Roque Cañizares, el cura que hizo el ramadán en Alicante

Manuel Lillo

Año 2002. Alicante vive años de bonanza económica al calor de un modelo inmobiliario que refleja prosperidad. El de la ciudad no es un caso exclusivo, ya que el bienestar encuentra réplica en el resto del Mediterráneo, especialmente en las capitales turísticas y en los pueblos que se adaptan a esta propuesta económica.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Algunos barrios están condenados a vivir al margen del progreso en los buenos tiempos y a multiplicar las carencias generalizadas en épocas de adversidad. Colonia Requena, en la Zona Norte de Alicante, era y es uno de estos casos.

No es extraño, dadas las condiciones, que Roque Cañizares, un religioso que superaba por poco los 30 años, se asentara en la parroquia de este barrio, erigida en 1968 con el nombre de Nuestra Señora de los Desamparados y que dio personalidad a un vecindario construido alrededor de la pequeña industria ubicada en la zona, que no llegó a sobrevivir al paso del tiempo.

Cañizares estaba acostumbrado a entornos empobrecidos. Había hecho estancia en otro barrio humilde, el de Los Palmerales de Elche, tras ser enviado por la iglesia debido a su «inquietud personal». Pasó incluso por Tailandia, donde ejerció como misionero.

Tras estas dos experiencias un nuevo barrio le aguardaba. Colonia Requena, en 2002, era «bastante diferente» a lo que es actualmente. Si hoy buena parte de la población es árabe, en aquel momento predominaban los procedentes de América Latina que encontraban en este barrio el lugar más económico para vivir en Alicante.

En aquel momento la familia prototípica del barrio era, según recuerda el párroco, la de «los trabajadores más precarios de la ciudad, con el marido trabajando en la construcción o en la agricultura como temporero», viajando en grupo cada mañana a campos de la Vega Baja o de la Región de Murcia, «y la mujer ofreciendo servicio doméstico».

Hubo casos de cierta bonanza en los que algunas de estas familias pudieron cambiarse de barrio, por ejemplo a Ciudad de Asís. Sin embargo, muchas de ellas se acabaron separando cuando estalló la crisis económica de finales de la primera década de este siglo. Se generalizó una tendencia dolorosa: los padres de familia volvieron a sus países de origen y las madres, con los hijos, conservaron su hogar para garantizar el futuro de sus descendientes en el lugar al que emigraron, que les auguraba más proyección de futuro.

El párroco, que defiende la necesidad de «adaptar la parroquia a su entorno», actuó en consecuencia y promovió en aquellos años un proyecto para la capacitación laboral de las mujeres migrantes. Se impartían nociones de limpieza del hogar, de cuidado de ancianos o de niños y de cocina española para que accedieran a una bolsa de empleo y encontraran trabajo con más facilidad.

Si aquel proyecto funcionó fue «gracias a la implicación de todo el barrio». Cañizares recuerda que un grupo de mujeres, de origen alicantino, se ofrecieron a impartir clases de cocina autóctona para que sus vecinas migrantes, muchas de ellas dedicadas al servicio doméstico, «no solamente cocinaran comida de sus países a las personas que atendían».

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La iniciativa creció y se llegaron a contratar a monitores, a una trabajadora social, y contó con el interés de voluntarios y de desinteresados que aportaron financiación. Pero el proyecto creció tanto que sus impulsores no daban abasto. «Había que acceder a convocatorias del Ayuntamiento, de la Diputación, de fundaciones bancarias… y no se llegó a todo», lamenta Roque Cañizares, que recuerda el fin de aquel proyecto como «el momento más triste» de su paso por Colonia Requena.

Convivencia

En el barrio hoy más multicultural de Alicante, los grandes cambios no han modificado el paisaje de fondo. La llegada de población árabe, que empezó a ser relevante ya en la pasada década, sirvió para dar dinamismo a los locales de la zona, muchos de ellos cerrados anteriormente. Los comercios con productos y estilo de los países de origen se multiplicaron y la instalación de la Mezquita acabó por definir un barrio en el que la convivencia de culturas no es un problema.

«Los conflictos existen donde hay personas», apunta el párroco, que rechaza que «la presencia de musulmanes genere ningún tipo de problema». Un ejemplo corrobora esta afirmación: Cañizares, que afirma haber hecho el ramadán tres veces, entra con naturalidad a la mezquita del barrio, donde es bien recibido y donde dice haber «percibido la espiritualidad, pese a no entender el idioma árabe». En este templo, siempre que entra, el párroco dispone de una silla a su disposición.

Hay más ejemplos de esta convivencia. Uno de los momentos más duros vividos en el barrio fue el del confinamiento durante la pandemia. Después de que una familia procedente de Filipinas le advirtiera de que «no les quedaba dinero», el párroco, junto a unas 15 familias de diferentes orígenes (Camerún, Senegal, bereberes y de otras zonas del norte de África), se organizaron bajo la coordinación de los dirigentes vecinales Antonio Colomina (fallecido hace siete meses) y Ana Mari Galiana, y se pusieron a «hacer bocadillos y a atender a todo aquel que lo necesitaba».

Aquella iniciativa acabó dando apoyo a unas 300 personas que contaban con comida a su alcance. «Codo con codo se pudo afrontar el problema gracias a la participación de los vecinos», celebra el párroco, que defiende haber sido capaz de «crear trabajo en red uniendo a la parroquia, a la mezquita y a la asociación de vecinos para poner en marcha el banco de alimentos» y otras iniciativas como clases de castellano o refuerzo escolar para los niños.

La educación, para el religioso, resulta «fundamental en todos los contextos, pero especialmente en este», y apunta que «en el patio de un colegio los niños siempre se integran: hay que aprender de estos espacios, porque nos dan ejemplo».

Dos últimas muestras de la convivencia defendida por el párroco se encuentran en dos acontecimientos recientes. Uno, más triste, fue el funeral del citado Antonio Colomina, que contó con la participación de mujeres africanas que le dedicaron canciones procedentes de su país. Esta misma escena se vivió hace sólo una semana, el pasado domingo, en la parroquia de Colonia Requena para despedir a su cura, que se traslada a la Vega Baja, su comarca de origen. Este momento, asegura, es el más emotivo que ha vivido durante su permanencia en el barrio.

Balance

En concreto, Cañizares ejercerá, enviado por la institución eclesiástica, en la parroquia del barrio de los Dolores, en un entorno totalmente rural entre Callosa de Segura y Catral. También lo hará en San Isidro. «Nada que ver con lo que hay aquí», reconoce, y afirma que se marcha «contento». Le sustituirá Enrique Rubio, procedente de Monforte del Cid, que ha sido misionero en Ecuador y quien presenta un perfil similar al suyo.

Cañizares se va «con mucha ilusión y con muchos amigos». Entiende que el barrio no está «ni mejor ni peor» que cuando llegó, sino «diferente». No ha cambiado, sin embargo, la «ausencia de la municipalidad», que según él nunca ha atendido a Colonia Requena como corresponde. También apunta que «los retos siguen siendo los mismos» que cuando llegó: «El de la vivienda digna, el de garantizar trabajo estable, el de la interculturalidad y el de la interreligiosidad», dos aspectos, estos últimos, a los que él ha contribuido. «Ser católico en este barrio pasa por serlo con la gente, también con la de otras religiones», afirma.

También admite que ha «intentado dejar mejor el barrio de como estaba, pero la realidad es la que es». Uno de sus mentores, Nicandro Pérez, cura en Juan XXIII, le enseñó que «hay que aprender a asumir y a integrar el fracaso». Porque «la mayoría de los procesos que uno comienza terminan en fracaso. Esto sigue ocurriendo en Colonia Requena», lamenta, y apunta que si antes, cuando llegó hace 23 años, los vecinos autóctonos vivían en el que era su entorno de toda la vida, «ahora tienen 70 u 80 años y no pueden salir de sus casas ante las dificultades». Y es que en los barrios vulnerables, tarde o temprano, los problemas llaman a las puertas de todas las casas.

Fuente: https://www.informacion.es/alicante/2025/09/21/roque-cura-canizares-ramadan-colonia-requena-alicante-121765450.html

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