La actual fase de keynesianismo militar y colonial del capitalismo en su enésima crisis, con la potenciación de la industria militar y el rearme como motores económicos y del militarismo y la preparación de la guerra como prácticas políticas y argumentarios unificadores y promotores de una falsa identidad, ha dado al traste con gran parte de la arquitectura de paz posterior a la II Guerra Mundial.

La agenda liberal de “paz y desarrollo” de la ONU muestra sus debilidades tanto para salvaguardar un orden internacional de paz negativa, entendida como ausencia de guerra, como para posibilitar e instaurar un orden de paz positiva, porosa y capilar a todas las urdimbres de nuestro mundo y sus estructura, basado en las promesas de realización humana, promoción de la dignidad y los derechos en serio, interdependencia y ecodependencia del planeta, reconciliación fraterna de los pueblos y destierro del flagelo de la guerra y de su preparación.

El camino de “construcción de la Paz” seguido por nuestras instituciones, otorga la actoría de la Paz a estados e instituciones internacionales, con su cohorte de autoridades, funcionarios, diplomáticos, expertos conflictólogos, asesores y, cómo no, agentes de seguridad y militares, que promueve una estrategia política de “desarme”, entendido como grandes acuerdos (de dudosa vinculación) de contención y control de armamentos, y que descansa bajo el presupuesto epistemológico de la preparación de la guerra, la disuasión y prevención militar como clave de bóveda de todo el constructo de esta paz (negativa).

Pero es incapaz de salvaguardar, tutelar y hacer florecer una Paz entendida como realización del ideal humano de justicia y vía de transformación estructural y cultural, frente a estados hiperventilados y poderes económicos y fácticos salvajes y frente a las dinámicas sistémicas de violencia rectora que caracterizan y organizan el actual marco global y sus estructuras.

De este modo el ideal de Paz está devaluado a mera retórica política al servicio de los poderes mundiales y de su juego de tronos y se ha institucionalizado como legitimación de un orden generalizado de justificación y preparación de la guerra, con alta dosis de violencia global.

Desde las aspiraciones del procomún a un mundo reconciliado, basado en la justicia global, que se tome en serio los derechos humanos de tod@s y de las nuevas generaciones, la propia idea de paz se ha vuelto también retórica, poco operativa, meramente desiderativa o sin contenidos eficaces, porque la Paz “oficial” y “negativa” ha expulsado de su construcción a la gente de a pie, a nuestras capacidades de empoderamiento y nuestra propia agencia como constructores de la paz, relegándonos a meros espectadores pasivos y cautivos de una dinámica endiablada que donde dicen paz es para designar su ausencia o para anunciar tambores de guerra contra nuestros intereses colectivos.

¡Qué paradoja! la paz oficial es nuestra guerra permanente y nuestra Paz deseada lo es contra los intereses de la Paz oficial.

Hacer descansar sobre la agencia política de las instituciones estatales o internacionales vigentes y su cohorte de expertos la construcción de nuestras aspiraciones es una ingenuidad, pero también una irresponsabilidad y una renuncia que impedirá realizar el cambio de rumbo necesario para hacer de la Paz el camino hacia la salida del atolladero.

Transitar hacia una Paz con contenidos pasa por responder de forma diferente a tres grandes preguntas y reenfocar los modos de lucha del pacifismo, para definir una nueva agenda de paz, una nueva agencia para llevarla adelante y una nueva metodología con la que desarrollar el peregrinaje hacia un horizonte alternativo de paz con contenidos o, si se quiere de instauración sustantiva (y no mera institucionalización formal) de la Paz:

1) El qué, que hace relación a los contenidos de la Paz y que exige definir unas temáticas y aspectos concretos alternativos a los de la paz negativa.
2) El quién, que implica a los actores privilegiados para desencadenar los procesos de lucha por la paz y a sus capacidades de agencia y que nos permite desplazar el protagonismo de la construcción de la paz desde los interesados en no promoverla a los interesados en anticiparla.
3) El cómo, que habla tanto de metodologías de acción, como de prácticas sociales y de estrategias de lucha, y que permite desplazar el énfasis en la agenda de desarrollo liberal y de desarme hacia agendas de paz positiva y con contenidos.

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En este contexto es en el que, desde distintas articulaciones del antimilitarismo y la lucha noviolenta en el estado español, hemos empezado a reflexionar sobre la necesidad de avanzar en una vía pacifista diferente, intencionalmente enfocada a des-institucinalizar la paz retórica al uso, para instaurar una Paz con contenidos, esto es, capilar, transversal, operativa en lo micro y en lo macro, estructural y cultural, reguladora de nuestras vidas en sus diferentes esferas y orientadora de las reglamentaciones sociales y legales y de los proyectos políticos en términos de seguridad humana, sustentabilidad, interdependencia o ecodependencia.

Una lucha que elije un enfoque de trans-arme y desmilitarización en lugar del de desarme y regulación jurídica meramente formal, que busca realizar desde abajo y de forma simultánea la triple dinámica de a) Resistirse al militarismo en todas sus expresiones y estructuras, b) quitar poder (todo el posible en cada caso y momento) al militarismo y al orden de paz negativa y a su epistemología o paradigma de dominación-violencia y c) empoderar (todo lo posible en cada caso y momento) una construcción alternativa trasvase de capacidades hacia la idea de paz positiva, así como de ejercicio de prácticas y de construcción de una defensa alternativa basada en la seguridad humana, bajo una ratio o paradigma regulador de cooperación-noviolencia.

En la construcción de dichas dinámicas hemos empezado un diálogo estratégico con un actor imprescindible para la construcción del nuevo enfoque de la lucha por la Paz: el mundo obrero y sus organizaciones reivindicativas.

La lucha por la Paz se ha entrelazado históricamente con la lucha de la clase trabajadora, constituyendo un pilar fundamental en la cultura y del patrimonio sindicalista. La guerra y su preparación son nefastos para la clase obreras, ya que desvían recursos, perpetúan la explotación, erosionan los derechos sociales e impiden cualquier expectativa de emancipación, convirtiendo a l@s trabajador@s en víctima y rehén de la lógica militarista. El movimiento obrero habitualmente ha entendido que su apuesta por la emancipación y la justicia social está intrínsecamente ligada a la lucha por la Paz. Este compromiso no es reciente; forma parte de una tradición de resistencia que ha encontrado en el antimilitarismo un aliado estratégico.

La Paz soñada por las organizaciones obreras hace relación con al menos 6 ejes de contenido: a) como realización de la justicia económica y ecosocial; b) como democracia obrera y cogestión económica y productiva; c) como solidaridad internacionalista y antiimperialismo, d) como realización de los derechos humanos, de la igualdad fundamental y protección de la diversidad; e) como salvaguarda y tutela de la naturaleza y de los bienes comunes y f) como cultura y estructuras de paz positiva.

Por su parte, el repertorio de lucha de las organizaciones obreras, que incluye tanto mecanismos de participación y negociación transicional como otros de presión social tales como la movilización, la huelga, el boicot, la negativa a la producción de determinados bienes u otros, acerca también las metodologías de lucha del pacifismo antimilitarista y el sindicalismo obrero.

Los vasos comunicantes entre las aspiraciones de Paz y las prácticas de acción de la clase obrera y del pacifismo trans-formativo son inconfundibles y su alianza estratégica más necesaria que nunca.

Es en este contexto hemos iniciado un cierto “encuentro” de tradiciones, aspiraciones y luchas entre organizaciones obreras de talante transformador (y no meramente gestor del capitalismo) y antimilitaristas en campos como

1. Objeción Fiscal, en la que diferentes organizaciones sindicales ya promueven la objeción fiscal al gasto militar, como forma de resistencia y desobediencia civil frente al rearme y la construcción del militarismo.
2. Objeción Laboral: como instrumento central en la lucha contra la industria militar. No se trata de un simple derecho individual, sino de una herramienta política colectiva que los sindicatos pueden impulsar. La propuesta incluye la introducción en convenios y negociaciones tanto con industrias militares, como de doble uso, prestadoras de servicio o centros de investigación de cláusulas de objeción laboral, protegiendo a los trabajadores que se nieguen a participar en la investigación o producción de material militar.
3. Conversión Industrial y Políticas de Trans-arme: La objeción laboral es un paso crucial, pero debe ir de la mano con propuestas de conversión de la industria militar. El concepto de trans-arme implica una estrategia de transformación social que busca desmantelar el poder militarista, reorientando los recursos y capacidades de las empresas de defensa hacia fines alternativos y socialmente útiles. Esto no significa simplemente abandonar el armamentismo, sino desencadenar procesos de cambio que permitan a la clase obrera actuar para la la co-gestión de la reorientación industrial hacia una economía del bien común.
4. Lucha contra las guerras, movilizaciones y resistencia al rearme.

Fruto de estas reflexiones y encuentros antimilitarismo/luchas obreras, el documento promovido desde el antimilitarismo español y presentado en septiembre de 2025 (enlace al texto) para provocar mayor debate social y profundizar en las estrategias de lucha por una objeción laboral como herramienta de lucha por la desmilitarización.

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