
En los meses anteriores a las elecciones en Nicaragua, durante su transcurso y con posterioridad a ellas, los medios de comunicación de masas en España y en otros lugares han transmitido la idea de que eran elecciones amañadas, de que el gobierno nicaragüense es una dictadura que impidió que se presentaran a los comicios los candidatos que, por su supuesto apoyo popular, podrían haberlos ganado, que dichos comicios se hicieron envueltos en mil irregularidades y que apenas tuvieron participación. Las noticias que enlazamos a continuación proponen un panorama que poco tiene que ver con tales informaciones y salen al paso de todas ellas. Cada cual extraiga sus propias conclusiones. Nota de Tortuga.
Una pregunta técnica de Tortuga a una persona anónima conocedora de la situación en Nicaragua
P: Una pregunta técnica: si esos candidatos «aventureros», de quienes se dice que están patrocinados por potencias extranjeras y tal, en realidad, como también se dice desde el oficialismo, no tenían el más mínimo respaldo electoral, ¿por qué no les han dejado presentarse a las elecciones para que tal cosa quedara en evidencia?
R: La respuesta la dan los nicaragüenses y yo la comparto por lo que he visto.
En primer lugar escribo los nicaragüenses porque no es solamente el gobierno, sino que la gente comparte y corea las proclamas del FSLN.
Entre éstas, Nicaragua se respeta, no admite injerencias, es soberana, independiente, el pueblo gobierna con el Frente y otras que afirman lo mismo: el hartazgo y el rechazo extremo a los cien años que hace que EEUU maneja su patio trasero y sus gobiernos a su antojo y en perjuicio del pueblo.
Para ayudar a EEUU están los colaboracionistas nicaragüenses Somoza, Chamorro, Obando y otros.
Como recientemente, en la primavera de 2018, la derecha nacional y sus medios de comunicación con EEUU promovieron una revuelta muy violenta y destructora que hundió la economía y sembró el terror, que incluyó agentes y delincuentes tan violentos como en Venezuela que llegaron al punto de torturar y quemar a policías y sandinistas en la calle; los infames tranques. Esta vez no han permitido en absoluto movimientos terroristas ni sus voceros y compinches.
Los ‘precandidatos’, como los llama la derecha golpista, lo cual es ilegal, es la forma que tiene ésta de colocar gente que no tiene un partido político, ni se ha inscrito como candidato en las elecciones a través del canal legal para todos los candidatos, de ahí el ‘truco’ de llamarles precandidatos, para luego montar follón mediante la prensa e ir diciendo a los cuatro vientos que Ortega no quiere oposición y que los ha sacado de las elecciones cuando nunca pudieron entrar.
¿Es que España u otro país admite candidatos extranjeros en sus elecciones, o un candidato puede elegir presentarse fuera del calendario o sin tener un partido político o recibiendo dinero de potencias extranjeras?
A la vista de esa campaña continua y financiada, de FB, prensa, incluso internacionalmente, de deslegimitación, desde el imperio y sus satélites, el gobierno ha dicho ¡basta! ni un tantito así.
¿Por qué debería arrodillarse ante EEUU, para vender a su propio pueblo como hizo el PSOE, que cambió la constitución manu militari con la colaboración del PP para imponer el techo presupuestario y que los españoles de abajo paguen la corrupción de los bancos?
¡Cómo siento lo que estoy leyendo, es desolador!
No entiendo tanto escrutinio que coincide con el argumento imperialista, un miserable discurso fascista sobre una supuesta ética democrática que la dictan los judas de la política y que hay gente que la toma como la verdad. Imagínate, ¿la verdad del asesino?
Prefiero mil veces equivocarme con Nicaragua antes que dar la razón a EEUU y la UE; al menos nunca tendré que arrepentirme de haberme puesto en contra de los agredidos por una verdad pervertida.
La pregunta más urgente que hoy hay que hacerse es:
¿Cómo es posible que el fascismo internacional de Occidente haya convencido a sus súbditos y sobre todo a la izquierda de que siendo un enorme criminal en serie a base de revoluciones de colores y de actores dramáticos que se hacen pasar por demócratas y defensores de los derechos humanos, pueda al mismo tiempo ser el juez de lo que es la democracia y los derechos humanos en el resto de países?
Nicaragua tiene un problema de relaciones públicas, no de democracia
Roger D. Harris
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, acosó a Nicaragua por sus elecciones del 7 de noviembre acusándoles de «una pantomima de elecciones que no fueron ni libres ni justas, y ciertamente no democráticas». Tres días antes, EE.UU. prodigó un acuerdo de armas de 650 millones de dólares a Arabia Saudí, una monarquía en la que ni siquiera pretenden tener elecciones para cargos superiores. Está claro que la ofensiva de Estados Unidos contra Nicaragua va más allá de la democracia.
Lo que está en juego es lo que Biden describió como «el encarcelamiento arbitrario de casi 40 figuras de la oposición desde mayo, incluidos siete posibles candidatos presidenciales». Una investigación objetiva revela: (1) la motivación de los arrestos no tuvo nada que ver con las elecciones y (2) los efectos de los arrestos no tuvieron ningún impacto en las elecciones.
El gobierno estadounidense, junto con sus aliados políticos y los medios de comunicación corporativos, han convertido las detenciones en una pesadilla de relaciones públicas para el gobierno sandinista del presidente Daniel Ortega en Nicaragua. Las detenciones se están utilizando como pretexto para una operación concertada para deslegitimar las elecciones genuinamente democráticas de un gobierno que pretende ser independiente de Washington. Esto es parte de una campaña más amplia de cambio de régimen contra los gobiernos de izquierda de Cuba, Venezuela y Nicaragua; lo que el ex asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, John Bolton, llamó la «Troika de la Tiranía».
Los siete «precandidatos» presidenciales
La prensa corporativa, hostil al gobierno nicaragüense electo, bautizó a siete de los detenidos como «precandidatos». Sin embargo, ninguno de ellos estaba asociado a los partidos políticos habilitados para votar en Nicaragua, y ninguno de ellos tenía un seguimiento popular fuera del cinturón de Washington. En resumen, no se presentaban seriamente a las elecciones presidenciales y, si lo hubieran hecho, ninguno habría podido desafiar seriamente a los sandinistas en el poder.
Incluso si los «precandidatos» fueran aspirantes legítimos a la presidencia, el hecho de que fueran siete demuestra que Estados Unidos fue incapaz de unificar a la oposición en torno a un único candidato. Si los siete «aspirantes» se hubieran presentado, habrían dividido aún más el voto de la oposición. La idea de que los sandinistas detuvieron a los siete para asegurarse de que ganarían es una ficción.
La oposición violenta ha estado en desorden desde que su intento de golpe de Estado de 2018 fracasó y una ola de opinión pública se volvió contra ellos. Estados Unidos ha gastado decenas de millones de dólares en generar la oposición, pero no ha conseguido que los partidos díscolos se coordinen entre sí.
El Consejo Supremo Electoral (CSE), órgano de control electoral de Nicaragua, es una rama independiente del gobierno. Tanto los representantes de los partidos sandinistas como los de la oposición forman parte de él. En lugar de reprimir a la oposición, el CSE amplió el plazo para que los partidos se inscribieran en las elecciones de noviembre, con el fin de fomentar la diversidad de opciones de los votantes. Sin embargo, una agrupación de extrema derecha, encabezada por un ex general somocista, no puso en orden sus papeles a tiempo y, por tanto, no fue certificada.
Los siete «aspirantes a la presidencia» más otros 30 fueron detenidos por otra razón. Tras la intentona golpista de 2018, Nicaragua aprobó dos leyes que tipifican como delito la promoción de la injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua, la búsqueda de una intervención militar extranjera, la organización de actos de terrorismo y la promoción de medidas económicas coercitivas contra su país. Fueron arrestados por estas actividades ilegales; actividades, cabe señalar, que están igualmente prohibidas por la propia Ley FARA de Estados Unidos, tras la cual se modelaron las leyes nicaragüenses.
EEUU nunca ha apoyado la democracia en Nicaragua
Biden fustigó al presidente nicaragüense Daniel Ortega por no ser «diferente de la familia Somoza». Tal vez Biden olvidó que EE.UU. instaló y apoyó la dictadura de los Somoza, mientras que la campaña de cambio de régimen de EE.UU. está tratando de hacer exactamente lo contrario con el actual liderazgo sandinista.
Si Daniel Ortega no fuera realmente «diferente de la familia Somoza», Estados Unidos estaría apoyando al gobierno nicaragüense en lugar de intentar derrocarlo. De hecho, un examen de los antecedentes históricos indica que Estados Unidos nunca ha apoyado la democracia en Nicaragua.
Los marines estadounidenses desembarcaron en 1912 y ocuparon el país centroamericano de forma intermitente hasta que la dictadura de la dinastía Somoza sustituyó el control directo de Estados Unidos. Cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocó al dictador en 1979, Estados Unidos resucitó a los restos de la guardia nacional de Anastasio Somoza, los contras, que aterrorizaron brutalmente a la incipiente república.
Hasta la fecha, Estados Unidos se ha opuesto a los sandinistas. Los imperios como el de EEUU no apoyan la autodeterminación democrática de los estados vasallos. Desde la Doctrina Monroe de 1823, América Latina y el Caribe se consideran el «patio trasero» del imperio.
Popularidad de los sandinistas
Biden criticó que los líderes nicaragüenses elegidos democráticamente son «largamente impopulares». Sin embargo, el propio índice de aprobación de Biden, que cae en picado hasta el 42,8%, no tiene nada que envidiar. En cambio, una encuesta fiable previa a las elecciones indicaba un 73,1% de aprobación para el presidente Ortega. Más aún, la popularidad de los políticos de un país es una cuestión interna y no es asunto de Estados Unidos.
Conviene entender por qué el actual «régimen» nicaragüense goza de un considerable apoyo popular. Para entenderlo, es fundamental una larga y concertada historia de organización popular por parte de los sandinistas. Ellos lideraron una revolución exitosa y hoy continúan organizándose profundamente en los barrios urbanos pobres y en las áreas rurales, especialmente entre los jóvenes, los indígenas y los afrodescendientes nicaragüenses, y las mujeres.
En segundo lugar, el «régimen» goza de popularidad más allá de la base sandinista como encarnación de la soberanía nacional, la unidad y la paz, en reacción a la larga y lamentable historia de intervención estadounidense. Este es especialmente el caso después del intento de golpe de Estado instigado por Estados Unidos en 2018. Aunque esto es anecdótico, casi todas las personas con las que hablé en Nicaragua tenían una historia de horror sobre la violencia reciente.
Más que otras elecciones, este 7 de noviembre desató celebraciones que duraron toda la noche y hasta la madrugada en las calles de los barrios populares de todo el país. Marcó, en la conciencia popular, el «fin de la terrible pesadilla y el retorno a un proceso pacífico de construcción de la nación», en palabras de Abigail Espinosa, una pequeña agricultora de Masaya.
En tercer lugar, el «régimen» ha conseguido mucho con pocos recursos. Como informa Nan McCurdy, una misionera metodista unida que vivió en Nicaragua durante más de 30 años.
Desde 2007 [cuando los sandinistas volvieron al poder] la pobreza se ha reducido a la mitad, la mortalidad materna ha bajado un 70%, la mortalidad infantil un 61% con una reducción del 66% en la desnutrición crónica en niños de 6 a 12 años. Con un alto porcentaje de pequeños y medianos agricultores y mucha inversión gubernamental en formación y préstamos, han logrado un 90% de suficiencia alimentaria.
Teniendo en cuenta este historial, la actual victoria electoral sandinista por un margen del 76%, tras el 72,5% de 2016, el 62% de 2011 y el 38% de 2006, son indicios de un creciente apoyo popular y no de una dictadura.
La realidad paralela de los periodistas que siguen la bandera
La prensa corporativa se ha ensañado con Nicaragua, haciéndose eco y adornando las distorsiones del Departamento de Estado estadounidense. Si Nicaragua es realmente «una película de terror en cámara lenta» o «un infierno», como describen los periodistas del follow-the-flag, al menos los pecadores tienen educación y sanidad universales y gratuitas. Lo que estos escribas del Departamento de Estado no se preguntan es que si el segundo país más pobre del hemisferio puede permitirse estas medidas de bienestar social -realmente derechos humanos-, ¿por qué no puede hacerlo el más rico?
Resulta sorprendente lo mucho que difieren los relatos de la prensa corporativa sobre las elecciones de lo que ocurrió sobre el terreno en Nicaragua. El Times, alegremente hiló: «Las calles de la capital, Managua, también estaban tranquilas, con poco para mostrar que una elección significativa estaba en marcha». Es decir, el periódico de referencia no reconoció que las elecciones se desarrollaban pacíficamente, y que prevalecía la habitual calma del domingo por la tarde. Pero los cientos de miles de personas que salieron espontáneamente a las calles de Nicaragua tras el cierre de las urnas no recibieron ninguna cobertura. Mientras tanto, la prensa corporativa se deleitó con la manifestación de algunos contras en Costa Rica.
Sí, como informó el New York Times, el gobierno «prohibió los grandes actos de campaña». La prohibición, que se aplicó a todos los partidos políticos, se debió a la emergencia del COVID y no a la supresión de la expresión política. No, como insinuó el Times, «el único candidato es Daniel Ortega». Seis candidatos se presentaron a la presidencia.
Tras su informe inicial, el Times tuvo que retractarse de su falsedad -la calificó de imprecisión- de que sólo había anuncios de campaña del partido sandinista en Managua. Según mi recuento, las pancartas del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) eran las más abundantes.
Nicaragua ejerce la soberanía electoral
Meses antes de las elecciones, Biden ya había declarado que la votación era un fraude porque preveía que la mayoría de los nicaragüenses votarían su opción y no la de Washington. Estados Unidos imploró imperiosamente a los nicaragüenses que boicotearan sus propias elecciones, lo que fue ignorado por un respetable 65% del electorado; una participación similar a la de la votación que llevó a Biden a la presidencia, que fue promocionada en los medios de comunicación estadounidenses como un «récord de participación».
El día de las elecciones, Biden, actuando como un matón de patio de colegio, amenazó entonces con utilizar «todas las herramientas diplomáticas y económicas a nuestra disposición» para castigar a Nicaragua por ejercer su soberanía nacional. No era una amenaza vana.
Nicaragua ya está sufriendo las sanciones ilegales de Estados Unidos. La Ley NICA de 2018, bajo la administración de Trump, impuso sanciones, incluyendo el bloqueo de préstamos de instituciones financieras internacionales controladas por Estados Unidos. En agosto de 2020, se reveló el plan de Asistencia Responsable en Nicaragua (RAIN), que era una estrategia golpista multifacética por la que EEUU contrataba a empresas para derrocar al gobierno nicaragüense. RAIN pidió un gobierno de «transición súbita e imprevista» para impedir lo que, según admitieron, sería una victoria sandinista en unas elecciones libres.
En un traspaso perfecto de las administraciones de Trump a Biden, la Ley RENACER, que se aprobó en el Congreso pocos días antes de las elecciones y se firmó como ley inmediatamente después, visitará aún más miseria en el pueblo de Nicaragua. La Organización de Estados Americanos, la Unión Europea y los «socios» estatales individuales del proyecto imperial estadounidense, como el Reino Unido y Canadá, han impuesto o están en proceso de imponer dificultades adicionales a los nicaragüenses.
Tal es el precio de celebrar lo que los nicaragüenses llamaron sus eclecciones soberanas. Los que niegan este derecho, desautorizan el imperativo de los nicaragüenses de luchar contra el asalto imperialista.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
Fuente: https://dissidentvoice.org/2021/11/nicaragua-has-a-public-relations-problem-not-a-democracy-problem/

Nicaragua se juega la soberanía y la independencia nacional en las elecciones
Nicaragua enfrenta este fin de semana elecciones generales, por la presidencia y la vicepresidencia, de diputadas y diputados a la Asamblea Nacional, y 20 Diputados al Parlamento Centroamericano, donde 4.478,334 personas desde los 16 años están habilitadas para votar. Sin embargo, en cualquier país sería un proceso que se desarrollaría sin mayor tensión internacional, pero en Nicaragua no, ya que las elecciones de países que han tomado un camino con autonomía de los poderes imperiales, siempre en todo acto eleccionario, también se juegan la soberanía y la independencia nacional.
Como resultado del proceso revolucionario nicaragüense, hoy son posibles elecciones libres, democráticas, transparentes, con pleno respeto a los derechos políticos de los partidos y alianzas electorales, donde el mandato popular es ley, sea este a favor del sandinismo o de la oposición. En 1984, fue elegido presidente el Comandante Daniel Ortega, en 1990 presidenta la opositora Violeta Chamarro, en 1996 presidente el opositor Arnoldo Alemán, 2001 el también opositor al sandinismo presidente Enrique Bolaños, pero el 2006-2011-2017 el mandato popular eligió de presidente nuevamente al comandante Daniel Ortega.
Desde 1984 a la fecha se han desarrollado de manera sucesivas 19 Procesos Electorales Nacionales, Regionales y Municipales. Pero la legalidad electoral en Nicaragua también tiene avances cualitativos notables, como es la paridad de género, pioneros en la equidad de las mujeres desde el 2007, así se garantiza que, de 222 nuevas autoridades, el 50 por ciento electos serán mujeres, esto va acompañado con un alza real de participación de las mujeres que casi ya supera el 50%.
Washington con una campaña comunicacional instalada en todos los medios hegemónicos en el planeta y con millones de troll en las redes sociales, instala la absurda idea que en las elecciones de 7 de noviembre no participa la oposición. Sin embargo, la realidad es otra, hay 7 fórmulas presidenciales que participan en las Elecciones Generales en Nicaragua 2021, seis de ellas son de la oposición:
1. Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
2. Alianza Unida Nicaragua Triunfa – Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
3. Camino Cristiano Nicaragüense (CCN).
4. Yapti Tasba Masraka Nanih Asla Takanka (YATAMA) sólo lleva candidato a la Asamblea nacional
5. Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).
6. Alianza por la República (APRE).
7. Partido Liberal Independiente (PLI).
Pese a la agresión permanente de los EEUU en términos económicos, políticos y financiamiento a actos criminales de la oposición de ultraderecha, Nicaragua mantiene un proceso de fortalecimientos de los derechos sociales, salud gratuita (se han inaugurado 22 nuevos hospitales y 6 más están en fase de construcción), educación gratuita y de calidad (básica, técnica y universitaria), seguridad ciudadana, carreteras dignas, servicios de agua potable y energía eléctrica, entre otros.
En un hecho casi excepcional en el mundo, Nicaragua es autosuficiente en términos alimentarios, el 90% de sus necesidades son cubiertas con la producción nacional. En relación a la energía, el país produce el 77% de forma sostenible a través de las energías renovables. Pero todo lo anterior no es casualidad, responde a un proyecto popular participativo, que se abre camino, a pesar que siembre avanza bajo el fuego enemigo.
No cabe duda que el resultado de las elecciones en Nicaragua no da lo mismo, la continuidad del Frente Sandinista de Liberación Nacional, garantiza la independencia nacional, el desarrollo económico y social, con miras a la integración continental. América en esta década tiene un sostenido protagonismo de los pueblos en su lucha por liquidar el modelo neoliberal, el Pueblo y el gobierno nicaragüense son esenciales para ganar esta lucha. De esta manera, en Nicaragua este 7 de noviembre se enfrentan los pueblos de América Latina ante un imperio decadente y ya sin horizonte estratégico. ¡¡Los Pueblos Vencerán!!
Fuente: http://www.tortillaconsal.com/tortilla/node/13322
Nicaragua entre mentiras de Perogrullo
Víctor Manuel Ramos *
Las mentiras de la oposición en Nicaragua son tan descabelladas que se caen por sí mismas. Hoy El País de España, un reino de Maravillas como el de Alicia en donde se desahucian diariamente muchísimas familias que son echadas a la calle, dice que las elecciones en Nicaragua transcurren con los rivales encarcelados o en el exilio, cuando sabemos que eso no es cierto.
Ningún candidato está prisionero, ni en el extranjero, ni sometido a investigación, porque los que acudieron a llenar las formalidades están en la papeleta electoral. Los que están en el banquillo de los acusados por utilizar dineros provenientes de yanquilandia para promover la inestabilidad en el país no hicieron nunca gestiones para su inscripción: no tienen partido ni fueron propuestos por organización política alguna. USA no tolera intervenciones extranjeras en su territorio. Tiene una falsa propaganda acusando a Rusia de haber interferido en sus elecciones. Pero ellos si se creen autorizados a meter sus sucias manos en nuestros países.
Los norteamericanos están metidos en el ajo tan ciertamente que el propio presidente Biden tiene en su escritorio el borrador de una resolución destinada a estrangular a Nicaragua para expulsar el régimen sandinistas, una resolución que es copia al carbón de las muchas que se han aprobado en contra de Cuba, de Venezuela, de Irán y de Siria. Pero tras la voluntad norteamericana de deshacerse de los gobiernos que proclaman una auténtica autonomía e independencia del imperialismo yanqui, están muchísimos periódicos y periodistas, con lo bolsillos llenos de dólares, propagando mentiras en torno a lo que realmente ocurre en Nicaragua. Con ese afán de desbaratar a los gobiernos progresistas estos demócratas preparan una huelga golpista en Bolivia, y Borrel, el canciller de la Unión Europea –un país con grandes desigualdades- quiere convertirse en el censor internacional válido que dirá si las elecciones en Venezuela son legítimas o no. Pero estos demócratas de USA y del resto de América Latina, en donde hay muchísima miseria y abandono de la gran mayoría de la población, tienen dos miradas: con el ojo derecho censor ven a Cuba, a Nicaragua, a Venezuela, a Perú, a México, a Argentina: en estos países, a su criterio, todo funciona mal.
Pero con el otro ojo benevolente solo ven maravillas en Colombia, Ecuador, Chile, Guatemala y otros países gobernados por sabandijas pro yanquis que han cometido asesinatos en contra de los protestantes. Ese doble rasero les ha llevado a cerrar ojos y oídos frente a lo que ocurre en Honduras pero comienzan a echarle chinitas a El Salvador que pareciera se encamina por una camino no deseado para Biden. En Honduras hay un candidato a las elecciones del 27 de noviembre encarcelado: fue puesto prisionero mientras ejercía propaganda electoral para su candidatura: estos medios mentirosos se han llamado al silencio. La acusación: lavado de dinero y tráfico de drogas. De esos mismos crímenes están mencionados el presidente, los jerarcas militares y otros funcionarios de alto nivel sin que se les investigue ni se les encarcele. Biden, mientras tanto, debía su mirada.
Hoy por la mañana han arremetido en contra de López Obrador y en contra del Presidente Alberto Fernández. Quieren que ellos sirvan de punta de lanza en contra de la Revolución Sandinista, que metan sus manos en dónde no deben, que bloqueen al gobierno sandinista como lo hacen otros miembros de la desvergonzada OEA a la cual le da toda la credibilidad la agencia Human Rigths. . Quieren que se conviertan en sus aliados y en lacayos del imperialismo.
Dicen que la única alternativa de los nicas es quedarse en casa y no votar porque el virtual ganador es Ortega y desde el extranjero, en donde hoy pocos nicas porque la situación en la tierra de Darío no es como la de Guatemala, El Salvador y Honduras, desde donde provienen la mayoría de los migrantes, más que migrantes hombres y mujeres que huyen de la miseria y la criminalidad de sus países; pues bien, estos nicas que se dan la gran vida en el extranjero llaman a no votar, junto con El País de España.
Vean si no son realmente cretinos: hay varios candidatos de la oposición inscritos en la papeleta electoral que adversan a Daniel. ¿Por qué si la oposición es realmente la mayoría en Nicaragua no actúa con sensatez y llama a votar por uno de esos candidatos de la oposición y derrotan a Ortega? Pues simplemente porque son únicamente el rezago del somocismo que ya fue derrotado con las armas y varias veces en las urnas en Nicaragua, en donde la esperanza de ese país la representa el Sandinismo.
* Dr. Víctor Manuel Ramos Rivera es médico y escritor hondureño con una distinguida trayectoria en la vida cultural, académica e intelectual de su país
Fuente: http://www.tortillaconsal.com/tortilla/node/13324
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Ver también:
Testimonio sobre las elecciones presidenciales en Nicaragua
Desmintiendo mitos sobre las elecciones en Nicaragua, atacadas por EEUU, la UE y la OEA