
Siembra de utopía, fragmento (1)
MILITAR
Un mes detrás de vosotros, esperando sus órdenes. Os preguntaréis por qué hemos esperado si sabíamos dónde estabais. Muy sencillo, para joderos. Y eso que no me gusta hablar mal, pero no existe otra palabra: joderos. Y podríamos haber esperado más. Pero claro, creíais que podíais salir de España y tal vez lo hubierais conseguido. ¿La Patagonia? Demasiado lejos para seguiros, demasiado grande para controlaros.
Mejor así, vuestra total desaparición.
Hemos tenido un mes para planificar cómo no dejar rastro de vuestra total desaparición sin que nadie sospeche de nosotros. Aunque tampoco debemos temer que muchos se preocupen. ¿Sabéis por qué? Una sola palabra: miedo. En eso teníais razón cuando hablabais de nosotros: somos artistas del miedo. Como la religión. ¿Cómo si no, hemos podido mantener el poder durante siglos y milenios?
Sí, a mí también me gusta leer. De hecho soy licenciado en Historia. Y estoy a punto de presentar mi tesis doctoral: la tortura de la Inquisición en España. Como veis sé de qué hablo. Me gustan los libros de Historia y debo confesaros que me gustaba vuestra web. Érais muy trabajadores. Una entrada cada día del año. Pero os pasasteis. Sobraba ese tono irónico, ese aire de superioridad. No les gustaba a muchos de los nuestros. Lo que hacemos es demasiado importante para que dos pirados desvelen nuestras vergüenzas.
Pero hablábamos del miedo. ¿Por qué creéis que con tantas razones contra nosotros no habéis conseguido… hacernos tambalear? Bueno, tal vez un poco, por eso estamos aquí, claro. ¿Sabéis por qué? Por el miedo. Vosotros sabéis que yo sé que teníais razón. Somos los culpables de casi todo. No me importa decirlo, no hay micrófonos. Pero la gente no ha querido entenderlo. Por nosotros se perpetúa el hambre, la desigualdad, los refugiados, y qué decir de la guerra y sus muertes. Sí, tantas veces gente humilde, víctimas colaterales. (Con brusquedad ante un amago de intervenir de CARLOS.) No se os ocurra abrir la boca, y menos para darme la razón.
(Pausa. Reanuda su discurso con la misma tranquilidad anterior.)
Ya sé lo que vais a decir. Lo he leído muchas veces en vuestra web, magnífica, no me importa reconocerlo. El comercio de armas, los intereses económicos, sí, es verdad. Pero tenían miedo de reconocer que contra nosotros deberían haber centrado sus fuerzas si querían construir un mundo mejor. Esos que llaman la izquierda. ¡Qué infantiles la mayoría!
Vosotros y unos pocos más teníais razón en ir contra nosotros. No creo que os parezca raro esto que digo. Sabéis muy bien que en el ejército hay gente formada como yo, conocedora del humanismo, del pacifismo. Pero qué le vamos a hacer, nos gusta vivir bien, sin complicarnos demasiado la vida. Tened en cuenta que la guerra, y de esto también habéis hablado, se ha trasladado fuera de nuestras fronteras. Y que nuestras misiones humanitarias no son lo mismo. Afortunadamente nos revisten, y se admite, de respeto, de solidaridad, de justicia.
Ya, ya sé que no es verdad, que no intervenimos en las causas de esos conflictos. Pero ¿quién más lo sabe? Vuestros lectores. ¿10.000 o 20.000?, ¿y quién más? Pocos. Pero ya sabéis que somos muy sensibles y que últimamente nos daba la sensación de que más gente os empezaba a seguir. No íbamos a permitir que ese crecimiento aumentara. A alguien de arriba no le gustó que insistierais una y otra vez con la ocultación de datos del gasto militar en casi todos los ministerios. Y luego, ese dramaturgo que escribió ese monólogo, “Arrepentido”, ¿tiene algo que ver con vosotros? (CARLOS y ALFONSO, que no saben a quién se refiere, se miran y aprovechan para darse una señal. Se toman disimuladamente una pastilla que tragan con dificultad. El MILITAR no se da cuenta.)
¡Un ministro de Defensa que después de leer a Blas de Otero decide dimitir! ¡Qué barbaridad! Seguro que era seguidor vuestro. Bueno, que no íbamos a permitir que os marcharais y que desde fuera siguierais difamándonos. (Ellos se empiezan a sentir mareados.) ¿Qué os pasa? (Les toma el pulso.) ¿Qué habéis hecho, gilipollas? (Coge su teléfono y llama.) Rápido, venid a por ellos. Se han tomado algo. Creo que se están muriendo.
CRECIDA
Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzando
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
(…)
Fragmento, Blas de Otero
1 Puede leerse la obra completa a través de mi blog de teatro en la sección de textos para adultos:
https://teatrojuvenilmaxidediego.blogspot.com/p/textos-adultos.html