
La investigación con experimentos nos puede dar algunas pautas para entender la obediencia y las razones por las que se produce incluso, en ocasiones drásticas, cuando nos lleva a traicionar todas nuestras convicciones.
¿La obediencia ciega, la sumisión total al líder o a la autoridad, la falta de crítica y/o autocrítica están condicionadas, parcial o totalmente, por la educación, por la presión social, o somos totalmente libres cuando decidimos? ¿Por qué obedeció órdenes nazis la población de Alemania? ¿Por qué se obedece a los dictadores, por qué es tan difícil rebelarse contra ellos? ¿Nos dejamos llevar por los demás habitualmente?
Experimentos de Asch sobre conformidad con el grupo
Solomon Asch (Varsovia, Polonia, 14 de septiembre de 1907-Haverford, Pensilvania, 20 de febrero de 1996) fue un psicólogo polacoestadounidense, mundialmente conocido por sus experimentos de conformidad, en los que demostró la influencia de la presión del grupo en las opiniones. Asch estuvo interesado en conocer si la persona era realmente libre en sus decisiones, influido por las atrocidades que se cometieron en la 2ª Guerra Mundial.
Los experimentos de Asch se realizaron entre 1951 y 1955, y consistían en mostrar a los participantes una tarjeta con una línea impresa en ella, seguidamente se les mostraba otra tarjeta en la cual aparecían tres líneas impresas (a, b, y c). Se solicitó a cada participante en el experimento que indicara cuál de las líneas etiquetadas coincidía con la línea mostrada en la primera tarjeta. Todos los participantes menos uno, la persona objeto de estudio, estaban compinchados con los desarrolladores del experimento. Al principio, el participante se sentía muy confiado, en la medida que daba respuestas correctas iguales a los otros participantes. Pero luego, los otros «participantes» empezarían a dar en conjunto una respuesta errónea. Precisamente, la actuación del participante no conchabado era lo que se quería estudiar: ¿seguiría su propio criterio sin inmutarse por los errores del grupo o se dejaría «presionar» por el grupo?
Solomon Asch pensaba que la mayoría de las personas no se conformaría con algo obviamente erróneo, pero los resultados mostraron que un alto número de participantes dieron la respuesta incorrecta. En este vídeo se ve cómo era la dinámica del experimento:
El experimento se realizó con 123 participantes. El grupo de control, es decir, los participantes que no estaban expuestos a la presión de grupo y donde por ende todo el mundo respondía correctamente, levantó una sola respuesta incorrecta de las 35 respuestas, lo que probablemente podría explicarse por error experimental .
Resultados
Un 25% de los sujetos siempre desafió a la opinión mayoritaria, dando la respuesta objetivamente correcta.
El 75% de los participantes dio al menos una respuesta errónea a las 12 preguntas, adaptándose a la mayoría.
Sólo un 5% de los sujetos se adaptó siempre a la opinión errónea de la mayoría.
Cuando los compañeros compinchados empezaron a dar respuestas erróneas, la persona objeto de estudio tenía que elegir entre su opción correcta y enfrentarse al grupo, o aceptar la opinión mayoritaria del grupo y negar su convicción. El seguimiento al grupo, negando su propia percepción, fue del 37 %. Los que así lo hicieron explicaron en las entrevistas posteriores que lo habían hecho por miedo a destacar, por miedo a ser ridiculizados por el grupo por pensar de manera distinta a los demás. Algunos llegaron a pensar que si todo el grupo lo veía de la misma forma, ellos tendrían que estar equivocados.
(He consultado muchas fuentes y todas dicen lo mismo: 37 % siguió al grupo negando su propia percepción. Y aunque lo he pensado mucho, no sé de dónde sale esta cifra. Lo siento. No he sido capaz de averiguarlo ni de deducirlo).
El anterior era el experimento base. Luego se hicieron algunas variaciones:
En otro experimento, el sujeto de estudió contó con un compañero que sí dabas las respuestas correctas, esto provocó que el seguimiento al grupo fuera sólo de un 5 %. Esto parecía probar que no sólo importaba el número de componentes del grupo, sino que lo importante era que la opinión fuese unánime en el error, cuando esta unanimidad se rompía los resultados de sumisión al grupo disminuían mucho.
Otra variación del experimento consistía en que la persona objeto de estudio pusiese sus respuestas por escrito, así los demás componentes del grupo no sabrían que había contestado y él no sentiría la presión del grupo dado que sus respuestas eran secretas. En este experimento la sumisión al grupo bajó 2/3, es decir, quedó aproximadamente en un 12 %. Es decir, 2/3 no aceptaron en su intimidad lo que el grupo eligió, pero 1/3 aceptó en privado.
Algunas conclusiones:
Queda clara la influencia social o de grupo en las decisiones humanas. No queda tan claro el porcentaje de influencia.
Me impresiona mucho que la prueba fuese harto objetiva, clara, precisa. No era una cuestión complicada ni de opiniones o matices. Y aún así, la gente cayó en la manipulación.
Muy interesante la conclusión de que cuanto más se dice una mentira mayor probabilidad de que alguien la crea verdadera. Y el ejemplo de los partidos políticos enviando a sus dirigentes y medios afines un argumentario oficial (interpretación monolítica, verdadera o falsa, según) que todos repetirán constantemente para conformar una «verdad». Así se fabrica una única realidad a la que, obligatoriamente, hay que adherirse. Manipulación básica.
En muchas situaciones de nuestra vida cotidiana seguimos normas sociales y nos conformamos (sucumbimos a la presión de grupo), pero no por ello mudamos nuestras opiniones personales (esto es, no hay aceptación privada a pesar del consentimiento público).
Sabemos también que existen distintos tipos de conformidad social. Por un lado, tenemos aquel conformismo más ligado a la condescendencia, aquel en el que nos conformamos con una petición explícita o implícita a nivel social porque sabemos que es una “obligación” o protocolo pero sin creer en aquello que estamos haciendo. Por otro lado, tenemos aquel conformismo más ligado a la obediencia, aquel en el que nos conformamos con una petición por el mero motivo de conseguir una recompensa o de evitar un castigo. No existe ese fenómeno de condescendencia, pues en este caso sabemos que la conformidad nos puede acarrear beneficios. Y, por último, tenemos la forma más interesante de conformismo, aquella ligada a una aceptación interior. Sin un fenómeno de obediencia ni de condescendencia, llegamos a creer que aquello que hace o piensa la mayoría del grupo es lo correcto, por lo que a través de un fenómeno de presión grupal inconsciente, modificamos nuestra conducta o nuestro patrón de pensamientos.
Aunque no es la interpretación que suelen priorizar los analistas, a mi me impresiona mucho que un 25 % de las personas siempre desafió la presión de grupo dando las respuestas válidas objetivamente. Ojalá hubiesen sido más, ojalá hubiesen sido todas para dejar claro que una manipulación tan burda no es aceptable por los seres humanos. Pero un 25 % es 1 persona de cada 4 en la que se puede confiar, honesta, incorruptible por la presión grupal. Es ver el vaso 3/4 vacío o 1/4 lleno. Disfrutemos, paladeemos el sabor de ese cuarto de vaso lleno, encontremos a esas personas y construyamos con ellas.
Opino que este tema es muy interesante para aquellos que nos interesamos por el pacifismo político con el objetivo de cambiar (mejorar) la sociedad. Muchas realidades humanas han sido intrínsecamente injustas pero han prolongado durante siglos su existencia: el racismo, el esclavismo, el machismo, el capitalismo, la guerra, la prohibición de voto a l@s negr@s, a las mujeres, a l@s pobr@s, la persecución a la homosexualidad, el ateísmo, entre otros. Muy posiblemente, estos fenómenos de manipulación contribuyeron a su permanencia y la desobediencia fue la actitud personal que se acabó convirtiendo en actuación política mediante la desobediencia civil que tras muchos años de lucha logró los cambios sociales tan positivos.
La enseñanza de la obediencia se da por doquier: en la familia, en la escuela, institutos, escuelas, universidades, puestos de trabajo, relaciones personales y de pareja, ongs y organizaciones sociales, relaciones internacionales. Se hace mucho hincapié en sus valores y aportaciones para la convivencia y la sociedad. Sin embargo, existe una grandísima descompensación con la enseñanza de la desobediencia: no existe. Y la desobediencia también tiene sus valores y aportaciones, como hemos visto. Además, la desobediencia política, es decir, la desobediencia civil siempre ha sido muy autoexigente y se ha impuesto normas como la realización pública, razonada, argumentada, proponiendo alternativas constructivas y asumir las sanciones, etc. Aprender desobediencia es duro: tanto en lo personal como en lo político, pero muy constructivo para la personalidad y para los grupos de base. Quizá esta sea una frontera que hay que iniciar su destrucción y sea necesario abogar y construir una pedagogía de la desobediencia que llegue a las escuelas y nos permita elegir, libremente, si obedecemos o desobedecemos en cada momento vital.
Ya la última conclusión tiene que ver con la vida y el modelo militar: rígido escalafón piramidal, obediencia ciega, repetición ad nauseam de las mismas consignas, estigmatización del que discrepa, … Curiosamente la autoridad siempre tiene la razón, pero luego, cuando se hace algo ilegal, se condena al soldado que lo realizó.
Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/?p=292