
Puedes hacerlo personal o colectivamente. Es sencillo pero directo. Mañana es el día sin compra, párate un instante y piensa sobre esto:
1. Analiza tu consumo en vestido, alimentación, ocio, transportes, deporte, máquinas diversas…
– Señala aquello que consideras necesario, relativamente superfluo o totalmente superfluo. Intenta descubrir si te engañas en estas valoraciones (probablemente será así). Y luego a ver cómo te haces una “liposucción consumista”… Te sentirás mejor.
2. Examina tu relación con las marcas. ¿Dependes de ellas? ¿Te dominan? ¿Recuerdas si alguna vez has presumido de ellas? ¿Has minusvalorado al que no las lucía?
– Haz la experiencia de que sin ellas eres absolutamente el mismo, o mejor, porque tienes la seguridad en ti y no fuera de ti. A ver si para “desmarcarte” entras en alguna asociación que podría llamarse “Alcohólicos de marcas anónimos”.
3. ¿Cuantas tiendas conoces de comercio justo? ¿Cuanto has comprado, y que más podrías comprar en ellas?¿Las difundes entre tus conocidos?
– A ver si consigues que ‘año nuevo, comercio nuevo’…
4. Algo parecido con tus inversiones. ¿Vas a dormir tranquilo si sabes que algún dinero tuyo está fabricando armas o esclavizando niños?
– Repasa bien este punto. Y mueve ficha.
5. Para acabar ponte (poneos) el termómetro como consumidor.
– 36,5º = buena salud humana y cristiana
– 37º = un pelín de atención
– 37,5º = ojo. Tienes algo de fiebre y necesitas reposo
– 38º = tienes bastante fiebre. Busca un antipirético fuerte
– 38,5º-39º = estás francamente mal y la fiebre consumista no te deja ser tú. Habría que llamar al médico, o incluso al cura…
El cuestionario no es de elaboración propia, sino leído y copiado de Cristianisme i Justícia del cuaderno de reflexión “Consumo… luego existo” de Adela Cortina e Ignasi Carreras.