Los padres de Tomás Pérez Aracil nacieron y vivieron en la Condomina. En aquel entonces era posible vivir de la agricultura y así lo hicieron muchas familias en la Huerta de Alicante durante generaciones. Ahora no sólo no queda ninguna que pueda vivir sólo de la agricultura sino que quedan pocas viviendo en la propia huerta. «Es lo de siempre”, nos cuenta Tomás, “los jóvenes no ven como una alternativa trabajar en el campo y prefieren vender una vez que heredan. Por aquí nadie arrienda por mucho tiempo porque la calificación del terreno cambia por la especulación y no hay seguridad. Es poca la gente cuyo apego a la tierra evita aceptar las ofertas de las empresas constructoras.»

Tomás es uno de ellos. Conserva varias parcelas de terreno de sus padres, algunas en los terrenos incluidos en el proyecto de Hansa Urbana. A pesar de que los considera perdidos (ya conoce cómo funcionan estas cosas porque ya ha visto como le expropiaban forzosamente parcelas para construir la autovía) acude junto con su padre casi a diario, al salir de su trabajo, a estos terrenos, que conservan en producción, para darles cuidado y mantenimiento. “Hemos tenido unas 100 ovejas y cabras que sacábamos a pastorear, pero cuando llegó la autopista tuvimos que retirar el ganado porque era un problema, no esta bien vallada. Aun hay algunas personas que siguen pastoreando”. Tomás tiene olivos de entre 200 y 400 años, algarrobos, almendros, hortalizas para consumo propio, frutales, cereal y viñedos que aguantaron la gran plaga de filoxera de principios del siglo XX que afectó a toda Europa.

«En el año 1910-12 es cuando entra la filoxera a la Huerta de Alicante, entonces, sobre esa fecha, mi bisabuelo y mi abuelo se fueron a Castalla y trajeron unas 500 cepas híbridas americanas donde injertaron las variedades autóctonas. Gracias a eso se salvaron. Conservamos variedades locales que prácticamente se dan por desaparecidas como Forcallá blanca, Boto de gall, Ull de llebre blanco y negro, Veremeta, Messenguera, Parrell, Valencí negre y blanc y alguna otra. Las variedades alóctonas (Merlot, Cavernet sauvignon) se han abierto paso con una facilidad tremenda. Son más productivas, más rentables, están de moda». Tomás y su familia han ido sacando los sarmientos y las varas de las variedades locales y ya tienen muchas sembradas directamente sobre el suelo. «Si hacemos vino con las variedades que todo el mundo siembra tendremos un vino como los otros. Nosotros hacemos vino con las variedades de siempre, con la misma tierra y el mismo agua que nuestros antepasados. Es un vino con menor aspereza y que da mayor graduación alcohólica».
La familia de Tomás vive en la casa de labranza donde nació su padre, llamada «Finca Morote», en terrenos junto a la autovía del Mediterráneo, próximos a la salida de Sant Joan. Esta casa conserva una bodega tradicional, que es donde hacen el vino, además de una almazara de piedra y numerosas herramientas, aperos y utensilios de la huerta que Tomás ha ido rescatando. «Llevamos toda la vida intentando recopilar, tenemos un auténtico museo etnológico. Yo entiendo que esto tiene que ser algo pedagógico, debe estar en funcionamiento. El ver un artilugio ahí, por muy antiguo y bonito que sea, no sirve para nada, ha de tener un uso real, que todos podamos apreciar qué es lo que hacia y cómo lo hacia».
Una vez al año, en verano, se realiza la llamada «batuda» (trilla) de cereales, de manera tradicional, con los animales. «Nos juntamos un grupo de amigos que nos gusta esto, vienen con los caballos, sembramos, pasamos un día estupendo». En los últimos años se ha aprovechado esta actividad para reivindicar el valor agrícola y cultural de la Condomina, convocando a la prensa e incluso llegando a captar la atención y el interés de algunos grupos políticos, desgraciadamente siempre minoritarios en los ayuntamientos.

«La almazara también la utilizamos, en el 96. Queríamos ver cómo funcionaba. Nos costó bastante conseguir los cofins de esparto, hubo que encargarlos a un artesano y salieron bastante caros, pero mereció la pena. Por supuesto que el rendimiento es menor que de la forma en la que se extrae el aceite hoy en día, se pierde alrededor del 60%, pero la experiencia fue muy gratificante y no descartamos el volver a hacerlo en otra ocasión, para poderlo dar a conocer».
Tomás desea que algún día esta finca y todo lo que contiene sea declarado BIC. De esta forma no tendría que preocuparse por la presión de las constructoras. Su intención es que se establezca como museo de la Huerta de Alicante y de hecho ya ha sido visitado por funcionarios de la Diputación, que le pidieron que donara la colección para poderla llevar al museo municipal. «Ellos quieren que se lo regale, sacarse una foto, llenar unas páginas y salir corriendo. Luego ponerme una placa y ya. Ese es el interés de los políticos, salir en el titular de un periódico. Yo les dije que no se deben llevar esto, no se debe descontextualizar, y no estuvieron interesados. Nunca volvieron. Lo interesante es que todo esto se vea en su ambiente, que se mantenga en una casa de labranza típica de la Huerta, rodeada de cultivos típicos y de su sistema de riego».

Tomás guarda aperos de animales, carros, arados tradicionales, alpargatas de esparto, botijos, herramientas de madera y hierro, recipientes de cerámica, cestos de todo tipo: especial para recoger higos, uva, caracoles (el llamado sarnatxo), la cesta de ir a por el pan, de cargar la ropa para lavar… «Uno de los artilugios que más aprecio es un llagar. Lo traje cuando tuve el carnet para manejar el motocultor. Es un aparato que no se ha utilizado desde antes de 1900, servia para exprimir la uva y esta muy degradado porque finalmente se usó para partir almendra en su superficie.»

El tema del agua irrita en especial a Tomás por cómo se utilizó a la gente del campo a la hora de exigir el trasvase del Ebro. «Ahora tenemos más posibilidades de riego que nunca, y tenemos más problemas con el agua que nunca, y la calidad mucho peor. Es evidente que el agua que se exigía no era para la agricultura: dejando aparte el tema del precio de ese agua, que ninguno de los agricultores que demandaba el trasvase se iba a poder permitir pagar, ahora hay mucha menos superficie cultivada en esta zona que antes, los sistemas de riego son más eficientes y tenemos pantanos y depuradoras… No hace falta más agua para la agricultura».

En La Condomina el agua procede en su mayoría del Pantano de Tibi y de pequeños embalses locales. La mayoría de fincas se riegan por inundación, manteniendo el sistema de acequias, pero son cultivos que requieren tan sólo dos o tres riegos anuales: almendros, olivos, uvas y algarrobos.
“En La Condomina se sembró últimamente mucha hortaliza que se vendía en los mercadillos de la ciudad. Cuando yo era pequeño ya se empezaron a plantar grandes extensiones de tomate al aire libre, para exportación, se roturaban terrenos y ahí fue cuando se empezó a modificar mucho el paisaje. Mi familia siempre ha vivido de la agricultura, es esta generación la que esta viviendo ya de otra cosa”. Sobre los campos de golf, Tomás es tajante: “Tiene mas atractivo ver diferentes árboles al asomarte a la ventana, árboles que van cambiando con la estación, cambian los colores, el paisaje, que no ver todo el año el mismo tipo de césped, antinatural aquí, y el mismo tipo de golfos pegándole a la bolita. Un campo de almendros en flor te da una energía tremenda. Cuando llevas tres semanas viviendo al lado del campo de golf, la ventana parece un cuadro, naturaleza muerta.”

A punto ya de dejar la Finca Morote, la madre de Tomás nos cuenta sobre la época en la que desde allí se veía el mar, antes de que los edificios de apartamentos lo taparan. Por las tardes se veían llegar los barcos de pescadores y las familias de campesinos sabían qué tipo de pescado fresco encontrarían al día siguiente en el Mercado.

Una inscripción en la pared de la sala que guarda la colección de utensilios de Tomás dice: «Si mor la saba, mor l’ arbre. Si mor la cultura, mor el poble».

2 thoughts on ““La Huerta debe permanecer viva, no en un museo” Entrevista a Tomás Pérez, uno de los últimos huertanos de la ciudad de Alicante”
  1. > “La Huerta debe permanecer viva, no en un museo” Entrevista a Tomás Pérez, uno de los últimos huertanos de la ciudad de Alicante
    Tomás es un pozo de sabiduría y su familia, un encanto. Pocos saben que la huerta de Alicante era, hasta hace bien poco, un paradigma de biodiversidad agrícola. Para un/a alicantino/a debe ser difícil de comprender que a dos pasos de sus casas se alzan torres del siglo XVI, variadedes de cultivos atóctonos, gente que sigue trillando con animales y pisando la uva…La Huerta de Alicante era uno de los puntos con más densidad de mochuelos de la Comunidad Valenciana y aún hoy día se pueden ver por allí más de 30 especies de aves,zorros,liebres, erizos… En mi opinión, la pérdida de la Huerta de Alicante es uno de los problemas más graves -a nivel medioambiental y cultural- que sufre la muy baqueteada Lucentum.

  2. “La Huerta debe permanecer viva, no en un museo” Entrevista a Tomás Pérez, uno de los últimos huertanos de la ciudad de Alicante
    La condomina es un lugar precioso donde
    pasé mis mejores años…

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