
Feria de armas, feria de muerte
Dos hombres miran hacia el patio de butacas a través de un gran ventanal. Mediana edad, visten trajes que parecen de buena factura.
EJECUTIVO 1: ¿Qué hacen esos?
EJECUTIVO 2: (Fijándose.) Creo que van a desplegar una pancarta y llevan carteles.
EJECUTIVO 1: (Lee.) No a la Feria de Armas.
EJECUTIVO 2: (Lee también.) La guerra empieza aquí.
EJECUTIVO 1: Los chiflados de siempre. Mira ya va la policía. Qué ganas tienen de complicarse la vida.
EJECUTIVO 2: (Lee.) Dicen que vendemos armas a genocidas. Claro, vendemos armas y harina y gasóleo y refrescos… y lo que necesiten. Es un negocio.
EJECUTIVO 1: Como otro cualquiera. Están gritando. ¿Qué dicen?
(Una mujer sin que se den cuenta, se acerca por detrás. También de mediana edad. Viste un traje chaqueta con falda.)
EJECUTIVO 2: Gastos militares… para escuelas y… hospitales. Como rima les parecerá original. Como si no fueran gastos compatibles.
PERIODISTA: ¿Usted no sabe que en el mundo mucha gente se muere de hambre?
EJECUTIVO 1: (Con amabilidad.) ¿Quién es usted?
PERIODISTA: Periodista.
EJECUTIVO 2: ¿Acreditada?
PERIODISTA: Claro. Si no aquí no se entra. Trabajo para la revista del Ministerio de Defensa.
EJECUTIVO 2: ¿Entonces?
PERIODISTA: ¿Entonces qué? ¿No puedo tener mis propias ideas? ¿No puedo cambiar de opinión? ¿No me puede convencer esa gente?
EJECUTIVO 1: Y también puede perder el empleo.
PERIODISTA: ¿Por una conversación de pasillo? No estoy gritando como ellos. (Fijándose en el exterior.) Vaya, parece que la policía va a intervenir. No les han dado mucho tiempo.
EJECUTIVO 1: Demasiado.
PERIODISTA: ¿No les afecta eso que dicen? “No son bienvenidos los señores de la guerra.”
EJECUTIVO 2: Vaya, parece que es usted igual de ilusa que ellos. Como si nos fuera a afectar lo que digan cuatro perroflautas. El mundo funciona así, usted debería saberlo.
PERIODISTA: Y lo sé. Y ellos y ellas también lo saben. ¿No oyen? “Los negocios de esta feria son cadáveres mañana.” ¿No les parece que tienen razón? Al menos en parte. Las armas se fabrican para…
EJECUTIVO 1: Pues si tanta razón tienen, ¿por qué no se va con ellos?
EJECUTIVO 2: ¿No será usted una infiltrada de esas de los pechos al aire?
PERIODISTA: (Les enseña la acreditación.) No lo soy. Pero no me importaría. Creo que en la próxima feria, si la hay, debería cambiarme de bando.
EJECUTIVO 2: ¿Cómo que si la hay?
EJECUTIVO 1: Esta feria es un éxito sin precedentes, con 400 empresas expositoras de 25 países, y con más de cien delegaciones internacionales. Reúne a empresarios, comerciantes de armas, militares de alta graduación, representantes de gobiernos que mostrarán las bondades de sus productos al mundo entero, mejorados con los aprendizajes de las últimas guerras y con las últimas investigaciones en universidades colaboradoras. Y no olvide que han sido probadas en combate en Ucrania o Palestina. ¿Duda de que esto vaya a continuar?
PERIODISTA: Todo puede cambiar.
EJECUTIVO 1: Me está empezando usted a hacer gracia.
EJECUTIVO 2: Mi empresa fabrica drones. ¿Sabe usted la demanda que tienen?
EJECUTIVO 1: Y contamos con el apoyo del Ministerio de Defensa. Y nadie cuestiona su política.
EJECUTIVO 2: Salvo esos pobres miserables. Mira, a esa mujer parece que le han hecho daño. Todavía querrá que la traten con dulzura.
PERIODISTA: Ella se manifiesta pacíficamente. No es necesaria tanta violencia.
EJECUTIVO 2: Antes decías que todo puede cambiar. A ver, sorpréndenos. Procura ser más original que tus compañeros.
PERIODISTA: No te va a gustar.
EJECUTIVO 2: Tengo sentido del humor. Qué hacen. Solo les han cambiado de sitio. ¿Por qué no los detienen?
PERIODISTA: ¿Qué más te da? Ya os queda poco.
EJECUTIVO 1: ¿Qué dices? ¿Estás loca? Vamos a tener que hablar con alguien.
PERIODISTA: Hablad con quien queráis. Hace tiempo que… Pero lo que he visto aquí hoy… me ha revuelto el estómago. Esa gente probando las pistolas y los fusiles… Tantas armas juntas y la gente admirándolas como si fueran… ¡Qué asco! Pero ya sé que esta feria va a ser la última. Tomad buena nota.
Porque los maestros y maestras van a leer cuentos que hablen de paz. Y los niños y las niñas van a convencer a sus padres.
En los institutos van a explicar por qué las armas tienen que dejar de fabricarse. En la clase de Lengua van a dejar de estudiar el sintagma nominal hasta que quien tenga poder de decisión reniegue de la fabricación de armas.
Quienes escriben teatro, poesía o novela van a decidir contar historias contra la guerra y el dolor. Tragedias, comedias y dramas van a reflejar razones para gritar no a la guerra, no a la fabricación de armamento, y van a ocupar los escenarios de los teatros y de la calle hasta que quien tenga ese poder firme el decreto de abolición.
En la hostelería, los trabajadores y trabajadoras van a dejar de atender a quienes asistan a estas ferias.
Las abogadas y abogados van a presentar denuncias contra quienes comercien con armas por violar los derechos humanos.
Desde el periodismo nos vamos a negar a hablar de lo no importante, para dedicar horas y horas, páginas y páginas a contar la verdad de la preparación de la guerra que luego se lleva a cabo y destruye y aniquila.
Los montadores de estas ferias se van a negar, con el apoyo de toda la sociedad, a poner en pie toda la infraestructura.
Los sindicatos van a dejar de reclamar pedidos para las fábricas de armamento y van a exigir la reconversión de estas fábricas en industrias para el bien común.
(Ante el énfasis creciente de la mujer, los dos hombres, que se mirarán confusos, empiezan a retroceder con la intención de marcharse. Ella hace un gesto, se abre la chaqueta como con intención de enseñarles sus pechos, pero debajo lleva una blusa. Se ríe. Ellos se van corriendo. Ella vuelve a mirar hacia el lugar de la detención. Grita. Será un grito colectivo, no solo de ella. “La guerra empieza aquí, parémosla aquí. No a la Feria de Armamento”. Hasta que se haga el oscuro, muy emocionada, dirige a los manifestantes un aplauso sonoro.)
No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.
No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles,
que jamás se fabriquen fusiles.
Fragmento del poema NO QUIERO de Ángela Figuera