
Tres semanas ha tardado el Diario Información de Alicante en hacer mención destacada de los cientos de personas voluntarias que, de forma altruista y sin remuneración alguna, desde el primer momento y hasta el presente, auxilian a las personas damnificadas por las inundaciones de la Vega Baja del Segura. Mientras tanto, sobre todo cuando la catástrofe estaba en el centro de atención mediática nacional, han sido el ejército y la policía, cuando no los políticos y reyes visitantes, gente asalariada que solo pasa por allí coyuntural e interesadamente, quienes han acaparado todas las portadas. Una muestra más de cómo funciona el sistema, de cómo se hace sin cesar propaganda del poder y de cómo todo lo que tiene que ver con autoorganización popular es marginado en los medios de comunicación. Nota de Tortuga.
Ver también el editorial de Tortuga al respecto: Los ejércitos nunca han sido, son, ni serán humanitarios
Los ángeles de la guarda de la Vega
Cientos de voluntarios colaboran en las tareas de limpieza y ofrecen su apoyo desinteresado a los damnificados. Son la cara anónima de una tragedia donde se hace visible una mujer que gestiona 3.000 ofrecimientos de ayuda.
rubén míguez
Solidaridad es una palabra que en la Vega Baja se escribirá en mayúscula a partir de ahora. Miles de personas han ido, y continúan yendo, a la comarca desde todos los rincones del país para ayudar a quienes han perdido todo por culpa de una maldita gota fría, la peor en 140 años, que unida al desbordamiento del Segura y a la rotura de varias motas del río provocó una catástrofe sin precedentes que se llevó consigo tres vidas en la Vega Baja y que ha destrozado otras miles arrasando con sus viviendas, enseres y vehículos. Por no hablar de los negocios que han tenido que echar la persiana para quitar el barro. Pero unos ángeles de la guarda están devolviendo a la comarca las ganas de empezar a sonreír y de creer que puede levantarse de este mazazo.

Son los miles de voluntarios que, sin esperar nada a cambio y gastando su tiempo y su dinero, se han colocado las botas para sacar el lodo de cientos de casas, han ofrecido sus kayaks y lanchas para rescatar a personas y animales y han dado todo lo que podían y más -ropa, muebles, colchones, comida, maquinaria para sacar el agua y un largo etcétera- a quienes la DANA, un nombre que no olvidarán nunca, les arrancó todo lo que tenían. Son la cara invisible de esta tragedia, la que no ha recibido los flashes de las cámaras, pero la que más agradecen los que han recibido su desinteresada ayuda.
«Sin los voluntarios, aún estarían las casas y negocios llenos de barro porque son los que han estado desde el primer día y siguen viniendo, incluso los mismos, en el tiempo libre que tienen», explica Ana Belén González. Para cientos de familias de la Vega Baja, sobre todo de Orihuela y Benferri, es una verdadera heroína sin capa. Cuando el sábado 14 de septiembre puso un mensaje en Facebook pidiendo ayuda tras ver el vídeo de unos amigos suyos que, entre lágrimas, contaban cómo el agua había anegado su casa y su coche, perdiéndolo todo, nunca imaginó que su publicación se compartiría más de 40.000 veces. Su llamamiento se hizo tan viral que recibió más de 3.000 llamadas de toda España ofreciendo desde enseres a comida o, simplemente, su presencia donde hiciera falta para sacar barro o llevar alimentos a quienes quedaron aislados.
Ana Belén ha conseguido movilizar a más de 450 voluntarios que ha coordinado sola, dejando a un lado, incluso, su actividad profesional en una inmobiliaria para centrarse en la labor de «socorro» de aquellos que verdaderamente han necesitado, y siguen necesitando, ayuda. «Creé varios grupos de whatsapp, unos 200, para ir coordinando la ayuda que cada voluntario ofrecía y dónde podía ir, y hemos podido llevar comida, limpiar el lodo, bombear agua o dar electrodomésticos o colchones a cientos de familias», señala.
Esta murciana, afincada en Orihuela, ha vivido muy de cerca esta tragedia. A sus padres los tuvo que rescatar la UME de su casa de El Raal, una pedanía de Murcia cercana a Orihuela. Una de las primeras llamadas que recibió fue de un movimiento social de Barcelona, recuerda, y a partir de ahí fueron cientos y cientos de personas de toda España las que se pusieron en contacto con ella para ayudar del modo que fuera.
«Tuve tantas que me puse en contacto con el Ayuntamiento de Orihuela para ofrecerles el poner en contacto a voluntarios con afectados y al final hemos conseguido llegar al 80% de las zonas de Orihuela donde había alguien que necesitara cualquier tipo de ayuda, es increíble cómo ha reaccionado la gente ante una desgracia, mi teléfono es una bomba, no para de sonar». Hay pocas casas en Orihuela que hayan sufrido los estragos de las inundaciones donde no sepan quién es Ana Belén, la primera que, además, se pone los guantes y las botas para sacar el barro. Así la entrevistamos en la pedanía de El Escorratel de Orihuela, sin duda una de las más afectadas al recibir la furia de la avenida de agua de la rambla de Abanilla, llevándose todo a su paso. En el vivero de Vanesa han quedado con los voluntarios que desde hace días quitan el barro que lo cubre todo.
«Sin los voluntarios, nunca hubiéramos podido limpiar todo, estaríamos mucho peor», comenta, agradecida al medio centenar de personas que, desinteresadamente, están ayudando a que en un futuro, que espera no muy lejano, pueda volver a abrir su negocio. Esta vez son algunos de los componentes del equipo de fútbol de La Pobla de Vallbona, en València, pero también Ana Belén coordina a grupos de voluntarios de scouts de Alicante y Murcia, del movimiento 18-M de Barcelona, de una empresa de aventuras de Blanca (Murcia), de la Federación de Protectoras de Animales de Madrid, y así un largo etcétera, hasta llegar a las más de 450 personas que han respondido a su mensaje de petición de ayuda para colaborar en la zona de la catástrofe.
Ofrecimientos
«Recuerdo que uno de los primeros ofrecimientos fue el de un señor de Lugo diciéndome que me mandaba una bomba de agua, y llegó al día siguiente, cuando más se necesitaba en esos días que las casas estaban anegadas, pero también me sorprendió la llamada de María José, del Colegio de Psicólogos de Madrid, que me pasó su número para que se lo diera a quien necesitara pasar el trauma, y me consta que está atendiendo a varios oriolanos».
Marcos Cantero es uno de los voluntarios que contestó al llamamiento de Ana Belén. «Somos aficionados al rafting y estuvimos en Molins llevando agua y comida en lanchas hinchables y kayaks y también sacamos a muchos animales, como burros, perros o gallinas, que estaban aislados en la huerta, rodeados de agua», recuerda. Fueron unos 20 voluntarios de la Región de Murcia «y al final tuvimos que rescatar a varias personas, algunas con hipotermia, porque no llegaba la UME, que estaba desbordada», cuenta. A raíz de esa experiencia han creado la asociación de salvamento animal ‘Línea de vida’ «con un protocolo de emergencia que hemos elaborado gracias a la experiencia vivida».
En el centro cívico de la pedanía de Molins se guardan las mantas, sábanas, colchones, toallas, comida infantil, ropa, productos de limpieza o alimentos de primera necesidad que siguen llegando de todos los rincones, donados por personas anónimas y que se reparten entre quienes siguen necesitando ayuda. El alcalde pedáneo, Reyes Esquiva, agradece la colaboración desinteresada de personas como Ana Belén.
«La actitud de la gente ha sido excepcional, el hambre de trabajar con el que han venido los voluntarios aún me emociona, incluso empresas que están donando electrodomésticos y muebles y que, gracias a personas como Ana Belén, estamos coordinando toda esta muestra de solidaridad», señala. Ana Belén es solo un ejemplo de las muchas personas anónimas que lo han dejado todo para ayudar a una comarca que trata de recuperarse de su peor pesadilla.
«Los voluntarios se han matado a trabajar, son los únicos que han venido a ayudarme»
La otra cara de la moneda son las personas que han recibido la ayuda de aquellos que lo dan todo sin esperar nada a cambio, a los que están muy agradecidos. Entre los damnificados está la madre de la exgimnasta oriolana Carolina Pascual, cuya casa ha quedado seriamente dañada.
rubén míguez
La potente avenida de agua que llegó desde la rambla de Abanilla aquellos fatídicos 12 y 13 de septiembre derribó los muros de la casa de María Jesús Gracia en El Escorratel. El agua anegó su vivienda y los destrozos son cuantiosos. Nos abre la puerta de su casa aunque, dice resignada, «podríamos pasar por cualquier lado, solo han quedado las dos puertas de fuera en pie, y una está a punto de caerse». En el interior el barro lo ha anegado todo y cuesta moverse sin tropezar con alguno de los elementos caídos. El agua sí ha respetado la placa de la glorieta que Alicante le dedicó a su hija, la exgimnasta Carolina Pascual, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, quien también da nombre a una calle y un parque en su Orihuela natal. «Mis hijas vinieron de Madrid y me trajeron palas y otras herramientas, pero trabajan y no pueden estar aquí», comenta mientras lamenta que «lo he perdido todo, no tengo frigorífico, ni lavadora, ni ropa, voy con lo que llevo puesto».

María Jesús se muestra muy agradecida al grupo de voluntarios que acudieron a su casa coordinados por Ana Belén González. «Aquí no ha venido nadie salvo los voluntarios que trajo mi amiga Belén, un montón, como 20 que me lo han hecho todo ellos, se han matado los pobres a trabajar, han currado todo y más sacando agua y barro y limpiando, aunque todavía queda barro y barro por todas partes», señala. No puede evitar las lágrimas cuando recuerda aquellos fatídicos días. «Es un desastre, mi marido está enfermo y no puede venir aquí, porque nos hemos tenido que ir de casa a la de un familiar, ni el coche podemos sacar de la cochera». «Lo he perdido todo», repite. María Jesús, como miles de familias de la comarca, ya ha solicitado la ayuda que concede el Consell de hasta 4.500 euros.
Los voluntarios tenían previsto volver este fin de semana a su casa para seguir sacando barro. «Vienen con muchas ganas, les dimos agua y zumos porque estaban asfixiados, pero no se cansaban de trabajar, venga y venga a darle, y si no llegan a venir no sé qué hubiera hecho yo sola, con el agua que me llegaba a las rodillas y el barro», explica, mientras muestra un zapato colgado en una pared «que encontró mi nieto y me dijo, abuela, ahora hay que encontrar el otro», cuenta María Jesús, con la voz entrecortada. «Quisiera que el Rey hubiese venido a mi casa, ya que va a galas de mi hija y a las buenas cosas, y que viera cómo la tengo, todos los destrozos que ha hecho el agua», indica, en referencia a la visita que Felipe VI y la reina Letizia hicieron el viernes a Orihuela.
Una vivienda en la que también ha perdido muchos recuerdos. «Todos los trofeos de mis hijas se han ido, las medallas se las llevó el agua por los pasillos de la casa», lamenta. «Menos mal que estaban los voluntarios para ayudarme y las buenas amigas que tengo, como Ana Belén», dice junto al lugar donde esta semana se encontró con dos personas que trataban de llevarse lo que podían. «Menudo susto me llevé, como no tengo muros ahora puede entrar cualquiera», señala antes de dar de comer a sus gatos «que menos mal que se han salvado de la inundación». En el salón de su casa no quedan muebles, solo unas sillas que le ha dejado una amiga. En la cocina aún conserva el horno, fuera de su sitio, con las marcas de barro. El fuerte olor a humedad es algo que los afectados por las inundaciones tendrán durante un tiempo, así como la señal que recuerda en las paredes hasta donde llegó el agua. «Aquí queda mucho por hacer hasta que vea todo esto como estaba antes», relata echándose las manos a la cabeza.
Vivero
Muy cerca de allí, también en la pedanía de El Escorratel, Vanesa Jiménez espera la llegada de un grupo de voluntarios, también coordinados por Ana Belén, que van a seguir ayudándole en la tarea de retirar el barro que aún tiene más de 50 centímetros de profundidad. Su negocio, Viveros Orihuela, quedó arrasado. Cientos de plantas muertas y todo el mobiliario para tirar a la basura. Lleva más de 20 días cerrado «y sin saber cuándo vamos a poder volver a abrir, porque es el único sustento que tenemos mi marido y yo», señala. El agua llegó casi hasta el techo, más de dos metros de altura. Cuando bajó, el lodo lo cubría todo. Fue uno de los primeros lugares donde acudieron los voluntarios a ayudar. Vanesa lo recuerda emocionada. «El primer día que llegaron los voluntarios estábamos desbordados, esto es grandísimo y somos solo dos personas, y cuando vinieron y empezaron a limpiar fue impresionante, me emociono solo de pensarlo, sin esperar nada a cambio, venían simplemente a ayudar y empezaron a quitar barro, como Josefina, que lleva desde el primer día y sigue viniendo cada día», explica.
Los voluntarios que siguen acudiendo a este negocio ya han retirado gran parte del lodo y el mobiliario y las plantas afectadas «aunque aún queda mucho por hacer para que volvamos a funcionar». Más de 50 voluntarios ya han pasado por allí «dejando lo que tengan que hacer, para echar un cable a gente que no conocen de nada, es para reconocerlo». Son quienes acudieron y sin pensárselo dos veces cogieron fregonas, cubos y palas para retirar el lodo que las empresas de limpieza a las que llamó Vanesa se negaron incluso a pasarle un presupuesto cuando vieron cómo estaba el establecimiento.
De todo este desastre, Vanesa consigue sacar algo positivo, que tiene nombres y apellidos, el de todas las personas que altruistamente han venido a ayudar a los damnificados por la gota fría en la Vega Baja. «Jamás pensé que el ser humano podía ser tan bondadoso, con gente que no conocía de nada. Verdaderamente…», -rompe a llorar-, «es lo mejor que he sacado de esto porque todo lo demás es un desastre y nunca pensé que hubiera tanta bondad». Expresa lo mismo que sienten las miles de familias de la Vega Baja que han recibido la ayuda de estos verdaderos ángeles de la guarda.
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