Como bien sabemos, los de Ucrania e Israel no son los únicos conflictos bélicos que asolan a la humanidad. Queremos aprovechar estas convocatorias para recordar otros escenarios igualmente destructores de la vida y dignidad humana y la naturaleza, que no se suelen nombrar en los medios de comunicación.

Hoy vamos a hablar brevemente sobre la guerra de Cachemira

Este conflicto tiene su origen en el proceso de descolonización de la India por parte del Imperio Británico en 1947, y la partición del territorio en dos estados: la India, de mayoría hindú y Pakistán, de mayoría musulmana. En aquellos momentos, la península del Indostán, bajo dominio británico estaba compuesta por decenas de pequeños principados semiindependientes, gobernados por maharajás. En el momento de la partición en dos estados, estos pequeños principados tuvieron la opción de unirse a uno u otro nuevo país. El mayor de todos esos reinos era el de Jammu-Cachemira, situado al norte, en pleno Himalaya y haciendo frontera con China y la URSS. El rey de dicho estado, que era de mayoría musulmana, el maharajá Dogra, no se decidió por la integración ni en India ni en Pakistán, tratando de permanecer independiente.

Ese hecho fue seguido de la invasión militar tanto por parte de la India, país a quien finalmente el maharajá cedió sus derechos de gobierno, como de Pakistán, estado que reivindicaba la inclusión de Cachemira en su territorio debido a su mayoría poblacional musulmana. La invasión provocó una cruenta guerra entre ambos ejércitos, que duró hasta enero de 1949, dando lugar a la partición de Cachemira. La India se quedó con la mitad sur y Pakistán con el tercio norte. Más adelante China ocupó otro tercio de Cachemira.

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Posteriormente la ONU intervino para resolver el conflicto fijando las condiciones para un proceso de autodeterminación del territorio. Dicha consulta jamás ha llegado a darse, debido a la oposición de India, que sigue reivindicando la posesión de toda Cachemira.

Este conflicto no resuelto ha dado lugar a una larga confrontación entre China y Pakistán, dos países que cuentan con armamento nuclear en sus arsenales. Es permanente la insurgencia armada apoyada por Pakistán en la zona controlada por India. Precisamente, este mayo de 2025 hemos asistido a nuevos ataques de las fuerzas guerrilleras contra objetivos turísticos en la Cachemira india que han dado lugar a nuevos bombardeos de misiles y combates aéreos. Antes de este nuevo episodio, la guerra entre ambos países había sucedido con intensidad en 1965, 1971, dando lugar a la secesión del Pakistán Oriental, lo que hoy es Bangla Desh, y 1999.

El contencioso de Cachemira también está causado por una disputa por las importantes corrientes de agua que nacen en el Himalaya. Pakistán teme que si India controlara toda la región, sería dueña de los recursos hídricos y podría estrangular su economía agraria.

En este conflicto, como no puede ser menos, la violación de los derechos humanos y la táctica terrorista ha sido una constante. Un estudio de Médicos Sin Fronteras de 2005 estableció que las mujeres de Cachemira estaban entre las personas que mayores agresiones sexuales sufrían en todo el mundo. No hay una cifra fiable de muertos a causa de esta sucesión de guerras, aunque se calculan más de 100.000 personas fallecidas solo desde 1989.

En Cachemira, como en Ucrania y Palestina, es urgente y necesario que la vida y la dignidad humana recuperen su verdadero valor. Todo combate militar y toda acción terrorista sobre la población civil debe cesar y debe darse un proceso de desmilitarización. Solo el respeto entre culturas y religiones, y el diálogo sincero, puede alumbrar un futuro sin violencia en el cual las personas que habitan la región puedan decidir libremente su futuro.

Por un mundo sin guerras. Con tolerancia, entendimiento, empatía y cooperación entre personas, pueblos, étnias, religiones y culturas. Con respeto al medio ambiente, a la vida. Por un mundo en Paz.


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