Todos guardamos un paisaje dentro de nosotros que al cerrar los ojos, por muy lejos que estemos, parece que lo estemos rozando con los dedos.

“Cada paisaje nos cuenta una historia”, y en esa historia confluye el pasado y el presente, la arquitectura, la naturaleza, los usos y las costumbres nuestras ligadas al entorno.

El Crepúsculo cada día se aproxima más a la sierra de Crevillente, ¿qué habrá al otro lado de la antena más alta, al otro lado de la “Vella”, ¿qué se verá? Me preguntaba cuando yo era pequeño. El sol se retira de la arena y de la espuma de las olas, de las cimas de las dunas, va dejando atrás las calles, los patios de los colegios, desciende de los edificios y de los tejados, parece más lento el crepúsculo al atravesar el campo, en su cadencia se filtran restos de oropel entre los huertos de las palmeras, entre los terrones agrietados de la tierra, y El Hondo se vuelve rosa, cielo y plata.

Los paisajes siempre los contemplamos desde una cierta distancia, a través de un cristal, desde la perspectiva del horizonte, desde una obra de arte, o cuando miramos como forasteros el terreno que pisamos día tras día.

La perplejidad nos puede llegar cuando el paisaje de nuestro término municipal, se está transformando de tal manera, que nos puede hacer perder las señas de identidad de nuestro pueblo, que puede hacernos sentir extraños en nuestra propia tierra. Si los huertos de palmeras se transforman en parques adoquinados, desaparecen por el “picudo” o son asfixiados por las edificaciones, si el campo desaparece, si la costa se urbaniza como ya se está haciendo, si las calles empedradas se suprimen con el mismo pragmatismo con el que se derriban edificios singulares, si el pantano y sus alrededores sigue en su actual estado de abandono y degradación, ahora que también han desaparecido los cines en el Centro, salvo la honrosa excepción del Odeón, ¿quién va a conocer Elche dentro de unos años? ¿Se puede malgastar y especular con el territorio y el paisaje hasta agotarlo? “La naturaleza enlatada”, “la ciudad difusa” que se lo come todo todo, que no se sabe dónde empieza y donde termina rodeada de macro-urbanizaciones, centros comerciales y polígonos Industriales, hasta la costa, ¿es ese el paisaje que queremos para las generaciones futuras?

El paisaje cumple una función social importante y por eso es estudiado no solo desde la psicología ambiental, la geografía etc. sino también, desde las perspectivas educativas para estudiar con los alumnos el medio que nos rodea, pero a medida que se va limitando, acotando, el paisaje y su variedad, si todos los caminos conducen al hormigón, a las verjas, a los adosados, a los perros guardianes, ¿no estamos de alguna manera mermando nuestra “libertad” y atrofiando cada vez más nuestros sentidos?

El futuro de las ciudades saludables, entre otras cosas, está en saber mantener una diversidad de paisajes, paisajes que alcancemos de lejos con la vista, por el que nos movamos a pie, y en el que dejemos volar nuestros sentidos con las estaciones.

Francisco Gómez Marcos

(Centro Cultural Margalló)