
Ecologistas en Acción rechaza frontalmente la carrera armamentista desatada por la Unión Europea.
Como organización ecologista, social y pacifista, defendemos la vida y nos posicionamos radicalmente contra las guerras y el militarismo, que solo generan destrucción y sufrimiento.
Reafirmamos más que nunca nuestro rechazo a cualquier incremento del gasto militar, que perpetúa la lógica de la violencia como vía para resolver conflictos. En un momento de emergencia ecológica y social sin precedentes, es inaceptable malgastar recursos públicos en la industria armamentística en lugar de proteger el planeta y garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la educación y la sanidad.
Denunciamos la postura del gobierno de España de priorizar el rearme al tiempo que profundiza las desigualdades, el modo de vida imperial y la crisis climática con políticas a favor del capital fósil. La seguridad no se construye con armas, sino con políticas que garanticen la justicia social y ambiental.
1. No a la guerra: la paz se construye con diplomacia, cooperación y cambio del sistema
La historia demuestra que las guerras solo traen muerte y destrucción. Cada incremento en gasto militar incrementa el riesgo de iniciar nuevos conflictos armados. A esto se le suman las armas nucleares y su inmenso poder destructivo, que convierten cualquier conflicto en una amenaza existencial para toda la humanidad.
La guerra de Ucrania ha demostrado que los conflictos no se resuelven con más armas. Después de tres años de guerra y cientos de miles de muertos, la paz llegará sólo mediante unas negociaciones como las que fueron saboteadas en el inicio del conflicto.
Más inversión en armas refuerza la lógica de la guerra como solución a los problemas globales, en lugar de fortalecer el diálogo y la cooperación. Defendemos una cultura de la tierra que ponga la vida en el centro, lo que significa potenciar los trabajos que sostienen la vida (los considerados productivos y reproductivos), a la vez que se desechan progresivamente aquellos que la ponen en peligro (por ejemplo producir armas y coches). Apostamos por desarrollar una cultura de la no violencia, de cooperación y promover vidas dignas de ser vividas.
2. El aumento del gasto militar profundiza la crisis social
El gasto en armamento se termina restando de las partidas de educación, sanidad, vivienda, pensiones o en mejoras de la sostenibilidad ambiental, que son las verdaderas garantías de seguridad para las personas. Los recortes en gasto social, en un contexto de militarización, no harán sino contribuir al auge de los movimientos de extrema derecha.
Estos presupuestos multimillonarios también se financiarán con deuda pública, hipotecando el futuro de las próximas generaciones.
El aumento del gasto militar va dirigido a financiar a empresas productoras de armas y de servicios militares, que están aumentando sus ingresos, beneficiándose de la guerra de Ucrania, del genocidio en Gaza y la tensión geopolítica. La industria armamentística y sus empleos deberían reconvertirse a la producción civil en sectores que realmente beneficien a la sociedad.
3. Es una irresponsabilidad invertir en armas, especialmente en plena emergencia ecológica
Es inconcebible destinar más dinero al peor uso posible, la industria militar, en el momento en que se requiere un importante esfuerzo para abordar cuestiones como la crisis climática, la pérdida de diversidad, el expolio del agua, de los suelos y de otros recursos naturales. Esos mismos gobiernos que hace meses se veían incapaces de garantizar una financiación climática a la altura que provea paz y vida, no dudan en comprometer cifras muy superiores en financiar el rearme.
Esta militarización supone agravar enormemente la crisis de la biodiversidad, tanto por los efectos directos de las armas en los ecosistemas debido a las guerras o a los entrenamientos y ‘pruebas militares, como por los derivados de la utilización de los recursos naturales y los ecosistemas como armas.
La industria militar y los ejércitos tienen un enorme impacto ambiental, con un consumo desmesurado de combustibles fósiles y una gran huella de carbono. Es incoherente que el gobierno español se comprometa a reducir emisiones, mientras el sector militar queda fuera de las regulaciones ambientales.
4. Militarización y control social: un peligro para la democracia
El aumento del gasto militar fomenta el autoritarismo interno, el control social y la vigilancia masiva de la población.
Un clima de guerra recorta la democracia y restringe derechos civiles, justificando medidas represivas en nombre de la seguridad y de hacer el juego a “enemigos externos”. En un contexto de crisis ecosocial, ante un previsible crecimiento de movilizaciones y demandas de la sociedad civil, este aumento puede profundizar en el cercenamiento del derecho a la protesta y la represión.
La militarización refuerza la cultura del miedo y de la represión, alejándonos de sociedades libres y justas.
Nos oponemos a la amenaza de restauración del servicio militar obligatorio, que ya se ha reintroducido en Europa en 6 países (Suecia, Noruega, Dinamarca, Estonia, Letonia, Lituania) y en 2025 lo harán al menos otros tres más (Alemania, Serbia y Croacia). Otros países están adoptando otras medidas de adiestramiento militar a la población civil como Reino Unido, Países Bajos o Polonia. A la guerra siempre acaban yendo los hijos de las clases trabajadoras, nunca los hijos de los dueños de la industria de armamento ni las élites sociales o políticas.
Aumenta el riesgo de profundizar en la militarización del control de los flujos migratorios, ahondando en la negación del derecho a migrar, así como en la criminalización de las personas migrantes, contribuyendo a implantar el relato de los fascismos y autoritarismos.
5. El militarismo responde a intereses económicos y geopolíticos ajenos a la ciudadanía
El rearme facilita y sirve de excusa para un neocolonialismo militar dirigido a acaparar recursos de otros países.
La OTAN es una organización que solo sirve a los intereses estratégicos de Estados Unidos, utilizando a otros países como peones en sus conflictos. La solución no es sustituirla por una organización europea “de defensa” destinada a imponer intereses neocoloniales que faciliten la rapiña de recursos en el Sur global, el papel de policía internacional, o el cierre de fronteras a las migraciones.
Criticamos el posicionamiento del Gobierno apoyando el aumento del gasto militar por intereses geopolíticos, mientras desatiende necesidades sociales urgentes como el derecho a la vivienda o la precariedad en el empleo.
La industria armamentística es una de las más poderosas, oscuras y corruptas, operando con plena impunidad y presionando a los gobiernos para mantener conflictos activos como el de Ucrania.
6. Hipocresía moral: guerra para defender los “valores europeos” mientras se permiten impunemente crímenes contra la Humanidad
Es totalmente inmoral apoyar una escalada armamentística en defensa de una Europa “de los valores” mientras se permite la consumación de un genocidio como el de Palestina.
Mantener inalteradas las relaciones diplomáticas y los acuerdos comerciales preferenciales con quienes perpetran crímenes contra la humanidad evidencia la doble moral de los gobiernos y organismos de la UE.
La guerra y el incremento del gasto militar se justifican con un discurso de defensa de la democracia, pero en la práctica solo refuerzan el autoritarismo y la desigualdad a nivel global.
El gobierno de Rusia es responsable de la invasión de Ucrania. También de sojuzgar a su sociedad civil y de impulsar políticas reaccionarias. Pero es pura propaganda sostener que significa una amenaza para el conjunto de la Unión Europea (salvo por el posible uso de armamento nuclear, ante el cual no habría respuesta militar posible). Los necesarios cambios políticos en Rusia, así como el freno al avance de las extremas derechas en los países europeos requieren de más democracia, de más políticas en favor de las poblaciones y de la sostenibilidad, más negociación y diplomacia.