A través de unos jirones de niebla, que bañan las fronteras de la melancolía de otras épocas, el aire empieza a vibrar por aquellos lugares charqueados o brillantes de sol. Donde el tiempo parece haberse detenido un poco, más que por una exhalación, por unas horas. Aspiramos la chispa del olvidado camino de ese vago día, y perdiéndonos en los más significativos detalles, rasgamos el silencioso manto que envuelve las tertulias, los encuentros, los almuerzos y las partidas de «los sarangolleros».

Pero a estos personajes no se les puede buscar, se les encuentra, aterrizando en el «Filet de fora». Esto es en un almacén que vendía licores al por mayor y al detall, llamado «La fabriqueta», famosa entre sus muchas cosas, por sus partidas de «sarangollo». A la par que la tienda de Farfa, en el «Filet de dins», en el Raval y cerca del «Hort des portes encarnaes».

Estos lugares salpicados de serenidad, palpitaban con el encanto de las mejillas rezongonas dedicadas al uso exclusivo del «guiño y la falsá», característica singular de este atractivo juego.

Llegándonos a la «Fabriqueta» veremos con simpatía, que ausentes de mesas, estos personajes tomaban los «bocois» de las bebidas y puestos de pie, servían para estos juegos y otros menesteres, como «els armosars, tertulies, aperitíus, parlar de la Casera, de lo que habien matat, del Neso – un perro que era todo un cromo, pero que solo se quedaba en eso-.

El aire se convertía en un soplo ardiente, cuando tenían lugar las reñidas competiciones entre «ravalencs y planeros», y cómo no, también entre «vileros».
Y recordando aromas de Illice vivarachero, que no se nos quede en el tintero el bar de Mateuet front el cuartel vell, y otros desaparecidos.

En estas partidas tan bullangueras se arremolinaban todas las características levantinas, a través de los rostros corrían y golpeaban el aire. Las palabras en voz alta, los golpes sobre la mesa para afianzar un «envit» o una «falsá».

La chispa del juego se trasmitía por entre los pliegues sinuosos de la mirada… y el ganar una de estas partidas fue siempre un lío para quien tenía que pagar. Entre seis jugadores se apostaban, unos vino, otros vermouth o nugolet que costaba la escalofriante cifra de 0,35 céntimos o a lo sumo 2,10 ptas, que éso ya era apostar. Aunque por el ardor que envolvía la partida, parecía que se jugaban la finca de «Casaprim».

Y entre las fulminantes miradas que tenían que estar atentas, tanto a los compañeros como a los contrincantes, se abría un camino de frases características y significativas, entre ellas como:

-¡Eres un pascual!
-¡No sabs ni tíndreles!
-¡Pos ya me dirás tú!
-¿Pero es que estás sego?
-¿Pero com dones ara de a sinc?
Y «de volta borum», allí se armaba un tiberi, y cuando tiraban un rey… ¡Ahí va ese calamandurio!»

En fin, algo que si no nos ocupamos de ello, está destinado al olvido, que es la anestesia de la desaparición.

Cerca y lejos no tienen sentido en el tiempo, se llega donde se quiere a través del recuerdo. Aunque la distancia sea inconmensurable, podemos contemplar esas chispas en los picarescos ojos de los jugadores «sarangolleros», sentarnos junto a ellos en los «bocois», hablar de la caza y al lado nuestro el perro Neso. Lanzar un reto con sentido de apuesta, para tomarnos un agradecido vino, vermouth o núgol a costa de los que pierden la partida y a la salud de las prometedoras, ardientes y distraidas jugadas del día siguiente.

Con un lento caminar, dejamos de nuevo nuestras silenciosas pisadas, por esos pasos que ya hicieron camino, y ésta vez con aires de distraídos e inocentes juegos sobre «bocois» de madera. Alrededor de nuestros mayores, que traen esa semblanza de sencillo compañerismo hacía nosotros. Y nosotros desalentamos un encanto frágil, por esos juegos maquinales que se apoderan cada vez con más ardor ambicioso, de las horas tenues en nuestros espacios y en nuestros presentes.

Aquellos, encontrados sin buscarles, porque allí estaban y allí siguen. Algo sencillamente alborotados, esperando nuestra llegada en el «Filet de fora» o en el «Filet de dins»… para salpicarnos las sienes de sereno ardor, de «guiños y falsaes». De miradas acariciadoras impulsadas en única dirección, para arrastrarnos tras la plenitud de sus magnitudes.

27 de Febrero 1984

(Este artículo se publicó originalmente en el semanario BV o Baix Vinalopó. Actualmente lo puedes encontrar en el libro ELCHE ANTIGUO “Historias y costumbres” de Berta Carreres en Amazon).

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