
Carlos Prieto
La magia del cine. Un rodaje de guante blanco convertido en la III Guerra Mundial lisérgica… 25 de octubre de 1979, noche fresca en las afueras de Chicago, el equipo de Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers) rueda una escena rutinaria en una gasolinera perdida. Sobre el papel, era la primera jornada laboral tranquila tras varias semanas de caos, en las que se ha batido el récord de vehículos destrozados en una producción de Hollywood (con 103), agotado la paciencia del estudio (la película tenía que haberse acabado ya, pero aún no se vislumbraba el final) y quemado dinero con gran desahogo (el presupuesto original se había sextuplicado). Lo que debía haber sido una película barata de estudio igualaba ya lo gastado en Apocalypse Now, solo que lo de Coppola estaba un poco más justificado (rodaje en Filipinas con tifones y helicópteros a gogó), mientras que aquí… aquí lo que veían los ejecutivos que pagaban la fiesta era a unos cómicos televisivos sin rumbo, dejando Chicago echo unos zorros con absurdas persecuciones automovilísticas, demasiado colocados para rematar el filme con sentido. El runrún de desastre en ciernes empezaba a ser un clamor, con la prensa hollywoodiense recreándose en su subgénero masoquista favorito, cuchichear sobre el triunvirato rodaje fallido/ tortazo en taquilla/cráter financiero.
Surfeando la ola que amenazaba tsunami estaban dos jóvenes cómicos, Dan Aykroyd y John Belushi, a los que casi nadie conocía cuatro años antes, cuando aparecieron en un nuevo programa que era la comidilla del show business: Saturday Night Live (SNL), de donde salió el sketch primigenio -dos hermanos con una banda incendiaria de blues- que ahora quería ser película. De entre todas las bromas hechas realidad esos años por Aykroyd & Belushi, los Blues Brothers era la más gorda (y potencialmente catastrófica).
Si RTVE se vio en el abismo con el astracán Chikilicuatre en Eurovisión, los Blues Brothers tensaron a lo grande los límites entre humorismo y realidad según fueron subiendo de escala. Una cosa eran Aykroyd y Belushi disfrazados de bluesmen en SNL, y otra bien diferente (como estaba ocurriendo) que sacaran un disco, giraran por el país y le hicieran el roto del año a Hollywood.
El proyecto Blues Brothers ni siquiera tenía el pleno apoyo de los suyos -la bohemia cultural- pues sonaban a apropiacionismo cultural: dos exitosos hombres blancos homenajeando de risas a la música negra. Muchos ingredientes, por tanto, para que la broma les estallara en las manos… y todavía no hemos hablado de las tendencias autodestructivas de Belushi…
Tras la retirada de Chevy Chase de SNL, Belushi se coronó como macho alfa del programa, por encima de Aykroyd o Bill Murray. Belushi, el cómico más explosivo de su generación, entró definitivamente en órbita con su primera película, Desmadre a la americana, desbarre sobre fraternidades universitarias que costó poco y recaudó mucho (dirigido por John Landis, como Granujas a todo ritmo).
Belushi tenía una relación conflictiva con la fama y un fuego interior inapagable, pero también tirón popular. Resumiendo: en 1979, cuando llegó el rodaje de Granujas a todo ritmo, estaba en condiciones industriales de hacer lo que le diera la gana, y lo iba a hacer, como cuenta ahora The Blues Brothers – Granujas a todo ritmo, ensayo de Daniel Visé sobre cómo un sketch musical tomó el mainstream estadounidense al asalto y casi acabó con sus protagonistas. O sin casi. Edita Libros del Kultrum.
Descontrol e incomprensión
Aclarado lo cual, volvamos al principio, a esa gasolinera abandonada a las afueras de Chicago, a esa jornada presuntamente rutinaria del rodaje del filme. Dentro extracto del libro sobre el rodaje en la gasolinera:
«Sintiéndose el chivo expiatorio de los crecientes retrasos, enfadado de veras, John pidió una botella de vino. Le llevaron una botella de vino, pero aguada. Y entonces se cabrea… Con la paciencia agotada, Landis se acercó a la caravana de su protagonista y llamó a la puerta. Dentro, John estaba sentado con el pelo revuelto y la mirada perdida. Encima de un escritorio había una montaña de cocaína. –John, te estás matando –gritó Landis–. No le hagas esto a mi película. Ni me lo hagas a mí. No se lo hagas a Judy [la mujer de Belushi]. No te lo hagas a ti mismo. A John se le caía la cabeza de los hombros. Landis recogió el polvo blanco, «probablemente por valor de cien mil dólares», y lo tiró por el retrete. Eso provocó una nueva reacción. John se puso en pie, murmuró: «Landis, cabrón de mierda», y se abalanzó sobre su director, tratando de apartar a Landis y salvar los restos de su alijo. Forcejearon como luchadores borrachos. John rompió a llorar y a la postre el forcejeo acabó en un abrazo. Landis también se echó a llorar. «John, esto es una locura», gimió. Judy irrumpió en la caravana, atraída por el jaleo. Al final, Dan convenció a John para que saliera a filmar una breve secuencia en la gasolinera, en la que Jake Blues mira el reloj, rompe una botella contra el asfalto e insta a Elwood a volver a la carretera. John terminó la toma antes de desmayarse. Los miembros del equipo lo llevaron de vuelta a su remolque. Judy llamó a una enfermera, que le indujo el vómito. Un chofer llevó a los Belushi a su apartamento en la torre Astor. Judy y Dan velaron a John. John vomitó periódicamente durante toda la noche. Judy escribió en su diario: «¿Qué le puede estar pasando por dentro para que sea tan infeliz?».
Ni siquiera es uno de los sainetes toxicómanos más fuertes protagonizados por Belushi durante el rodaje del filme. ¿Qué pasaba por la cabeza a Belushi? De naturaleza compulsiva, enganchado a la cocaína y a los quaaludes (sedante hipnótico típico de la época), el Belushi celebritie fue una montaña rusa en la que solo él tenía el control total del acelerador y el freno.
En medio de este sindios, y con los tambores del fiasco sonando en Hollywood, Landis logró poner fin al rodaje de los Blues Brothers en Los Ángeles, con cameos de iconos musicales como James Brown y Aretha Franklin, cuyas carreras declinaban tras el boom de la música disco. El trabajo de Landis ya estaba hecho: una comedia musical enloquecida con blues y explosiones. Ahora faltaba la recepción de la crítica y el público. La de la crítica fue mayormente mala, algo esperable hasta cierto punto: lo malo de las campañas de prensa sobre rodajes desastrosos es que tienen algo de profecía autocumplida, cuando una peli sale cruzada del rodaje (con razón o sin ella) suele costarle enderezar su rumbo comercial, cuando el río suena, será que agua lleva.
Extractos de las críticas a los Blues Brothers: «El Sr. Belushi y el Sr. Aykroyd solo tienen unas tres escenas divertidas en el transcurso de una cinta eterna como un día sin pan» (New York Times). «Un naufragio de 30 millones de dólares» (Los Angeles Times). «Comedia monstruosa y cargante» (Washington Post). «El capricho cinematográfico más caro jamás realizado» (Newsweek). También se acusó a los cómicos de parasitar la música negra: «Está claro que Belushi y Aykroyd pretendían rendir un homenaje a los grandes intérpretes negros que les han inspirado, pero dicho homenaje corre el riesgo de ser un insulto y una estafa en toda regla», contó otro medio. «Casi todo el mundo odiaba la película», resume el libro.
No obstante, las críticas más políticas perdieron pie cuando Aretha Franklin y James Brown salieron a defender el filme, que acabó resucitando sus alicaídas carreras musicales. Lo dijo James Brown en 1980: «Aquella película se hizo con mucho amor y nos dio a todos otra oportunidad». La clave del éxito fue que el público se alineó con los Blues Brothers, que costó 30 millones de dólares, pero recaudó 115.
El estatus de culto del filme vendría con el tiempo. Ahora está en todas las listas de las mejores comedias estadounidenses de la historia. Años después de su tormentoso estreno, alguno de los críticos que dilapidaron el filme entonaron el mea culpa. Uno de los pocos críticos que la salvó de la quema en 1980 fue el legendario Roger Ebert: «Es un mamotreto grande y estridente que contra todo pronóstico demuestra que, si eres lo bastante ruidoso, lo bastante vulgar y tienes la suficiente energía bruta, puedes convertir una apisonadora en un musical, y viceversa». Ebert lo clavó.
Cuesta abajo y sin frenos
Acabado el rodaje del filme, la apisonadora Belushi no se detuvo. Durante la posterior gira de conciertos y grabaciones de los Blues Brothers, el entorno de Belushi contrató a un ex agente de los servicios secretos, Richard Wendell, para impedir que el cómico se drogara a lo loco. Wendell contaba con las mejores credenciales: antes había hecho lo propio con el guitarrista de los Eagles. Sueldo: 1000 dólares semanales más gastos para que sus patrones no acabaran rotos en mil pedazos.
El tira y afloja entre Belushi y Rendell fue un sainete mayor. Según el libro, todo esto ocurrió la misma noche:
1) «John empezó a trabajar en la sesión [grabación de canción]. Minutos después, un hombre bien vestido entró en el estudio llevando un bastón y botellas de champán, flanqueado por dos mujeres glamurosas. Estaba claro que John le conocía. El desconocido desapareció en el cuarto de baño y luego regresó. Wendell entró en el cuarto de baño. Encontró una papelina de coca que el camello había escondido dentro de un dispensador de toallas de papel, se la guardó en el bolsillo y regresó al estudio. John fue al baño. Volvió y se acercó al traficante. Hablaron furtivamente. «Eso es imposible», afirmó el camello. Volvió al baño y regresó, desconcertado. Los tres hombres jugaron al escondite y Wendell se embolsó cientos de dólares en cocaína. Al final, se sirvió una taza de café y se acercó al camello. –Mira –le advirtió–, si quieres podemos jugar a esto toda la noche, pero va a ser mucho más caro para ti que para mí –dijo, sacando un paquetito del bolsillo–. Ahora bien, si esto fuera solo un edulcorante… –añadió, vaciando la papelina en su café. El camello hizo una mueca. John se acercó a hablar con el camello».
2) «Luego, Wendell vio a Belushi pasearse por el estudio y coger un paquete de cigarrillos Dunhill. Se acercó a John. –Déjame ver esos cigarrillos –le indicó. –¿Qué cigarrillos? –le espetó John. Wendell intentó arrancarle el paquete de las manos. John seguía en sus trece. Ninguno de los dos lo soltaba y al final cayeron al suelo, luchando por los Dunhill. Wendell le quitó el paquete a John, se puso en pie, lo abrió y encontró una papelina en su interior».
3) «John y su nuevo guardaespaldas se retiraron a un restaurante italiano. Wendell observó a John devorar antipasto, espaguetis, raviolis, un plato de carne y un postre. Volvieron al Blues Bar. A la salida, John intentó darle esquinazo, ordenando a su chófer que saliera pitando antes de que el guardaespaldas pudiera montar. Wendell persiguió el coche por la calle Hudson. Al final el vehículo se detuvo. Abrió la puerta y se encontró a John riendo…–¿Por qué estás en esta situación? –preguntó Wendell–. ¿Por qué lo arriesgas todo, así como así? –Es la presión –dijo John–. Las exigencias, las horas. Necesitas drogas para hacer frente a todo lo que la industria te impone. Es difícil estar al servicio de todos todo el tiempo. Además, me hace sentir bien».
No fue la única ocasión en la que Belushi desnudó su alma a su vigilante: «Wendell se lo encontró despierto y asustado. Hablaron de la fama. «Empeora cuanto mejor te van las cosas», le confesó John. «Te ves envuelto en esta industria, y las drogas son inevitables. Estaban aquí antes que yo, y seguirán aquí después de mí». Luego le confió que tenía miedo de quedarse solo».
La cuenta atrás había empezado.
Hollywood ofreció nuevos proyectos a Belushi. Rodó. Se drogó como nunca. Se dejó llevar. Un año y nueve meses después del estreno de los Blues Brothers, murió de una sobredosis.
Necrológicas en caliente: «Vino y se fue como un cometa. Ni lo acogimos así como así, ni lo olvidaremos así como así» (The Washington Post). «Descendió de la nada sobre una nación desprevenida, con el impacto de una bola de bolera lanzada en una cuba de gelatina… Uno de esos raros personajes capaces de capturar el espíritu de una época». (Newsweek).
Con todo y con eso, el legado de Belushi era aún más pequeño de lo que sería con los años.
Días antes de su muerte, Aykroyd le llamó para rogarle que bajara el ritmo. Estaba escribiendo una comedia fantástica para los dos, Cazafantasmas. La película fue un increíble éxito, hizo rico a Aykroyd y famosísimo a Bill Murray, en el papel que Aykord había escrito para Belushi.
Preguntado una vez por el comportamiento errático de Belushi cuando aún estaba vivo, Aykroyd defendió a su amigo con arte. «¿Qué puedo decir? El tipo es un genio, solo que a veces desaparece, deja la tierra de los vivos y se convierte en otra cosa. Es la enfermedad de los cómicos».
Una relación amor/odio
Hablamos con el periodista y escritor Daniel Visé sobre el precio de la fama.
PREGUNTA. Cuando arrancó Saturday Night Live, Belushi envidiaba la popularidad de Chevy Chase, pero cuando él se convirtió en la máxima estrella, fue incapaz de lidiar con la fama. ¿Las contradicciones de Belushi eran mayores que las de una persona normal?
RESPUESTA. Sí. Creo que Belushi tenía una relación de amor y odio con la fama típica de muchas celebridades en conflicto, como Kurt Cobain y otros que murieron jóvenes. Belushi era muy ambicioso y trabajó muy duro para hacerse famoso. Sin embargo, cuanto más famoso se hacía, más chocaba con la presión y la atención que conllevaba esa fama. Su estrategia para afrontar la situación fue el alcohol y las drogas, y cuanto más famoso se hacía, más consumía. Por lo tanto, varios de sus mejores trabajos (y actuaciones más sobrias) se produjeron al principio de su carrera, cuando era menos famoso. La misma regla se aplica a sus películas. En Desmadre a la americana, que hizo cuando era menos famoso, no se excedió con las drogas y su actuación fue triunfal. En la época de los Blues Brothers, cuando su fama era abrumadora, tuvo problemas de drogas mucho peores y su trabajo se vio afectado por ello.
P. En vida de Belushi, el director John Landis dijo que podría terminar siendo el más grande de todos… si no se autodestruía antes. ¿Su entorno era consciente de que el destino fatal le acechaba y nadie pudo hacer nada para remediarlo?
«Su estrategia para afrontar la fama fue el alcohol y las drogas, cuanto más famoso, más consumía»
R. Los amigos cercanos y seres queridos de Belushi sabían que tenía una personalidad autodestructiva y, en algún momento, entendieron que había grandes posibilidades de que su carrera colapsara por sus adicciones. ¿Cuándo llegó ese momento? Quizás fue en la época en que filmaron los Blues Brothers. Durante el rodaje en Chicago, estuvo a punto de morir dos veces por sobredosis. Algunas de sus peores actuaciones en Saturday Night Live se produjeron en esa época, como ese infame episodio con Kate Jackson a principios de 1979, en el que se vio a Belushi en bastante mal estado. Si hubo un punto de inflexión quizás fue ese año. La primera vez que los seres queridos de Belushi intentaron una intervención [para reconducir sus adicciones] fue a principios de 1980, tras concluir el rodaje de los Blues Brothers.
P. El loco ritmo de trabajo en SNL era tal que, en ocasiones, sólo parece posible seguirlo esnifando cocaína. ¿Hasta qué punto esta droga -de la que entonces apenas se conocía su lado oscuro- estaba integrada en la vida cotidiana de Belushi y otros miembros del star system de su generación?
R. Los adultos jóvenes de las industrias de la improvisación, la televisión y el cine comenzaron con la marihuana, en la década de los setenta, pero se graduaron con la cocaína en cuanto tuvieron suficiente dinero para pagarla. No todo el mundo fumaba marihuana o esnifaba coca, pero ambas eran omnipresentes, tanto en SNL como en los rodajes de películas relacionadas, como los Blues Brothers o El club de los chalados. Curiosamente, los artistas y escritores de los primeros días de la carrera de Belushi (en Second City [teatro de comedia e improvisación en Chicago] y National Lampoon [revista satírica]), hablaban de que muchas drogas circulaban por ahí, incluido el LSD, pero el consumo de cocaína era todavía limitado, en parte porque no tenían aún capacidad para pagarla. Pero, a finales de los setenta, todas las estrellas de SNL tenían dinero de sobra para comprar cocaína si querían.
P. Volví a ver los Blues Brothers hace poco y diría que gana con el tiempo, ¿Por qué crees que permanece tan fresca?
R. La clave de su atractivo es que funciona como escaparate atemporal de grandes intérpretes musicales de la era de la posguerra: Aretha Franklin, James Brown, Ray Charles y todos los demás. La película es inmortal sólo por esa razón, de la misma manera que la gente siempre volverá a A Hard Day’s Night para ver a los Beatles en su mejor momento, o al documental de Woodstock para ver a Jimi Hendrix. En segundo lugar, creo que es una de las mejores obras de la generación de la improvisación, la pandilla detrás de Second City, National Lampoon y SNL, impulsores de grandes películas como El día de la marmota, This is Spinal Tap o Aterriza como puedas. En mi opinión, los Blues Brothers supera a todas ellas por la música.
P. Los Blues Brothers podrían haberse quedado como un mero chiste. Hasta corrieron el riesgo de ser repudiados por reírse de la música negra. Sin embargo, se volvió un asunto muy serio. ¿Cómo trascendieron su estatus de broma?
R. Hasta cierto punto, la música fue una de las pocas cosas que los jóvenes de los setenta se tomaron en serio. Ciertamente, Aykroyd y Belushi se tomaron muy en serio su música. El público se dio cuenta de eso desde la primera vez que actuaron en Saturday Night Live, en 1978. Se mantuvieron serios durante sus actuaciones con Steve Martin en Los Ángeles ese otoño, y durante la realización de la película y gira posterior. Claro que los Blues Brothers era una comedia, pero [los personajes] de Jake y Elwood nunca sonreían, parecían inexpresivos, el humor se arremolinaba a su alrededor. Ciertamente se tomaban muy en serio a los ídolos del R&B que actuaron en la película, y no creo que sus jóvenes fans tuvieran problema en comprender que se trataba de un proyecto serio, al menos en la parte musical.
P. ¿Fue la química cómica entre Aykroyd y Belushi como los Blues Brothers un reflejo de su relación en la vida real? Me refiero al contraste entre un carácter más volcánico (Belushi) y otro más flemático (Aykroyd).
R. Sí. Belushi y Aykroyd emergieron de esa película como uno de los grandes dúos de comedia, es prácticamente el único lugar donde se vio su relación en todo su esplendor. Se convirtieron en los mejores amigos desde el día en que trabajaron juntos en Saturday Night Live. Parecían caracteres opuestos (tanto físicamente, como en personalidad y hábitos), pero, por supuesto, eran mucho más parecidos de lo que imaginas. Ambos eran músicos, hicieron teatro serio en el colegio, se graduaron en improvisación y comedia, actuaron en las mismas compañías (Second City). Caminaron por caminos paralelos y siguieron carreras paralelas. Creo que cada uno estaba fascinado por las diferencias del otro. Belushi dijo una vez que Aykroyd era el Señor Cuidadoso y él el Señor Jodelotodo.
Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2024-08-21/belushi-libro-blues-brothers_3945155/