Día mundial de lucha contra el SIDA

Manifiesto por unos presupuestos éticos y razonables

Madrid, 1 de diciembre de 2005, Jaume d’Urgell

Sé que muchos preferirían empezar de otro modo, pero no me gustaría ocultar
la verdad, y la verdad es que en estos momentos, más de cuarenta millones de
personas en el Mundo están infectadas por el virus de inmunodeficiencia
humana -casi tantas como la población total de España-. A escala global,
solo en 2005, se han producido cinco millones de nuevas infecciones y
además, quinientos setenta mil niños morirán por causas directamente
relacionadas con el síndrome de inmuno deficiencia adquirida.

Parece imposible que veinte años después de que se diagnosticaran los
primeros casos, la realidad se empeñe en demostrarnos que hay algo muy
importante que no se ha hecho bien. Detrás de las grandes cifras se esconde
un vasto universo de dolor, sufrimiento, miedo, marginación, ofensas y -pese
a todo-, también de esperanza.

Mientras aquí, en el arrogante primer mundo, la pandemia tiende a
convertirse en una dolencia de carácter crónico, en la que -merced a unos
fármacos cada vez más eficientes-, la calidad y esperanza de vida de los
afectados mejora considerablemente día a día, los desequilibrios
macroeconómicos, socio-culturales y geo-estratégicos se ciernen con especial
virulencia sobre quines tienen la desgracia de haber nacido en lugares
tradicionalmente sometidos por los intereses comerciales de potencias
extranjeras, cuyos ejércitos disponen de mejor dotación tecnológica.

En 2005, el alcance del SIDA es planetario, pero el rigor de las
estadísticas demuestra que sus consecuencias son peores sobre la población
perteneciente a zonas desfavorecidas o que han sido objeto de colonización.
Así, buena parte de Asia, África y América del Sur, donde a los efectos de
las penurias económicas, sucesivos gobiernos despóticos y los bajos índices
de alfabetización, debemos sumar la influencia de la doctrina de la Iglesia
Católica, con su conocido mensaje genocida, acerca de la supuesta existencia
de un Ser Supremo que por un lado sería el artífice de la especie Humana -y
con ella, de su naturaleza sexual-, y por otro, prohibiría la adopción de
medidas de higiene clínica en las relaciones sexuales.

Entretanto, la industria farmacéutica -en cuyo personal abundan cerebros
formados en universidades públicas-, impone elevadísimas tasas en concepto
de derechos por el uso de fórmulas químicas patentadas, lo que impide el
acceso a dichos fármacos por parte de las autoridades sanitarias de países
como Nigeria, Suráfrica, Somalia o Chad. Como si las personas que habitan en
esos lugares no tuvieran familia, ni amigos, ni pudieran llorar, como si no
sufrieran… como si existieran muertos de segunda clase.

Al mismo tiempo, países gobernados por psicópatas -como por ejemplo Estados
Unidos de América-, destinan un alto porcentaje de su presupuesto y un buen
número de vidas humanas en organizar inexplicables campañas militares
contrarias al Derecho Internacional Público… recursos humanos y materiales
que bien podrían invertirse en investigación científica civil.

Y aquí, en España, el aparato del Estado camufla entre en sus presupuestos
de investigación y desarrollo, partidas que en realidad se destinan a la
compra de material de naturaleza militar -como el pago de intereses por la
adquisición de aviones de caza-. Se invierten millones de euros en celebrar
el cuarto centenario de la primera edición de un libro. Se pagan los
costosísimos caprichosos de la numerosa familia de un monarca elegido a dedo
por un delincuente del siglo pasado. Se sigue despilfarrando el dinero
público en estúpidas campañas de publicidad, que todo el mundo sabe que no
son otra cosa que propaganda partidista… mientras los escasos científicos
de que disponemos, carecen siquiera de medios para trabajar dignamente.

Se da la casualidad de que en este 2005, en España, por primera vez en mucho
tiempo, se ha invertido la tendencia a la baja en la aparición de nuevos
casos de infección. Y eso no es demagogia, son matemáticas.

Por tanto, en base al más elemental sentido común, es absolutamente
imprescindible que se revise la actual confección de los Presupuestos
Generales del Estado, a fin de aumentar las partidas destiandas a
investigación científica y a campañas de prevención e información.

1. Necesitamos más científicos, y menos soldados.

2. Necesitamos invertir más recursos en información sobre prevención.

3. Necesitamos legislar mejor el equilibrio entre interés humanitario y
beneficios de la industria farmacéutica.

4. Necesitamos ilegalizar las organizaciones que pretendan prohibir la
higiene clínica en el sexo, confiscar sus bienes y destinarlos a educación,
cultura e investigación civil.

5. Necesitamos asesorar a los servicios médicos de otros países,
difundir el conocimiento y protocolos de actuación médica.

6. Necesitamos condonar la deuda externa, porque sus resultados
deuestran ser una forma de genocidio, por mero interés económico.

7. Necesitamos racionalizar el gasto público, aumentar las medidas de
control, dotar de mayores competencias ejecutivas al Tribunal de Cuentas y
aumentar la transparencia de las cuentas públicas.

8. Necesitamos reducir drásticamente o suprimir el ejército, y destinar
su presupuesto a educación, cultura e investigación civil.

9. Necesitamos prohibir la fabricación de armas, confiscar los bienes
de la industria armamentística y destinarlos a educación, cultura e
investigación civil.

10. Necesitamos que la investigación de armas biológicas se catalogue
como delito de lesa humanidad, y no solo a modo de declaración de
intenciones sino que tenga reflejo en el ordenamiento penal de todos los
países, y competencias subsidiarias globales para el Tribunal Penal
Internacional, que además pueda actuar de oficio.

Una de las preocupaciones de los políticos que alcanzan la cima de sus
carreras, suele ser la idea de su legado histórico. Todos desean ser
recordados como grandes estadistas, pensadores… aparecer en los libros de
texto junto al relato de grandes logros y hazañas. Bien… la vista de cómo
están las cosas ahora mismo… ¿qué se podrá pensar de ellos en el futuro?

Quizá parezca una utopía, pero la verdad es que otro mundo es posible.


* Jaume d’Urgell es escritor y vive en Madrid, su correo es
jaume@durgell.com,
http://www.durgell.com