
Juan T. Delgado
El sector español de la defensa está en ebullición, impulsado por el millonario plan de inversión del Gobierno. Ese estado explica los movimientos corporativos que se están fraguando y la caza de talento abierta en el mercado. El fichaje del ex número dos de Industria, Raül Blanco, por parte de Sapa es un ejemplo y ha llamado la atención de los rivales del grupo vasco. Y no sólo porque el economista provenga de las filas de Moncloa: durante su mandato, el Ministerio aprobó una subvención de 32 millones para Sapa con cargo a los fondos europeos.
El debate de las puertas giratorias vuelve a agitarse, esta vez, en el sector de las defensa. Blanco, bien conectado con el PSC (fue secretario de Industria del partido) siempre ha tenido buena reputación entre las compañías industriales que negociaron con el Ministerio, cuando él era secretario general y Reyes Maroto ministra. Su labor en el gabiente de Pedro Sánchez no era fácil. Tocaba poner en marcha un paquete de iniciativas financiadas con los fondos Next Generation.
La principal de ellas era el denominado PERTE VEC (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica del Vehículo Eléctrico y Conectado). Se trata de uno de los programas de inversión más importantes, por la inyección de dinero público (4.300 millones) y el volumen de inversión que se pretende movilizar (24.000 millones).
Blanco jugó un papel clave en el arranque del PERTE VEC
El PERTE VEC fue aprobado en julio de 2021. Raül Blanco jugó un papel importante en su despliegue. De hecho, tras su cese como secretario general, Maroto alabó la «labor excepcional» que había desempeñado con este proyecto. La entonces ministra decidió destituirle a finales de diciembre de 2022. Dos meses antes, el 25 de octubre, el Ministerio de Industria había publicado la primera asignación de ayudas públicas del PERTE VEC.
Se repartieron 877,2 millones de euros entre 10 proyectos. Uno de ellos -el sexto por volumen asignado- correspondía a Sapa Operaciones. Se denominaba «Soluciones a las Nuevas Necesidades de Movilidad Eléctrica basadas en criterios de Sostenibilidad y Conectividad» y recibió una asignación de 32,8 millones de euros.
A ojos de los competidores del sector, esas ayudas cobran actualidad hoy, tras el fichaje de Blanco por Sapa. El ex secretario general de Industria y Pyme se incorporó al grupo el pasado febrero, poco después de dejar la presidencia de Renfe. Este cargo público no le impedía dar el salto inmediato a la empresa privada. No obstante, sí tuvo que pasar el examen de incompatibilidades, por su pasado en Industria.
Además de su responsabilidad en el reparto de subvenciones, también participó en una negociación que afectaba a Sapa. La empresa de la familia Aperribay, junto a otros inversores (como JB Capital) mantuvo conversaciones con Rolls-Royce para adquirir ITP Aero. La operación no cuajó y la firma acabó en manos del fondo Bain Capital.
Blanco pasó el examen de la Oficina de Conflicto de Intereses y pudo entrar en nómina de Sapa, como director de Estrategia. Como alto ejecutivo jugará ahora un papel fundamental para el futuro de la empresa. Sapa aspira a ser un jugador clave en el negocio español de la defensa. Y no sólo por su propia actividad (factura más de 70 millones, según las últimas cuentas disponibles).
Actualmente, es el segundo accionista privado de Indra, la compañía líder del sector, llamada a convertirse en un gigante español de la defensa. Sapa controla un 7,95% del capital, por debajo de Escribano (14,3%) y por encima de Amber Capital (7,2%), el fondo del presidente de Prisa, Joseph Oughourlian. El principal accionista es la SEPI, con el 28%.
El encaje de Sapa en el sector español de la defensa
Sapa quiere jugar un papel protagonista en los movimientos que se avecinan en el sector; sobre todo, si el Gobierno saca adelante sus planes con Indra. Moncloa defiende, por ahora, la fusión de la compañía cotizada con Escribano, un proyecto controvertido por la posición que ocupa la empresa beneficiaria de la oferta. Además de accionista, Ángel Escribano es presidente de Indra; y a la vez, dueño -junto a su hermano- del grupo Escribano.
La fusión beneficiará por un lado a Sapa, por el potencial de negocio que puede generar una Indra de mayor tamaño. Sin embargo, la operación tiene un importante ‘handicap’ para la empresa vasca, ya que, en caso de fusión, su participación -y su poder de influencia en el consejo- resultaría claramente diluido.
Fuente: https://www.vozpopuli.com/economia/puertas-giratorias-en-defensa-el-ex-numero-2-de-industria-dio-32-millones-a-sapa-y-acabo-fichado.html