
Por Rocío González Naranjo. Doctora en Literatura Comparada
Desde tiempos inmemoriales, las mujeres hemos sido consideradas seres inferiores intelectual, física y socialmente. Lo único que nos hacía necesarias a ojos del mundo patriarcal era la biología: el hombre representaba la cultura; la mujer, la naturaleza. “Eminentes” científicos y otros eruditos encerrados en su torre de marfil, contrastaban estudios inverosímiles en los que se demostraba de modo casi surrealista que la mujer, un ser menor e incluso disminuido intelectualmente, cumplía perfectamente su existencia con el único objetivo posible que se le presentaba: el de ser madre y perpetuar así la especie. Pero no sólo hemos sido consideradas seres inferiores. Además, siempre hemos sido seres perversos y malos. Recordemos que somos las culpables de todos los males del mundo. Y no, no estoy hablando metafóricamente, es lo que afirman la mayoría de las religiones, las cuales, como sabemos, han hecho que ese patriarcado creado por la ciencia más rancia del momento se sustentara en las creencias religiosas, en las que las mujeres somos malas, malas, malísimas.
Es fascinante comprobar cómo hay peleas constantes, aún hoy en día, sobre quién o qué es el verdadero dios, la verdadera religión. Pero más fascinante es comparar la visión de la mujer en todas estas creencias y comprobar que es algo en lo que están completamente de acuerdo. Una mujer es la culpable del pecado original en el cristianismo, y por ello el paraíso deja de existir: el dolor, la enfermedad, la muerte… todo es culpa de Eva; pero antes de Eva, estuvo Lilit, que no quiso ser la compañera de Adán y se fue del Edén. Según el folklore judío, Lilit se convirtió en un demonio[1]. Lo interesante está en su demonización que se realiza tras no haber obedecido a Adán y, por lo tanto, a Dios. Así, pues, no es por nada si a veces la utilizamos dentro del movimiento feminista como el símbolo de la mujer libre:
¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual [2].
Parece que la desobediencia de una mujer que no cree en los roles impuestos tenía ya su castigo en el imaginario cristiano. La mitología griega, que también fue considerada en su momento toda una gran religión, tiene miles de casos de mujeres horribles, culpables de los grandes males existentes en la humanidad. Diosas y heroínas suelen aparecer como mujeres crueles y sin piedad. Y, curiosamente, son mujeres que desobedecieron, que no quisieron asumir el rol que les estaba destinado. Al igual que en la religión cristiana, Zeus, dios de dioses, solicitó a Héfeso la creación de la primera mujer, Pandora[3]. Creo que ya conocen las consecuencias nefastas de esta creación… una creación que el propio Zeus quiso, pues ordenó a Hermes que le infundiera la mentira y la seducción. Hesíodo presenta la era pre-Pandora, en la que reinaba la paz y los unicornios eran rosa y con purpurina. Pandora abrió la maldita caja de todos los males y se acabaron los unicornios[4]. Qué mala. Horrible;
Helena, una mujer mortal, desató la guerra más cruel de la antigüedad, la de Troya, porque Paris-Alejandro se encaprichó de ella y se la quitó a otro macho alfa, Menelao[5]. Qué mala. Malísima; Medea, además de ser una bruja bárbara, salvaje y cruel, fue una matricida; Fedra quiso seducir a su hijastro Hipólito… Desde luego, pocas son las mujeres que se salvan en el mundo clásico y, curiosamente, son aquellas que ceden a su posición de “verdaderas” y “piadosas” mujeres: Penélope, Antígona…
¿Y qué decir de las otras religiones? Pues que todas son misóginas y presentan a la mujer como el mayor mal que ha podido ocurrir a la humanidad. Confucio aseguraba que “La mujer es lo más corrupto y lo más corruptible que hay en el mundo”; el fundador del budismo, Siddhartha Gautama, afirmaba que “la mujer es mala, cada vez que se le presente la ocasión pecará”[6]. El Corán enseña que la mujer buena debe ser obediente y sumisa, ya que es inferior al hombre, y así lo dice la sura 4:34:
Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Alá ha elevado a estos por encima de aquellas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Alá ha ordenado que conserve intacto[7].
Los judíos ortodoxos tienen una plegaria cuanto menos sorprendente: “Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer”[8]… Y así podríamos seguir mostrando incontables ejemplos en los que se alaba a la mujer buena y piadosa y se teme (he aquí la cuestión) a la mujer que decide no someterse a unas normas que considera absurdas y que es consciente que son creadas por el propio hombre, y no por una supuesta divinidad.
Como decíamos anteriormente, y dejando a un lado la representación de las mujeres en las religiones, toda la “ciencia” biologista y tratados de la buena mujer han tenido su base en la tradición religiosa, sea la que sea. Por ello, cuando una mujer no estaba de acuerdo con ese tedioso y horrible futuro que se le presentaba, cuando una mujer mostraba ser algo más que un útero con patas, cuando una mujer decidía vivir una vida contraria a la que le estaba destinada, el arma utilizada era el descrédito hasta destruirla: “brujas”, locas o histéricas, sufragistas, furias criminales, burguesas aburridas, “lyceómanas”… hasta llegar a nuestros días con el famoso “feminazi”, “hembrista” y ahora, para colmo de males, culpables de todos los males existentes en la tierra. Sirva de ejemplo el 8M, una manifestación de “locas del coño” que han conseguido, ellas solas, expandir una pandemia no sólo en la comunidad de Madrid, sino en toda España. Qué malas, malas, malísimas.
Así pues, queda bien claro que da exactamente igual lo que hagamos: si somos políticas, somos tontas; si somos científicas, no crean todo lo que dice; si somos escritoras, es porque nos aburrimos; si somos feministas… Somos el diablo en persona. Por ello, en la segunda parte de este artículo, les explicaré todos estos magníficos insultos que nos han hecho más fuertes y más malas, así como la forma de descrédito que tanto gusta a los detractores del feminismo. Por ahora, queridas, sigan pecando, que algo queda.
[1] Génesis 1, 27.ga
[2] Yalqut Reubeni (colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen).
[3] Hesíodo, Teogonía en Obras y fragmentos, Madrid: Editorial Gredos, 1978.
[4] Hesíodo, Los trabajos y los días en Obras y fragmentos, Madrid: Editorial Gredos, 1978.
[5]Homero, La Ilíada, Madrid: Editorial Gredos, 1996.
[6]Datos extraídos de Javier Fernández Aguado y Lourdes Molinero, La sociedad que no amaba a las mujeres, Madrid: Lid Editorial, 2011.
[7]Extraído de Ergun Mehmet Caner, El mundo del islam y la mujer musulmana. Voces detrás del velo, Michigan: Editorial Portavoz, 2005, pp. 155-156.
[8]Extraído de Manuel Gutiérrez Claverol, “El machismo de las religiones”, en El Comercio de 19 de diciembre del 2010: https://www.elcomercio.es/v/20101219/opinionarticulos/machismo-religiones-20101219.html

Tomado de: https://losojosdehipatia.com.es/opinion/las-mujeres-somos-malas-malas-malisimas-primera-parte/?fbclid=IwAR3HR6dTiCuGnRJcGFKpLfz6ifR7d_Y1gV0vI8Vt7Z1dQMbDHIaFvM0OeCA