
Escena ambientada en Estrasburgo, Alsacia, pocos días después del fin de la Primera Guerra Mundial.
El telegrafista Wolter se dejó ver en la plaza, con altas botas de caña. Antes de la guerra, había alarmado con un fingido telegrama del emperador a toda la guarnición de Estrasburgo, que había esperado en vano, durante horas, con todos sus oficiales, a su comandante en jefe. Había sido una broma de carnaval de Wolter, toda Alsacia rió hasta las lágrimas, pero Wolter fue a parar a un manicomio. Ahora lo habían sacado de allí y disfrutaba de la libertad de la que había sido largamente privado…
Fragmento de «Burgueses y Soldados», de Alfred Döblin. Pocket Edhasa. Barcelona, junio 2016.