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Veinte manifestantes caen bajo las balas españolas
Rebelión chiíta contra la invasión de Iraq deja más de 30 muertos.
Rebelión/Agencias
Al menos 36 muertos dejaron los más recientes ataques y enfrentamientos entre la resistencia y las fuerzas de ocupación en Bagdad, Fallujah, Nassiriyah, Amata, Kirkuk y Najaf, a los que que se sumaron protestas de la comunidad chiíta en Najaf.

Siete soldados estadunidenses murieron y 12 resultaron heridos en Bagdad en enfrentamientos con chiítas partidarios del jefe radical Moqtada Sadr, anunció el ejército en un comunicado. «La milicia intentó ocupar y tomar el control de comisarías de policía y edificios gubernamentales. Durante este ataque, la resistencia utilizó armas livianas y granadas de RPG contra las fuerzas de la coalición y de seguridad iraquíes», agregó.
En más bajas para los estadunidenses, dos militares murieron en Fallujah, y el sábado otros dos fueron ultimados en sendos ataques en Bagdad.
Estas muertes elevan a 313 el número de soldados muertos desde que el presidente George W. Bush declaró el fin de los principales combates el 1o. de mayo pasado.
El recinto del cuartel general de la coalición en Bagdad fue cerrado este domingo en previsión de nuevas manifestaciones tras el llamado efectuado desde algunas mezquitas a una huelga y a protestas por la detención de un responsable chiíta, colaborador de Sadr, informaron fuentes estadunidenses.
Cuatro iraquíes murieron y ocho resultaron heridos en enfrentamientos entre las fuerzas británicas y partidarios de Sadr en Amara, al sudeste de Bagdad, según fuentes médicas. El hospital Zahraui recibió los cadáveres de tres iraquíes y brindó atención a tres heridos, entre ellos un niño. Un muerto y cinco heridos fueron trasladados al hospital general, otro establecimiento de Amara.
Al extenderse las acciones de la guerrilla, cinco iraquíes y dos soldados estadunidenses resultaron heridos al explotar dos coches bomba esta tarde en el centro de la norteña ciudad petrolera de Kirkuk, indicó la policía, al tiempo que tres miembros de la Guardia Nacional Republicana portuguesa resultaron levemente heridos en una emboscada cerca de Nassiriya.
La base de soldados hondureños en Najaf, sur de Irak, fue blanco de un ataque con dos morteros que no causaron víctimas ni daños materiales, informó el Ministerio de Defensa hondureño en un comunicado.
En Najaf, enfrentamientos entre chiítas y las fuerzas invasoras salvadoreñas y españolas dejaron hasta el cierre de esta edición 21 muertos; 20 iraquíes y un soldado salvadoreño. Un fotógrafo de France Presse presente en el lugar asegura que un convoy formado por cuatro vehículos españoles pasó ante los manifestantes, que reaccionaron excitados y comenzaron a gritar ‘No, no a Estados Unidos, no a Israel’, mientras lanzaban piedras e insultaban a los militares. El convoy, dice el periodista, se retiró aproximadamente 30 metros y luego «abrió fuego sobre las primeras filas, que comenzaron a caer».
El periodista Mohamed al Sharif, de Al Yazira, dijo por su parte que «las fuerzas de ocupación españolas mataron al menos a 20 manifestantes iraquíes e hirieron a más de 150 en la ciudad de Nayaf», según aparece en la edición en internet de la cadena.
El líder chiita Sadr lanzó este domingo un llamado a sus partidarios para «aterrorizar» a sus enemigos, al asegurar que las manifestaciones callejeras se han transformado en «actividades inútiles».
El jefe chiíta hizo este llamado tras los sangrientos combates en diversas ciudades de Irak entre manifestantes chiítas y fuerzas de ocupación. «Es necesario aterrorizar al enemigo», señaló en un comunicado.
Por su parte, el más alto dignatario chiíta iraquí, el ayatola Alí Sistani, pidió calma tras los sangrientos enfrentamientos en Najaf, indicaron fuentes cercanas al dignatario.
Sistani, cuyas opiniones son respetadas por la comunidad, «condena los actos perpetrados por las fuerzas de ocupación y proclama su apoyo a las familias de las víctimas».
Los chiitas toman la sede del gobierno de Basora.
BBC/Rebelión
Simpatizantes del clérigo chiita Moqtada Sadr, opuesto a la ocupación de Irak, tomaron la sede del gobierno de Basora, en el sur del país.
Un corresponsal de la BBC informa que unas 150 personas ocuparon este lunes las instalaciones, acompañadas por algunos de los agentes de policía a cargo de la custodia del lugar.
Los manifestantes reclaman la liberación de Shik Yakubi, mano derecha de Moqtada Sadr y segundo en la línea de mando de su grupo, detenido por la Autoridad Provisional de la Coalición, encabezada por Estados Unidos.
Escalada de violencia
Se informa que varios cientos de personas convergieron en las afueras de los edificios de gobierno ocupados. En principio, no se han registrado incidentes de violencia. Las autoridades locales afirman procurar una solución pacífica a la manifestación.
La ocupación del gobierno de Basora tiene lugar luego de un día de violentos enfrentamientos en varias ciudades de Irak, entre milicianos chiítas y las fuerzas de ocupación, que dejaron alrededor de 30 muertos, entre ellos siete soldados estadounidenses.
El administrador estadounidense en Irak, Paul Bremer, señaló que Moqtada al-Sadr «se ha colocado al margen de la ley y representa una amenaza a la seguridad de Irak».
Entretanto, dos senadores estadounidenses de larga trayectoria, Richard Lugar y Joe Biden, advirtieron del riesgo de una guerra civil en Irak si el gobierno del presidente George W. Bush no reconsidera extender el plazo para la devolución de la soberanía a los iraquíes.
La Casa Blanca prevé la entrega del poder para el 30 de junio, fecha acordada con el Consejo de Gobierno Interino de Irak.
Quién es Moqtada Sadr
Se estima que tiene unos 30 años, un joven líder dentro de una sociedad que considera que la edad y experiencia son esenciales para ostentar autoridad religiosa. Para sus simpatizantes, Moqtada Sadr es una figura cuya sabiduría va más allá de sus años. Pero sus detractores lo ven como un radical impaciente e inexperto que tiene como objetivo dominar las instituciones chiítas más sagradas de Irak.
Hijo menor de Muhammad Sadiq Sadr, un alto clérigo chiíta asesinado en 1999 por agentes del gobierno iraquí, Moqtada Sadr era virtualmente desconocido por fuera de Irak antes de la invasión comandada por Estados Unidos en marzo de 2003. La caída del régimen baazista reveló su base de poder: una red de instituciones chiítas de caridad fundadas por su padre.
En las primeras semanas después de la invasión, los seguidores de Moqtada Sadr patrullaron las calles del los barrios marginados chiítas de Bagdad distribuyendo alimentos. Su nombre tiene una clara resonancia poderosa, el distrito chiíta de Bagdad conocido como «Ciudad Saddam» fue rebautizada «Ciudad Sadr».
En junio de 2003 organizó un grupo de milicianos, el Ejército Mehdi, desafiando así el control de armas impuesto por las fuerzas de la coalición, y logrando la alianza de las autoridades religiosas chiítas de la ciudad sagrada de Najaf. También anunció el establecimiento de un gobierno rival al Consejo de Gobierno Iraquí designado por EE.UU., aunque la medida no fructificó. Moqtada Sadr también estableció un periódico semanal, al-Hawza. Las autoridades interinas anunciaron una prohibición de 60 días del periódico en marzo de 2004, acusándolo de fomentar la violencia antiestadounidense.
La clave chiita
BBC
«No dudo por un momento que la autoridad final debe estar en manos de los sunitas, pese a su inferioridad numérica, ya que de lo contrario tendremos un estado teocrático, que es el mismo infierno» (Gertrude Bell, arqueóloga y funcionaria británica en Mesopotamia después de la primera guerra mundial).
En Irak los chiitas son mayoría, son el 60% de una población de 26 millones, completada por sunitas -a los que pertenecía Saddam Hussein- y kurdos, musulmanes también pero no árabes.
Son también el centro de peregrinaciones y protestas, en la que expresan su fervor religioso en unas y su rechazo a Hussein y Estados Unidos en otras. Para Gertrude Bell no se trataba más que de gente «encarnizadamente devota», «violenta e intratable», «extremista», «fanática y conservadora».
Londres siguió al pie de la letra los consejos de esta aventurera victoriana y facilitó la creación de Irak con un gobierno sunnita. Esto se mantuvo hasta nuestros días, Saddam Hussein y los suyos se aseguraron con mano de hierro de que Irak no terminara dividido en un estado kurdo al norte, uno sunita en el centro y uno chiita en el sur.
Una historia de marginación
Si bien los chiitas son mayoría en Irak e Irán, alcanzan apenas el 10% de la población musulmana en el mundo. Y arrastran además una historia de marginación y represión incluso de parte de sus hermanos árabes.
La última experiencia en ese sentido fue con el imperio turco otomano y luego con Hussein, que los mantuvo bajo su bota durante 24 años. Esa historia de represión moldeó una fe basada en el sacrificio y la resistencia. «A los chiitas, como a cualquier otra comunidad perseguida (…) les caracteriza el cerrilismo: un cuidado obsesivo, fanático y ortodoxo por mantener pura su doctrina», dijo el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski en su libro «El Sha».
Los chiitas son seguidores de Alí, yerno de Mahoma, considerado la continuación de la familia ya que él sólo tuvo hijas. Los sunitas, en cambio, reconocen a otros califas que sucedieron al profeta antes de que Alí llegara al califato. Pero éste fue asesinado, al igual que sus hijos y sucesores, Hassan y Hussein. Desde entonces, siglo VII, el califato estuvo en manos de sunnitas.
La palabra del ulema
«Tenemos nuestros eruditos, y ellos tienen un mensaje de Dios. Dejemos todo en sus manos que ellos se encargarán de nosotros desde el nacimiento hasta la muerte. Haremos lo que ellos digan», sentenció Nasiy Al Yasiri, participante en una manifestación contra EE.UU. Son palabras que no deberían sorprender en el Irak actual, donde los clérigos chiítas -con su voz poderosa- ocupan el vacío dejado por el régimen de Saddam y el único liderazgo de confianza para la población chiíta.
Y ellos fueron quienes convocaron la peregrinación desde sus mezquitas. Los ayatolá más veteranos gozan de un amplio poder en el Irak post Saddam Hussein. «Cada chiita elegirá un clérigo al que seguirán en el día a día y al que también pagarán un impuesto religioso, ese es un factor clave. El ayatolá más sabio o carismático recibe más dinero, poder e influencia», dijo a la BBC el experto en Islam, Baqer Moin.
Diferencias de opinión
Pero la religión y la política no son un cóctel atractivo para todos los chiitas. Es un dilema que también se empieza a discutir en Irán, donde los reformadores enfrentan la dura resistencia de los ayatolá más conservadores.
Como dice Jane Little, de la BBC, fue el ayatolá Jomeini, líder de la revolución islámica en Irán, quien también revolucionó el chiísmo. La fe chiita cree en 12 líderes que guían a la humanidad, el último será uno que se revelará para establecer la justicia en la Tierra. Pero Jomeini argumentó que en su ausencia son los clérigos quienes tienen que comprometerse políticamente.
Irak es Irak
Y es por eso que los expertos en el tema no creen que los chiitas de Irak sean influenciados por los de Irán, como dejó entrever Estados Unidos, contrario a la creación de un gobierno teocrático.
De momento es cierto que son la autoridad más reconocible y confiable pero «la mayoría de los clérigos no quiere saber nada de política», dijo el prominente chiita Laith Kubba a la BBC.
Little asegura que muchas de las protestas en las calles de Irak reclaman un gobierno islámico pero no queda claro en realidad a qué se refieren.
Por el momento la religión es un poderoso símbolo de protesta y de unión para una población que se quiere hacer oír tras siglos de marginación. Falta conocer si Estados Unidos les escuchará finalmente o si oirá, por el contrario, la lejana voz de Gertrude Bell.