Maxi de Diego: Teatro antimilitarista (contra las guerras y sus secuaces)
Selección de poemas y pequeñas obras teatrales de temática antimilitarista.


El desertor

Mañana, muy temprano,
Cerraré la puerta en las narices
de los años muertos
Y me lanzaré a los caminos
Mendigaré mi vida
Por las carreteras de Francia
De Bretaña hasta Provenza
Y le diré a la gente
Que no obedezca
Que no lo haga
No vayáis a la guerra
Negaos a partir. Negaos a hacerlo
(…)

Fragmento, Boris Vian


Insumisión

Ella: No soportarás la cárcel.
Él: Es probable que no. Pero recuerda que iré obligado. Me imponen su cárcel.
Ella: Yo las conozco bien.
Él: Ya lo sé.
Ella: No lo hagas. Por lo menos acepta la prestación social sustitutoria.
Él: No. Ya lo hemos hablado. No es una decisión tan solo personal, somos un grupo importante que creemos que…
Ella: (Interrumpiendo, señala al frente. Con énfasis.) Te la has perdido, ha sido la más alta.
Él: La he visto.
Ella: Perdona, te he cortado. Ya sabes lo que me gusta…
Él: Sí, lo sé.
Ella: ¿Qué decías?
Él: Que ha sido una decisión colectiva. Pensamos que así estamos reafirmando nuestra posición antimilitarista. Que nuestra desobediencia plantea una crítica directa a los ejércitos, denuncia su existencia.
Ella: Os lo he oído decir tantas veces…, pero sigue sonando bonito.
Él: (Señala al frente.) ¡Ala! Ahora has sido tú quien no la ha visto. Ha sido la más alta.
Ella: ¡Mierda!
Él: Estate pendiente. Deja de darle vueltas. Lo que tenga que ser, será. Para una vez que venimos… Yo nunca lo había visto tan bravo.
Ella: Como ellos. No creo que los hagáis temblar.
Él: Es posible.
Ella: Entonces, ¿por qué consentir que os roben esos años de vida en una miserable cárcel?
Él: Nos negamos a colaborar, eso es todo.
Ella: La niña te echará de menos.
Él: Y yo a las dos. (La besa.) ¿Puedo pedirte algo?
Ella: Bueno.
Él: No insistas más, por favor.
Ella: No sé si podré. Tengo miedo.
Él: Seré como esa roca que recibe las embestidas del mar.
Ella: Ojalá.
Él: Ya verás. Tenemos razón y eso nos da fuerzas.
Ella: Solo te pido que no te rindas allí dentro. Que pienses en las olas que veremos. La próxima vez vendrá ella también.
Él: Y jugará en la arena. Jugaremos. Los tres.
Ella: Tenemos que volver. Ahora conduzco yo. Tú te duermes de noche.
Él: Aunque solo ha sido un día, nos ha venido bien cambiar de aires.
Ella: Sí, lo necesitábamos.
Él: Sí.

(Van a salir, pero antes de hacerlo, señalan al frente. Miman un gesto de sorpresa por
una ola gigante. Después se abrazan. Oscuro.)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *