
Reseña aparecida en «Le Monde Diplomatique»
Sin duda alguna pocas novelas Colombianas contemporáneas se desarrollan en
un contexto rural. Esta novela contando una historia en el departamento del
Tolima. Este estilo de prosa nos recuerda la corriente literaria nacional
costumbrista que resalta los valores regionales, sus paisajes y su gente. Cosa
muy rara en el mercado literario de nuestro país en la actualidad.
La diferencia de este escrito con la corriente costumbrista radica en incluir
como personajes principales a los desplazados, aquellas personas que son
obligadas a salir de sus terrenos por los actores armados.
Aristipo es un campesino que vive su soledad en la casa que heredó de sus padres
una vez muertos; él se encarga de mantener la vivienda en pie, pero la ausencia
de los viejos le comía sus pensamientos. Su única compañía es su perro, la burra
y el fantasma de su padre con una extraña señal. Aristipo anhela organizar una
familia con su novia desde la infancia: Flor. En esta historia personal, el
pueblo donde ellos viven es atacado por la guerrilla; su incursión destruye la
estación de policía. Este ataque toma por sorpresa a todos y anonadados por las
primeras manchas de sangre, que pronto empañaran a toda la población.
Con este ataque muchas personas son acusadas de apoyar a la guerrilla. Su
delito, haber brindado obligadamente comida y bebida; la ola de violencia poco a
poco se acrecienta porque después del ataque de la guerrilla se escuchan
murmuraciones de la arremetida paramilitar, tal presagio ocurre el mismo día del
matrimonio de Flor y Aristipo. Obligan a todo el pueblo a salir para que
presencien el escarmiento de las personas, allí tenían una lista señalando a
quienes tenían. Con ambos actores presentes, el pueblo pacifico se convierte en
escenario de la guerra. Y en la mitad esta el pueblo que no sabe qué hacer. La
espiral de la violencia los va envolviendo y quienes no se vinculan a ella,
tienen que irse. Con este panorama, se organiza una marcha para garantizar la
vida y la no vinculación al conflicto pero nadie los escucha.
Como desplazados los personajes viven toda la cruel realidad de miles y miles de
personas que llegan a la ciudad con incertidumbre y donde encuentran como
bienvenida: la miseria y exclusión.
El autor realiza una novela que tiene en cuenta la historia de la violencia en
Colombia y la reseña por boca de sus personajes; parte de las historias del
padre de Aristipo cuando llegaron los chulavitas y tuvieron que esconderse entre
los matorrales durante toda la noche. Se debe recordar que con la violencia
política ya comenzó a existir el fenómeno de los desplazados que nutrió las
ciudades y no esa idea exportada de modernización y progreso en la que creen
algunos urbanistas históricos. Ahora la violencia irregular que dicen alguno
analistas es la tormenta que azota a quienes solo quieren un terreno para
cultivar y una familia tranquila y en paz.
Es una novela que contribuye con sentimientos de solidaridad y compromiso, sirve
para sensibilizar con un tono más humano en forma de crónica y liberarnos de
convertirnos en una cifra más de esta nación. Esto es el fin del autor: desvelar
esa cotidianeidad de nuestros hermanos y depende de la sensibilidad del lector
que le llegue o no.
Cómo se podria poner fin a esta historia tan compleja y cruel. El autor opta por
la expresión del titulo, en imaginarse un mañana mejor donde el sol puede
brillar para quienes cultivan nuestra tierras en paz. Puede ser para algunos muy
irreal, pero para quienes luchamos por un futuro diferente es el aliento que nos
nutre para seguir en la pelea. Por qué no pensar que sí habrá una solución a
tanto derrame de sangre. El problema es el precio que tendremos que pagar para
realizar dicha fantasía, no abordado por el autor. Pero cuando uno termina toda
la novela, queda en la mente la expresión del libro. Y ¿por qué no?
Edwin Guzmán