Queridos lectores:

Ayer, mientras aún me encontraba en Toulouse, escribí un mensaje en el canal de Telegram en el que difundo noticias de este blog y anejas. Dicho mensaje, en el que llamaba a una movilización de todas las personas concienciadas con el verdadero alcance de la crisis energética, alertaba sobre sus previsibles efectos a corto plazo sobre Europa y cómo eso favorecerá la implantación de discursos simplistas y fascistoides, y que por eso era crucial ocupar el espacio de debate desde ya.

El mensaje se difundió rápidamente por las redes, siendo muchas veces replicado (aquí un ejemplo en LinkedIn, aunque creo que sobre todo ha corrido por WhatsApp, Telegram y similares). Quizá porque el tono del mensaje no es el habitual que yo suelo usar, y porque me encontraba de viaje y no fui muy reactivo en las redes, hay bastantes personas que han pensado que es un mensaje falso y que alguien me había hackeado el canal de Telegram. Así pues, creo que debo una explicación de qué es lo que digo y por qué lo digo, y a eso dedicaré el post de hoy.

Qué está pasando.

Están pasando muchas cosas, y llevan pasando meses. Desafortunadamente, no las he ido reportando regularmente en este blog como hacía antaño, en parte por la carga de trabajo, en parte porque he aceptado dar muchas charlas (el momento lo justifica), en parte porque en verano estuve acabando mi último libro donde detallo muchos de los procesos en marcha, en parte porque blogger está fallando mucho (y probablemente acabaremos migrando el blog a otra plataforma) y en parte porque últimamente atiendo a muchos medios de comunicación y escribo ensayos en otros medios, particularmente en Contexto y Acción. Eso puede hacer que aquellos lectores de este blog que no sigan mis publicaciones regulares en Twitter u otros medios no sean conscientes del alcance de lo que pasa ahora mismo. Sin pretender hacer un análisis muy exhaustivo (que preferiría dejar para otro post de la serie «Crónica del caos»), describiré someramente los aspectos generales de «lo que está pasando».

Europa está en este momento en una situación crítica. Es mucho peor de lo que mucha gente se imagina. El corte de suministro del gas proveniente de Rusia (que antes de la guerra en Ucrania representaba el 40% de lo que se consumía en la Unión Europea) no puede ser cubierto de forma completa con cualquier posible combinación de otros proveedores (y eso incluye el propio gas ruso que China nos reexporta por buques metaneros). El anuncio el pasado mes de julio de un recorte de un 15% del consumo de gas por los países de la UE (reducido al 7% en el caso de España) no es ni de lejos suficiente para cubrir las «necesidades» del Viejo Continente. Pongo entre comillas «necesidades» porque éstas implican el consumo de la potente industria europea, que en la actual situación lo más probable es que acabe colapsando de manera más o menos completa, y en ese caso la demanda de gas de la UE caerá en picado, al mismo ritmo que aumenta el desempleo y la miseria. Es difícil exagerar la gravedad de la situación industrial de Europa: tanto la industria metalúrgica como la química enviaron sendas misivas a la Comisión Europea para comunicarles que no pueden continuar su actividad con los actuales precios de la energía y que se veían abocados al cierre de sus actividades en Europa y la deslocalización a otros territorios más asequibles. Una de las amenazas más severas al tejido industrial europeo es la situación del gigante químico BASF. La viabilidad de BASF se basaba en dos premisas básicas: la optimización extrema de las economías de escala con su macrocomplejo de Ludwigshafen, y el gas barato proveniente de Rusia. Recordemos que Rusia emprendió sucesivas reducciones del flujo de gas a través del gasoducto NordStream 1, que conecta directamente Rusia con Alemania, hasta su detención total en julio; recordemos también que Alemania se ha visto obligada a nacionalizar tres grandes empresas distribuidoras de gas (Uniper, VNG y SEFE) para evitar el colapso de sus sistema gasístico. Pero BASF está renqueante, y si BASF detuviera sus operaciones toda la industria europea se vería afectada, ya que BASF proporciona todo tipo de productos (plásticos, disolventes, reactivos para metalurgia, medicamentos, etc) a buen precio que hacen la industria europea lo suficientemente competitiva. Si BASF cae, todo cae. Éste es el contexto en el cual tiene lugar la voladura de los gasoductos NordStream 1 y NordStream 2. Ahora ya no hay vuelta atrás. Alemania anuncia el establecimiento de unas cuotas de gas por persona, un mínimo vital (un racionamiento, a fin de cuentas) y también que cortará las exportaciones de electricidad, ya que consumen mucho gas natural. Exportaciones eléctricas de las que actualmente Francia es muy dependiente, con 31 de sus 57 centrales nucleares paradas y sin fecha clara para su reapertura.

Y en este contexto, España cortó sus exportaciones de electricidad hacia Marruecos, Portugal y Francia durante las horas punta de consumo de los días 4 y 5 de octubre. La producción prevista ya el día anterior no daba para cubrir la demanda proyectada, y la única opción fue detener las exportaciones.

Este tipo de situaciones, en las que con un día de anticipación ya se sabe que no se podrá cubrir todo el consumo, son infrecuentes. Muy infrecuentes. Las razones de la caída de la producción fueron una parada programada de la central nuclear de Almaraz y el nulo viento en esos días. Pero en condiciones normales se hubiera usado más gas natural en las centrales de ciclo combinado, y listos. Sin embargo, si se han fijado en su factura eléctrica, actualmente la compensación del coste del gas natural hace que el precio de la factura se duplique (bajo la rúbrica «Compensación gas natural RDL 10/2022»). La situación podría ser peor: España, con el mecanismo de topado de precio, evita tener que pagar toda la electricidad al precio del gas natural (cosa que está pasando en toda Europa), y así, las facturas eléctricas, que en España se han multiplicado por 2 o por 3, en la mayoría de Europa se están pagando a precios entre 5 y 10 veces superiores a lo de otros años.

España podría haber decidido quemado más gas, pero no lo hizo. No lo hizo porque no tiene sentido encarecer más el precio de la electricidad simplemente para que la consuman nuestros vecinos, encima a mejor precio que la de su propia electricidad en el caso de Francia. En España, al igual que en Europa, ya se está gastando más gas de lo habitual para generar electricidad por la necesidad de estabilizar la red eléctrica (algo que el maestro Beamspot ya ha abordado parcialmente en su serie «La lavadora de medianoche» y que se extenderá en futuras entregas). En suma, España no parece dispuesta a asumir los riesgos eléctricos y financieros de sus vecinos. Como decía recientemente Fatih Birol, la crisis energética puede deshacer la Unión Europea. Eso significa también que estamos solos. En realidad, cada Estado de Europa está ya solo para hacer frente a lo que viene, a este invierno. Es un sálvese quien pueda.

Conviene también recordar que la escasez de diésel ya está empezando a hacer mella en Europa. En la actualidad, falta casi el 25% del consumo de diésel de Europa, el cual se está cubriendo con las reservas estratégicas de algunos estados: Austria, Croacia, Suiza, Alemania y ahora Francia por culpa de las huelgas en las refinerías de Total. Pero las reservas estratégicas están ahí, se supone, para cubrir las necesidades delante de problemas puntuales, limitados en el tiempo. Las autoridades de todos esos países asumen que sus problemas son pasajeros, coyunturales. Lamentablemente, no lo son del todo, hay una fuerte componente estructural. Y vaciar las reservas estatales no es la mejor manera de comenzar el inevitable racionamiento que acecha en el horizonte (el cual solo puede retrasar una crisis tan fuerte que haga bajar temporalmente el consumo).

El problema de la falta de combustible no afecta solo a Europa. De hecho, ha afectado mayoritariamente a todo el planeta. Y últimamente también a los EE.UU.: la Secretaria de Estado de Energía exhortó hace un par de meses a las compañías petroleras a moderar sus exportaciones y a priorizar el mercado nacional, amenazándolas incluso con medidas ejecutivas. Con precios altos de la gasolina por todo el país y las elecciones de medio mandato en el horizonte, los EE.UU. han visto como un acto hostil el anuncio realizado por la OPEP+ de reducir en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus objetivos de producción de petróleo. Según la OPEP+ (que, no lo olvidemos, incluye a Rusia), el objetivo es mantener unos precios suficientemente altos para el petróleo delante del riesgo de recesión. Cosa realmente chocante, si se tiene en cuenta que el precio no era bajo en el momento de la decisión (más de 80 dólares por barril) y que los inventarios mundiales están en mínimos. En realidad, lo que ha hecho la OPEP+ es oficializar el hecho de que no pueden producir más petróleo, sino menos: hace meses que están a 3,5 Mb/d por debajo de los objetivos, sin ser capaces de revertir la tendencia. La OPEP ya ha superado su peak oil. Arabia Saudita probablemente ha pasado ya su peak oil. Pero nadie quiere hablar de ello.

Qué va a pasar.

Con estos mimbres, este invierno va a ser un sálvese quien pueda, en todo el mundo y particularmente en Europa y quizá en EE.UU. Va a faltar energía. Va a haber repetidos cortes de luz, programados seguro (cortes rotatorios) y accidentales posiblemente (aunque en España es probable que no haya ningún corte de luz reseñable, pero en Europa es ya inevitable). Va a morir gente de frío. Va a producirse un hundimiento industrial, con despidos en masa. Y si el descenso industrial no es suficientemente rápido, va a acabar habiendo racionamiento de diésel (que aunque a España no le debería afectar, porque está tan bien abastecida que incluso exporta, de acuerdo con el paquete REpowerEU aprobado por la Comisión Europea en mayo se le puede imponer racionamiento si otros países se ven obligados a racionar, y que exporte los excedentes así creados hacia esos países). En el peor de los casos, comenzarán a faltar incluso alimentos. Y todo eso durante este mismo invierno.

Y cuando pase el invierno las cosas mejorarán, pero solo un poco: sobre todo por lo que se refiere al frío, y en menor medida por lo que se refiere a la escasez de energía. El problema ha venido para quedarse, y aunque habrá altibajos, va a seguir una tendencia a la creciente escasez en los próximos años.

Estamos entrando ya en el Oil Crash. El escenario que hemos querido prevenir, el escenario que hemos querido evitar, el escenario para que el que nos queríamos preparar, ya está aquí.

El por qué del llamamiento.

Porque ahora es la última oportunidad para hacer entender que el problema es estructural, que se trata de algo previsible y previsto. Y que no se sale de él con soluciones fáciles, con las eternas promesas de unas soluciones tecnomágicas que no acaban de realizarse.

Ciertamente, entre las personas que trabajamos sobre el problema de la crisis energética y la transición ecológica hay una gran disparidad de opiniones. Hay gente, como yo, que vemos muchas limitaciones en el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se quiere imponer a machamartillo, mientras que hay quien cree que sí que es la solución. Eso ahora mismo no importa, porque hay algo más importante en juego.

Cuando el Oil Crash debute con fuerza en Europa este invierno, la población se quedará en estado de shock. No se lo podrán creer. No se lo querrán creer. La gente sufrirá, perderá su empleo, pasará frío, pasará hambre. Y se desesperará.

Tenemos, urgentísimamente, que ocupar el espacio del debate, antes que el ruido de todo al caer haga imposible escuchar ninguna voz, antes que la desesperación colectiva arrastre a la mayoría social en brazos de aquellos que les prometen soluciones sencillas a problemas complicados. El espacio que nosotros no ocupemos ahora, otros lo llenarán, con un discurso de odio y resentimiento, de represión y de autoritarismo.

Tenemos que tener unidad en medio de la diversidad. Ahora es el momento de actuar. Probablemente, es ahora o nunca. O hacemos escuchar la voz de la razón, o empezamos a imponer un poco de sentido de común en las discusiones sobre nuestro futuro como sociedad, o seremos aplastados por la apisonadora del populismo y del odio.

Es ahora o nunca. Escojamos ahora.

Salu2.

AMT

Fuente con muchos links: https://crashoil.blogspot.com/2022/10/el-por-que-de-un-llamamiento.html

One thought on “El porqué de un llamamiento”
  1. El porqué de un llamamiento
    Para los que aún no conocen a Antonio Turiel, excelente persona por su generosidad con todo el mundo y físico reconocido internacionalmente, recomiendo vivamente sus escritos en prensa, conferencias que están en Youtube, etc., las más de mil páginas en castellano de su The oil crash, etc., aquí: https://crashoil.blogspot.com/

    «Hay que saber que Turiel, nacido en León hace 52 años, lleva dando la matraca con el tema del fin del petróleo desde enero de 2010, cuando abrió el blog The Oil Crash, inicialmente centrado en el llamado “pico de petróleo”, una teoría que indica que una vez se alcanza el punto de extracción máxima de crudo, el sistema basado en la economía del petróleo comienza a sufrir problemas graves.»

    Tan graves como los que ha descrito en este artículo suyo. Entonces ¿qué ocurre que la gente no se espabila? Esta situación es demencial porque él no puede más y sin embargo todos los demás, a quienes él -gratis et amore- previene y avisa, que serán perjudicados, no mueven un dedo.

    Con otras palabras: Lo que escribió el filósofo Johan Huizinga, experto en la Edad Media, probablemente se repetirá en nuestro tiempo.

    Cuando escribía sobre el otoño de la Edad Media, sostenía que a medida que las cosas se desmoronan, se abraza el sadismo como una forma de afrontar la hostilidad de un universo indiferente. Una vez roto el vínculo con un objetivo común, una sociedad fracturada se refugia en el culto al yo.

    Se celebra, tal como hacen las empresas y corporaciones en Wall Street o la cultura de masas a través de los programas de telerrealidad, los rasgos clásicos de los psicópatas:

    encanto superficial, pomposidad y arrogancia; necesidad de un estímulo y una excitación constantes; inclinación a la mentira, el engaño y la manipulación, e incapacidad para el remordimiento o la culpa. Consigue lo que puedas, tan rápido como puedas, antes de que algún otro lo haga.

    Este es el estado natural de la “guerra del todos contra todos”; como consecuencia del colapso social.

    Cuesta entender en qué está pensando la juventud que no sale a la calle a exigir un cambio inmediato de 180 grados en la política energética, de forma que toda la población pueda disfrutar de alguna cantidad para sobrevivir mientras llega una solución sin una guerra de todos contra todos.

    No es que los adultos no tengan que hacerlo, al contrario, son los responsables, cada uno en su medida, pero está claro que no lo han hecho en su tiempo y no lo hacen ahora tampoco, luego no podéis esperar más. Puede ser que no lo entienden, que no aprecian su vida, que no se atreven a intentarlo, que creen que ellos se van a salvar del desastre (sin explicar a sus hijos cómo) … ¡Qué más da!

    Si eres joven y quieres vivir bastante más años de los que has cumplido, tienes que pasar a la acción sin demora, desgraciadamente nadie lo ha hecho por ti ni lo hará. Es preciso reunir solidaridad, organización, compromiso, constancia, valor y la unión para defender la supervivencia de millones de seres humanos.

    Literalmente un objetivo político de la mayor importancia literalmente+, nada que ver con firmar por Internet un potingue cocinado por gente que sabe que eso es un timo para incautos. Sería además un ejemplo para los jóvenes de otros países.

    La guerra de la OTAN contra Rusia lo confirma, las grandes multinacionales siguen ganando cada vez más dinero gracias a que el uso de petróleo y minerales para la guerra es inmenso. La OTAN busca desmembrar a Rusia, quedarse con sus riquezas naturales y repartir el botín de guerra, ¿con vosotros? No, para uso y disfrute de los estadounidenses y con suerte con algunos despojos para sus aliados.

    Esto está escrito desde hace décadas en los informes de los infames «think tank», los institutos de análisis geoestratégicos de todos los países del bloque imperialista. Las cartas de navegación ya están listas, pero no aparecen en los anuncios de los intermedios de los partidos de fútbol ni en los de la televisión, ni en la publicidad de las tiendas de moda, ni en las cadenas de pizzas y hamburguesas, tampoco te lo dirá el gobierno, es el que menos quiere que se sepa, tendría que renunciar a la OTAN, al saqueo de las riquezas de países empobrecidos, a las ínfulas imperialistas extemporáneas, es decir, a su trabajo, mejor remunerado que el vuestro, más que suficiente para coger un avión e irse a mejores climas.

    ¿No hay otra opción? Desde luego, os queda la de ser miembros de la generación que conocerá personalmente el Apocalipsis en primera fila y sin necesidad del Bono Cultural 2022

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