
Cesar Manzanos Bilbao
Algunos sindicatos y asociaciones de prisiones cuantifican las agresiones que se producen en las mismas realizando un recuento un tanto peculiar. Únicamente miden las supuestas agresiones y situaciones de violencia de las personas presas hacia funcionarios de prisiones, pero parece que no les preocupa, o que no existen, las agresiones y abusos por parte de funcionarios o entre personas recluidas. Solo parece interesarles su propia seguridad y velar por sus intereses económicos. En lugar de plantearse cuáles son los motivos por los que las prisiones no son lugares seguros para nadie, sus planteamientos se reducen a reivindicarse como agentes de la autoridad para brindarse aún más si cabe, exigiendo además mejoras salariales que, pudiendo ser o no legítimas, no deberían basarse en la construcción de una imagen generalizada y falseada de las personas presas como seres violentos y agresivos.
No reparan en que, si se encierra a una persona, se la sanciona aislándola o se la priva de su intimidad y de un trato digno, lógicamente, se están creando las condiciones para que pueda explotar y reaccionar con vehemencia. Y si los reos no reaccionan así, es porque saben que, si lo hacen ante cualquier abuso de autoridad, o si denuncian la privación de derechos, tienen las de perder. Siempre prevalece la versión del funcionariado, pudiendo ser acusados de falsedad y ser represaliados por ello.
El grave problema que hoy existe en el sistema carcelario es que es incapaz, no ya de “resocializar”, sino de velar por la seguridad jurídica de las personas encarceladas, así como de garantizar los derechos legalmente establecidos como son la vida, el trato digno, la intimidad o la salud. Esto es lo que genera violencia y tensión entre las personas presas, y entre estas y el funcionariado de prisiones. Se crea frustración, desesperación, deseos de venganza, en definitiva, un clima conflictivo y violento en las cárceles que solo se puede erradicar con respuestas alternativas al castigo y al encierro, que las hay, pero no se aplican.

César Manzanos Bilbao, Doctor en Sociología, Salhaketa Araba.
Violencia carcelaria
Aquí, en ESPAÑISTÁN, ni siquiera se pueden hacer denuncias políticas -(((e incluso las denuncias ante la podrida, clasista, corporativista, supremacista PODER JUDICIAL-«justicia» pueden convertirse en una auténtica pesadilla para la más que supuesta víctima del tipo que sea, si dicha víctima es un Don Nadie)))-, no se pueden hacer denuncias políticas o en medios de comunicación porque se corre el serio peligro y cierta amenaza de ser violado con eso de «delito» de injurias, etc., etc., etc. contra algún más que supuesto victimario.
Es decir, que aquí en ESPAÑISTÁN, para explicar situaciones y/o casos «aislados» de crímenes de lesa humanidad, abusos, etc., etc., etc. se tiene que recurrir a hacer películas -(((de bajo presupuesto, claro, pues las de la alta industria capitalista-pesebrera jamás van a explicar nada de todo esto de ESPAÑISTÁN)))- y luego al final de la película de bajo presupuesto hacer la consabida ADVERTENCIA: «CUALQUIER PARECIDO CON PERSONAS DE LA VIDA REAL, ETC. ES PURA CASUALIDAD Y BLABLABLA», para así evitar ser violado otra vez más con eso de «delito» de injurias y blablabla.
Bien, también cabe la posibilidad de exiliarse a algún país del que no vayas a ser extraditado a ESPAÑISTÁN porque hagas uso de tu libertad de pensamiento y de tu libertad de expresión, de denuncia política, etc., etc.