
Ver información sobre el libro y sobre cómo adquirirlo.
Introducción
«Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las cosas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.»
Julio Cortázar, «Historias de Cronopios y de Famas» (1970), Manual de Instrucciones.
Más de cuatro años hace que comencé a escribir esta obra. He de decir que su redacción, incluyendo la parte de esfuerzo documental y la necesaria reflexión personal, así como el diálogo con terceras personas, ha ocupado lo fundamental de mi actividad intelectual a lo largo de este periodo. También una gran parte de mi tiempo más allá del que he dedicado a trabajar (no soy un profesional de la investigación académica) o a atender mis necesidades básicas y las de mi familia.
«El Ladrillo de Cristal» surge de un momento personal de desazón y confusión tras el enésimo derrumbe de un proyecto cooperativo-comunitario con pretendida intención revolucionaria del que formaba parte. Lo reiterado del suceso, la constatación de que —más allá de mi propio entorno y circunstancia— es algo recurrente entre colectivos similares, la sensación de que existe una tendencia, un clima general, cada vez más desfavorable a la puesta en práctica de este tipo de experiencias y, por último, el hecho de contar con una edad en la que ya no apetecen tanto las aventuras y experimentos y sí, en la medida de lo posible, dar pasos en tierra firme, «ver» siquiera el esbozo de una pared en la suma de ladrillos que uno se afana en acarrear, todo ello conjuntamente, constituye la causa y el motor de mi reflexión.
Dicha reflexión comienza con el análisis de la realidad enunciada, con el esfuerzo de examinar las que, tal vez, serían sus causas y descubrir qué factores podrían tener que ver con ella. En este proceso de búsqueda de la raíz, que pretende ser de tipo mayéutico, como digo, me voy dotando de datos, reflexiones y segundas opiniones. Unas conclusiones me conducen a otras realidades que es preciso examinar también, y así sucesivamente, voy avanzando hacia planos cada vez más globales y multifactoriales, en lo que termina por convertirse en un largo, estimulante y más que enriquecedor viaje personal de encuentro con la realidad. De tal forma, paulatinamente, va surgiendo un skyline, un marco general que proporciona sentido y estructura a la materia objeto de análisis. Pecaría de falsa humildad si no dijera que, al término de este trabajo, considero cumplido mi objetivo, ya que me siento poseedor de lo que, entiendo, son explicaciones razonables y fundamentadas para todo aquello que hace unos pocos años me generaba un auténtico mar de dudas e incertidumbre.
Con la pretensión de procurar la mayor profundidad y objetividad a mi alcance, he tratado de rodearme durante este tiempo de cierto «silencio» activista; una especie de perfil bajo en cuanto a proyectos y militancias. También —en la medida de lo posible— de una suerte de «suspensión» teórica —epojé— de las que venían siendo mis convicciones o ideas preconcebidas en relación a la materia a tratar. Puedo asegurar, también, que no ha sido poco lo que he aprendido en este proceso y que he tenido la oportunidad de rectificar y enmendar una gran cantidad de juicios y puntos de vista previos.
Enfrentarse, como es el caso, a un análisis de la realidad de tipo sociológico, histórico, etc., con pretensiones de rigor, desde el exterior de la «comunidad» académica, puede proporcionar, tal vez, cierta libertad a la hora de abordar los temas; independencia, frescura, incorrección política. A cambio puede suponer incurrir en errores metodológicos. En mi caso he decidido correr ese riesgo. Por ejemplo, siento, quizá, haber abusado de las digresiones y notas explicativas a pie de página. Pretendiendo que este libro no estuviera solo reservado a élites intelectuales y pudiera tener una cierta capacidad pedagógica y de tipo divulgativo, no me he podido resistir a anexar datos explicativos, muy obvios en algunas ocasiones, que pudieran ser aclaratorios o previos a las cuestiones tratadas. Tampoco, y me disculpo por ello, he observado el criterio formal para las (abundantes) citas bibliográficas. Dado que la mayoría de mi material procede de ediciones menores (de bolsillo) e incluso de fuentes fragmentarias obtenidas de internet (ello unido a mi total falta de interés por adquirir méritos académicos), he preferido saltarme este requisito. En su lugar sí me he esforzado en datar cada texto en su primera edición, para que la persona lectora pueda ubicar cada tema tratado en el momento determinado en que fue escrito.
En cuanto al contenido, aunque pueda resultar también obvio, prefiero alertar de que esta obra contiene datos por una parte y, por la otra, especulaciones realizadas a partir de los mismos. La distinción tiene su importancia por cuanto que la aportación de lo primero, los datos, pretende ser objetiva y fiel a la realidad, mientras que lo segundo, la interpretación, como no puede ser menos, es subjetiva. Y como tal, susceptible de legítima discrepancia —a la que animo vivamente— y de refutación.
En tanto se aportan datos, muchos datos, el trabajo tiene un carácter y una utilidad didáctica. Se trata de datos de fuentes de la historiografía y gran cantidad de aportes —convenientemente citados y contextualidados (al menos esa es la intención)— de autores de diferentes disciplinas (historia, sociología y filosofía principalmente). Mi esfuerzo ha estado orientado a que todo aquello de lo que informo o reseño esté debidamente contrastado, evitando cuidadosamente confiar en mi propio recuerdo o convicción no directa y fácilmente evidenciable acerca de la morfología o desarrollo de determinados hechos, afirmaciones, etc. Cabe entender, en cualquier caso, que uno nunca va a estar por completo a salvo de sesgos cognoscitivos de diversa índole, incluyendo la selección de los datos que se reseñan y los que se descartan, pero, no obstante, mi intención ha sido la que declaro y la evidencia de que, al menos en parte, se ha logrado el fin pretendido, se demuestra por la gran cantidad de convicciones y puntos de vista previos que he matizado, cuando no modificado en forma muy importante, a lo largo del proceso.
En cuanto a la parte interpretativa o especulativa, mi propósito ha consistido en que ésta pueda ser —también en la medida de lo posible— distinguida fácilmente de los datos. Francamente, odio el tipo de ensayo en el que, por hallarse todo acumulado sin orden ni concierto, ni pretensión de documentación rigurosa, no es posible saber dónde acaba la información objetivable acerca de la realidad, y dónde comienza la libre y subjetiva opinión del autor. Que, por otra parte, haya empleado largas horas de reflexión, planteamiento, replanteamiento y confrontación con opiniones ajenas, de las afirmaciones teóricas que propongo, no obsta para que sigan siendo consideradas como mi propia opinión al respecto de cada cuestión. La cual, naturalmente, puede y debe ser discutida. Mal hará la persona lectora de este ensayo en aceptar sin más la parte valorativa e interpretativa que contiene. Dado lo complejo, delicado y vigente de los temas abordados, tal actitud estaría señalando la insuficiencia de su criterio propio. Por mi parte estaré muy agradecido de escuchar críticas y poder dialogar de forma constructiva sobre cualquiera de los aspectos tratados. «El Ladrillo de Cristal» había de terminarse de redactar y ser llevado a imprenta un día concreto, pero las cuestiones sobre las que reflexiona precisan un análisis permanente y una continua actualización.
No quisiera culminar esta introducción sin nombrar a algunas de las personas que, de unas formas y otras, me han ayudado a componer esta especie de mapa y herramienta, que desea ser de utilidad en «la tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo». Sugiriéndome lecturas y fuentes de documentación, ayudándome a abrir el foco de la reflexión, aportando datos y puntos de vista alternativos o criticando la obra, en sus contenidos y en su plano formal. A la gente del Grup Antimilitarista Tortuga, en primer lugar, en cuyas tertulias post-asamblea se han abordado y diseccionado grupalmente durante años muchos de los temas que aquí se abordan. A los compañeros también antimilitaristas Aurelio Contreras Marijuán y Pedro Oliver Olmo, quienes han orientado mi búsqueda de lecturas en los temas que me resultaban más difíciles. A mi amigo, profesor de filología clásica, Antoni Biosca i Bas, por sus aportaciones y clarificaciones de tipo terminológico. A José Lozano Sánchez, Elena Rodríguez Moyá, Adrián Vaíllo Garri y Héctor Gregorio Mas, perseverantes integrantes del grupito que, durante más de un curso, ha estado trabajando los contenidos de este libro y reuniéndose periódicamente junto conmigo para analizar en profundidad cada uno de sus capítulos. A Ediciones Revolussia, por apoyar este proyecto editorial y a su editor, Jesús Castañar Pérez (Cthuchi Zamarra), por su minuciosa e implacable labor de revisión de contenidos, la cual ha dado lugar a estimulantes debates e investigaciones. Por último, a Maki, mi pareja, y a Roger, mi hijo, testigos cotidianos de cómo he dedicado a leer y escribir tanto tiempo que podríamos haber pasado juntos, y de cómo mi estado de ánimo ha estado afectado por las necesidades de la redacción. A ellos dos está dedicada esta obra.
