Al no tener nada que hacer, para combatir el aburrimiento los abuelitos juegan a hacerse los machotes: «creo que me quedo corto fusilando a 26 millones», «yo prefiero repetir las maniobras del 36», «algún día pagarán con esto»…

Como en el juego de la gallina, rivalizan a ver quién dice la mayor burrada, cosas de niñatos consentidos en realidad; aunque ya son viejos retorcidos y con el corazón podrido.

Son zafios, bravucones, tarados y cobardicas.

Debe de ser que se sienten muy seguros de sus ’convicciones’, más bien de su chulería.

Motivos tienen, pues los jueces andan también muy entretenidos rivalizando entre ellos a ver quién condena a más años de cárcel a canciones, chuminos, marionetas, exabruptos y hasta ayudas humanitarias a refugiados.

El gobierno quita hierro al asunto, como lo hace con las longevas bases militares extranjeras, la base -ésta eterna- de la Iglesia en el sistema educativo y la base ya cansina del reinado sin fin, comisionista, amoroso con la aristócrata extranjera y huraño con la plebe nacional.

Los gamberros y groseros guerreros octogenarios están grillados ¿para qué escriben al presidente del parlamento europeo?

¿No quedamos en que a los militares lo que les pirra es bombardear y disparar contra edificios de parlamentos y gobiernos en Berlín, en Santiago de Chile, en Madrid, etc.?

Esto ya pasa a ser un caso de demencia senil porque si no son monárquicos ¿para qué escriben al rey?

¿Será para que siga reinando aunque a partir de ahora controlado por los generales y Vox?

Pero si vive de P.M. tal y como está (sus problemas familiares son suyos), ¿para qué va a cambiar de caballo con semejantes mendrugos?

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