
Redaccion
El mundo se tambalea entre el desastre ambiental y la locura bélica mientras los líderes políticos juegan con fuego.
En la Europa de 2025, se respira un aire denso, cargado de la misma premonición fatal que antecedió a las dos guerras mundiales. Como en 1913 y 1938, las alianzas militares y la política de bloques han convertido al continente en un polvorín listo para estallar. Pero esta vez, el fuego que se prenda no será sofocable: estamos en la era de las armas nucleares y el cambio climático descontrolado.
La lógica de los tratados de asistencia mutua, que supuestamente debían evitar la guerra, ha demostrado ser una farsa repetida. En la Primera Guerra Mundial, la muerte de un archiduque desató una reacción en cadena que devoró a millones. En la Segunda, la agresión a Polonia convirtió un conflicto regional en un infierno global. Hoy, la proliferación de alianzas militares y el rearme histérico de las potencias sugieren que la historia podría volver a repetirse, pero con consecuencias mucho más catastróficas.
El peligro no radica solo en el rearme acelerado. El cambio climático avanza sin freno y, en lugar de destinar recursos para mitigar su impacto, los estados se han lanzado a una carrera armamentística suicida. En 2024, el gasto mundial en defensa alcanzó los 2,1 billones de dólares, una cifra obscena cuando el planeta se enfrenta a sequías, incendios y desastres naturales de escala creciente.
Las cifras hablan por sí solas: Estados Unidos gastó 811.000 millones de dólares en defensa, triplicando a China, el segundo mayor inversor en armamento, mientras Europa aumentó su presupuesto militar a niveles no vistos desde la Guerra Fría. Mientras tanto, la ONU calcula que harían falta menos de 300.000 millones de dólares al año para garantizar la transición energética global y evitar el colapso ecológico.
GUERRAS ABSURDAS Y UN FUTURO CONDENADO
En el presente, dos conflictos concentran la atención global: la guerra en Ucrania y el genocidio en Gaza. Ambos podrían resolverse si los actores implicados abandonaran su estrategia de hostigamiento mutuo y priorizaran la paz sobre los intereses geopolíticos y armamentísticos.
Ucrania se ha convertido en el tablero de ajedrez de una disputa entre la OTAN y Rusia. La expansión de la Alianza Atlántica hacia el este, junto con la insistencia de Estados Unidos en mantener su hegemonía militar, ha empujado a Moscú a una guerra que ha devastado al pueblo ucraniano y fortalecido los discursos bélicos en toda Europa. En vez de buscar una solución diplomática, Occidente ha optado por alimentar el conflicto con miles de millones en armamento.
En Gaza, la situación es incluso más desesperante. Israel ha llevado a cabo una de las ofensivas más brutales de las últimas décadas, destruyendo ciudades enteras y asesinando a miles de civiles con el beneplácito de Washington y la Unión Europea. El papel de España ha sido tibio, con declaraciones vacías mientras sigue vendiendo armas a un Estado que practica una política de apartheid y exterminio contra el pueblo palestino.
Resolver estos conflictos es clave para evitar una escalada global, pero los intereses militares y económicos de las potencias impiden cualquier avance. Los gobiernos del mundo prefieren hundir a la humanidad en guerras interminables antes que enfrentarse a la crisis climática y la desigualdad rampante.
Si la comunidad internacional no impone un alto el fuego global y una desmilitarización progresiva, la escalada de tensiones nos llevará a una catástrofe. Es hora de reclamar un movimiento mundial por la paz que obligue a los gobiernos a reducir el gasto militar y destinar esos recursos a salvar el planeta. De lo contrario, el futuro será una distopía donde las guerras y el caos climático exterminarán a gran parte de la humanidad. El reloj sigue corriendo.
Fuente: https://spanishrevolution.net/urge-un-movimiento-global-por-la-paz/