, su hijo Joaquín Barceló y su yerno Jaime, no supieron continuar regentando el bar y se traspasó a la familia Villalobos. Pero siempre hubo una buena comunicación entre las dos familias. Recuerdo cómo Doña Fina, en el bar Villalobos, me preparaba con mucha diligencia los bocadillos para mi abuela y mi tío Tonico. Y siempre me preguntaba por mi abuela Mari Pepa, con genuino cariño, quería estar segura que mi abuela estaba bien.

Creo que mi bisabuelo hoy por hoy estaría orgulloso que su bocadillo se haya hecho tan famoso, y que sus tradiciones y clientela del Camp d’ Elx tengan perpetuidad en el bar Villalobos. En muchas ocasiones, cuando era adolescente, me sentí abrumada o avergonzada cuando alguien me preguntaba si era familia del abuelo Barceló (en mi caso bisabuelo) y que sus bocadillos servidos con el pulgar y la cuchara de madera eran muy de hortelano de pueblo. No sabía qué contestar a veces, mi personalidad apenas comenzaba, y a veces, hay personas crueles que hacen comentarios no con las mejores intenciones. Pero hoy sí que sabríaqué contestar y confieso que estoy muy orgullosa de él y de todo lo que hizo. Y, claro, que me enorgullezco de esos bocadillos, sobre todo porque son originarios de alguien del campo. Creo que ésa es la espinita que me más ha motivado a escribir este artículo, mostrar que se ha superado esa connotación negativa que a veces se otorgaba a la gente que provenía de la huerta.

No creo que fue fácil para Don Barceló empezar de nuevo, y esta vez en el centro de Elche, alejado de sus amistades. Pero sus amistades nunca le abandonaron porque fueron, al principio, su clientelamás fiel. Ahora la clientela se extiende a los de la ciudad, el campo, profesionales, empleados, desempleados, jóvenes, mayores, maduros, risueños, nostálgicos, poetas, literatos, empresarios, madrugadores, trasnochadores, fadrins, casados, en pareja o rejuntados.

Mi bisabuelo me enseñó algo realmente importante, que cuando vendes, tienes que vender con humildad. Y que hasta en los momentos de gloria se debe ser humilde. Ya quisiera yo, que alguna de las compañías para las que he trabajado, con complicados cursos de mercadotecnia, me hubiera explicado unos principios tan sabios.

Supongo que el mejor homenaje que pudiera hacerle es ir al bar y comerme unos de esos bocadillos con atún y tomate que me hacen la boca agua, y eso ya lo hice este verano pasado. Aunque reconozco que casi se me salieron las lágrimas porque ese bar era como usted, tenaz, testarudo, humilde, luchador y sobre todo, amante de su tierra. La chica que me atendió, debió haber pensado que estaba muy triste, pero no sabía mi historia personal con ese bar. La próxima vez, intentaré que no haya lágrimas, que una tiene que ser profesional ante todo.

Espero que Dios me dé licencia un día para conocerle en persona. Llevo años deseando decirle tres palabras: “Txe qué bo”, cuando me prepare un bocadillo de atún con tomate. Y por supuesto, de la forma tradicional.

Fotografías: www.elche.me

Fuente: http://calleycultura.com/not/1109/de-ca-barcelo-a-bar-villalobos/