Nuevamente publicamos un artículo de la única e inigualable Marta Peirano (como me gusta esta mujer, por favor), autora del imprescindible blog La Petite Claudine

trenzas.gifHace
unos años estaba yo sentada en una terraza con una amiga y su hija de
tres años cuando una completa desconocida se acercó y le dijo: ¡uy qué niña más guapa! ¿Cómo te llamas bonita? Y ella le respondió: ¿Y a tí qué te importa? La señora nos miró, nos resopló y de un taconazo se marchó murmurando ¡Vaya lengua que tiene la niña! Con lo mona que es… Mi amiga, sin embargo, se quedó tan ancha. La miró con cariño y me comentó: le tengo dicho que no hable con extraños.
Mi madre me habría cruzado la cara con la mano abierta. Porque a las
niñas de mi generación -no a todas, a muchas- nos educaron para
complacer y no para contestar. Ni para pedir bombones en la casa de las
visitas ni aceptar demasiado aprisa los billetes que algunos familiares
lejanos te dan en las fiestas para comprar petardos y caramelos. Si y
No son palabras muy fuertes para una señorita. Pero, en caso de duda,
la respuesta es sí.

Esta tontería, que parece nada, es una de las razones por las que
somos difíciles las mujeres de mi generación. Si mi señora madre me
hubiera dejado poner en su sitio al panadero de abajo cada vez que me
tiraba de las coletas o sacudir al hijo-pesadilla de la vecina cuando
venia a casa a matar a mis hormigas y comerse mis ratones de gominola
probablemente habría empezado antes a mandar a tomar por el culo a los
pesados de bar. Pero el problema no es sólo mi madre. Alguna que otra
madre de la misma generación también la cagó con la disciplina porque
hay quien aún no ha aprendido que una sonrisa y un «No» también es un
No. No se hagan ahora los sorprendidos.

Vamos a sincerarnos del todo: a muchos de ustedes la honestidad les
jode más que la mentira. ¿Cuántas veces le han pedido el teléfono a una
señorita y les han dicho «uy es que no me lo se ahora». «Es que no
tengo donde apuntar». O, mucho más socorrido: «mejor dame tu el tuyo
que ya te llamo yo». Y luego se han cagado en su puta madre cuando la
señorita no llama o el numero que se llevan a casa es el de la tienda
de peluquines de la calle Fuencarral. Pero ¿qué habría pasado si les
dicen «es que no te lo quiero dar»? No, no, no me contesten que ya se
lo digo yo. Habría pasado pues qué borde eres tia.

«Pues qué borde eres tia» es el preludio de una noche inolvidable, siempre para mal. Aquí nos despollamos con frecuencia de lo pesadas que son las chicas con el tenemos-que-hablar y la monomanía sistemática por hablar de la relación

y que las escuches todas-las-.veces incluso cuando ya lo cuentan con
detalles en su blog y luego lo leen todos tus colegas. Pero hay que
oiros a vosotros cuando os rechazan una copa, incluso cuando es una
completa desconocida. Un «ya te llamo yo si eso» resuelve el problema
por una noche y luego rezamos para no volver a veros o que el orgullo
herido impida nuevas tentativas para la próxima vez. Un «es que no me
interesas» es el preludio de una larga sarta de amonestaciones (si yo
no quiero ligar contigo, si sólo quiero conocerte y hablar) destinadas
a convencer a la dama de la agudeza, ternura y encanto de un
interlocutor no deseado que no comprende que no queremos ni que nos
liguen, ni que nos hablen ni que nada de nada.

Lo creais o no, lo que más nos jode es tener que ser antipáticas
-más que nada porque mi madre no lo aprobaría- pero no he conocido a
ninguna mujer que no se haya metido en una de estas. Y la salida del
lío nunca es satisfactoria: cuando decimos claramente «quiero que me
dejes en paz desde ahora mismo y para siempre jamás» acabamos
recibiendo la afrenta última: somos unas creídas. Como si querer
decidir con quién pasamos el rato fuera un síntoma de vanidad. O somos
todas unas zorras y nos gusta que nos puteen. Como si la charla misma
ya no fuera putear. Si esto pasa en los bares en Internet ya ni te
digo.

Mucha gente hace en la Red lo que no haría en los bares. Y no
digo que se mean en la barra o se sacan la minga en mitad de la pista
porque eso sí lo he visto hacer y en más de una ocasión. Tampoco me
refiero a lo de bajar al cyber a poner a parir a alguien a quien no
conocemos porque eso lo hace todo el mundo, en todos lados, a todas
horas. Me refiero a lo de pensar que porque lees el blog de alguien que
te gusta y te cae simpático ya tienes una relación personal con él. Y
pillarte un rebote del quince cuando se te explica convenientemente que
estas siendo un pesado.

La secuencia es siempre la misma: alguien te manda un mail que tú
contestas con toda la amabilidad que te permite la falta de tiempo. En
un par de mails te das cuenta de que tu interlocutor no te cae bien. Es
más, por alguna razón -probablemente sus ripios, su mensajes
misteriosos o su manía de llamarte martita sin saber que cada vez que
lo hace te dan ganas de arrancarle los pulmones y enseñarselos-, el tio
te irrita. No se lo haces saber porque oyes la mano de tu madre
llegando hacia tu cara a gran velocidad con el anillo de boda y el del
pedrusco de pega, que encima pincha, pero dejas de contestarle pensando
que sabrá leer tu silencio correctamente. Sus mails siguen llegando y
tú los ignoras. Cuando empiezan a tener un tonillo de «contesta de una
puta vez» le explicas que estas ocupada y que, con todo el cariño, te
deje en paz. Entonces empieza el mes de tu vida.

Quién me habrá mandado tener un blog. «Pues qué borde eres
tia» en el bar es una noche de mierda. Desagradable pero finita, en
cuanto te subes al taxi se ha terminado ya. En internet puede pasar que
el menda te siga a tu casa y te espere en la puerta todos los dias para
cantarte rancheras, inventarse cosas sobre ti y contarselas a tus
vecinos o apuntarse -o apuntarte- con una pistola, según le de. «Pues
qué borde eres tia» es una avalancha de mensajes enojosos, amenazas
felices (mi favorita es la de «no pienso escribirte nunca más» que, por
supuesto, nunca cumplen) y un nuevo trol en tu sistema de comentarios.
Con un bouncer, tu sistema rebota y filtra convenientemente sus mails.
Personalmente, el trol me da más igual. El tarado normal hace esto
durante una temporada y después desaparece para -imagino yo- acosar a
la siguiente. El supertarado cambia de correo cada vez que sospecha que
sus mensajes son ignorados y alterna las acusaciones absurdas con los
lloriqueos y las amenazas de muerte con las cartas de amor. Sería hasta
divertido si no fuera tan patético.

Por supuesto que siempre hay un imbécil que te dice «pues no pongas
tu mail en la red» como si el hecho de que hubiera tarados y hasta
supertarados fuera culpa tuya. En términos históricos es la
justificación del violador: si no llevara esa ropa. Si no tuviera esas
tetas. Si no tuviera que pasar por el callejón de detrás de mi casa
cuando vuelve de trabajar. No me puedo creer que a estas alturas haya
que explicar esto pero poner tu mail en la red no significa que estes
pidiendo guerra. igual que salir de marcha un fin de semana no
significa que quieras follar con el primero que te lo pida. O que
quieras follar en absoluto. A veces tengo la sensación que nuestra
adaptación al nuevo medio digital ha avanzado mucho más deprisa que
nuestras habilidades sociales. Si yo tengo una de estas cada tres meses
no quiero ni pensar la que les cae a gente como Xeni, Susannah Berlin
o, sin ir más lejos, a Maria o a Ana Elena Pena. Porque claro, si encima «vas de liberada» encima te lo estas buscando.

A mi me encanta que me manden enlaces, comentarios, propuestas y
proyectos. He hecho amigos que me encantan gracias a este blog y he
recuperado a otros a los que no veía desde hace años. Además, este blog
me ha procurado más trabajo interesante en los últimos dos años que
todos mis contactos juntos en diez. Me gusta mucho menos que me
espameen con listas de correo a las que no me he suscrito pero para eso
tengo un filtro de spam y lo resuelvo sin problemas. Pero aquí, como en
los bares: NO también significa NO. Díganselo a sus hijos.

One thought on “El sí de las niñas”
  1. > El sí de las niñas
    por que razon piensa que siempre son los hombres culpable,de todas las cosas que les puedan pasar a algunas mujeres,como lo de esa niña mal educada que contesta cuando les pregunta con una mala contestacion.Creo que efectivamente quereis erradicar en el hombre el machismo para tomar las rienda del mismo alguna de esas mujeres.

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