DIEGO NARVÁEZ – Málaga

El fuerte ritmo de construcción de viviendas en la provincia de Málaga en los últimos años -en 2002, por ejemplo, se construyeron casi tantas casas como en toda Cataluña- no parece tener freno. La Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía estima que en los nuevos planes de ordenación municipal se proyectarán en el conjunto de la provincia más de 600.000 viviendas a ejecutar en los próximos 10 o 12 años. Actualmente hay registradas catastralmente en la provincia 791.859 casas que tributan en el Impuesto de Bienes Inmuebles.

Mayoritariamente estas previsiones se concentran en la Costa del Sol, donde sólo 10 municipios que ya tienen ultimado el documento de avance de sus nuevos Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) suman 455.000 nuevas casas.

A ellas hay que unir las 48.000 programadas en el PGOU de Benalmádena aprobado hace apenas dos años, y otras 35.000 que se estima sumarán los planes de Nerja y Torremolinos, aún no publicados.

En total, unas 540.000 nuevas viviendas en una franja costera de 160 kilómetros entre Nerja y Manilva donde se ha construido en los últimos años la mitad de las viviendas edificadas en el conjunto del litoral andaluz, y que hoy en día es ya prácticamente un continuo urbano en el que han desaparecido las fronteras entre términos municipales, y en el que se localizan 44 de los 87 campos de golf andaluces.

Especialmente llamativo es el caso de Benahavís, que con apenas 2.265 habitantes programa 90.000 nuevas viviendas.

Este vertiginoso ritmo de crecimiento ha provocado ya un profundo debate social sobre sus consecuencias y la conveniencia de poner límites a un modelo urbanístico voraz con los recursos naturales y que se ha desarrollado sin las infraestructuras necesarias.

Uno de los municipios más expansivos es el de Estepona, gobernado por el socialista Antonio Barrientos con apoyo de ex miembros del GIL y el Partido Andalucista (PA), en el que se va a programar suelo para 82.000 nuevas viviendas -actualmente tiene 32.000- más incluso que en la capital, Málaga (78.000 nuevas casas), que tiene 10 veces más habitantes.

El alcalde relativiza los datos y explica que la proyección del número de viviendas sería a un plazo «muchísimo más amplio» a los 12 años aproximados de vigencia del plan. Barrientos asegura que la población real de la ciudad supera ya los 100.000 habitantes y argumenta: «No hay que mirar las cifras, sino que el crecimiento sea coherente y realizado con los equipamientos correspondientes y respetuoso con el medio ambiente, más negativo es hacer 3.000 viviendas sin equipamientos, que 10.000 bien programadas».

Según Barrientos, el 70% del término municipal quedará como suelo no urbanizable y «todo lo que está previsto se ajusta a un plan de desarrollo sostenible, con suficientes infraestructuras y parques, y densidades y coeficientes de edificabilidad más bajos de los máximos que permite la ley».

El propio presidente de la Asociación Provincial de Constructores y Promotores, José Prado, reconoce quedarse «asustado» con las previsiones de nuevas viviendas, y proclama que se trata de un crecimiento «insostenible si no va acompañado de unas infraestructuras que hoy ya son absolutamente insuficientes».

El presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, Carlos Hernández-Pezzi, va más allá. Admite el atraso en infraestructuras, pero rechaza que si éstas crecen pueda mantenerse la expansión urbanística. «Hay que hacer una reflexión sobre lo que admite el territorio en función de las necesidades de agua, o de consumo energético, de la conservación del paisaje… El territorio tiene una capacidad de carga y los municipios deben ser conscientes de que hay unos límites de los que no podrán pasar», explica.

La expansión urbanística corre ya también por el interior de la provincia, especialmente en el Valle del Guadalhorce, comarca en la que se proyectan 50.000 nuevas viviendas, o en ciudades como Antequera, que prevé 35.000 casas.

El agua es el talón de Aquiles del voraz desarrollo urbanístico

J. MARTÍN-ARROYO – Málaga

El crecimiento imparable del ladrillo se topa en la Costa del Sol Occidental con un obstáculo a medio plazo insalvable: la falta de lluvias. La combinación de un clima semidesértico con 44 campos de golf, muchos otros en proyecto, e incontables piscinas y jardines, se antoja imposible. La población flotante que acogerá la zona en 2015 se acercará a los dos millones, y las autoridades avisan de que las infraestructuras hídricas previstas no podrán seguir este ritmo de crecimiento de vértigo.

La población ha pecado de inconsciente, y hasta ahora no se ha caracterizado por reducir su consumo, pese a las repetidas advertencias de las autoridades. La media de consumo por persona se sitúa en 270 litros al día, mientras que lo imprescindible no supera los 125. «La gente aún no ha asumido la mentalidad de padecer una sequía», denuncia Juan Cañete, consejero delegado de Acosol, empresa que distribuye el agua a los 11 municipios de la Costa del Sol Occidental.

La zona sufre desde hace mes y medio un decreto de sequía que aún no plantea restricciones, pero tras las escasísimas lluvias registradas este otoño todo apunta a que el temido fantasma aparecerá antes del próximo verano.

Embalses diezmados

La Junta intenta a marchas forzadas reducir la dependencia de los diezmados embalses, porque el de La Concepción, que abastece a la zona, está al 11% de su capacidad y sólo contiene cinco hectómetros cúbicos. El abastecimiento actual se nutre principalmente de la desalinizadora de Marbella, del reciclado de aguas residuales, de los aportes del río Guadiaro del Campo de Gibraltar y de nuevos sondeos y pozos.

De momento la Junta ha aprobado obras de emergencia para asegurar el suministro, pero los expertos auguran que pronto serán insuficientes, ya que se ha iniciado un ciclo de sequía. Desde la gran sequía de 1995 y las consiguientes restricciones, las autoridades anunciaron el denominado Plan Málaga, que incluía importantes infraestructuras, pero 10 años después éstas siguen siendo puro humo.

Ahora, el Plan de Ordenación Territorial plantea construir seis nuevas desalinizadoras con capacidad similar a la que funciona en Marbella, además de reforzar la infraestructura de depuración para lograr que se reutilice toda el agua y no se vierta al mar ni gota.

«En la Costa del Sol vivimos de puro milagro. Las infraestructuras siempre van por detrás, y primero se construyen los campos de golf y las viviendas, y luego se dice que hay que abastecerlos. ¿Por qué el crecimiento de la Costa del Sol debe quintuplicar el de otras zonas del país?», se pregunta Antonio Rodríguez Leal, director de la Cuenca Mediterránea Andaluza, que gestiona el agua en la zona.