DESOBEDECEMOS LUEGO EXISTIMOS

El pasado 13 de marzo cuando el golpe de estado mediático del gobierno
manipulaba el sufrimiento general de la multitud para enterrar las dudas y el
debate público, para beneficiarse electoralmente; cuando desde la atalaya de
la hipocresía el Partido Popular se afanaba con patéticas comparecencias en
cortocircuitar cualquier respuesta crítica; cuando se nos quería más
paralizad*s que nunca, de conmoción, de confusión o de miedo, la gente se
echó a la calle. Nos echamos a la calle y tumbamos al gobierno con sus
mentiras.

El resultado electoral que siguió a la revuelta espontánea de la noche del
13M era impensable días antes de las votaciones. De alguna manera la calle
derribó a un gobierno y eso, a partir de entonces, se intenta ocultar e
incluso perseguir. Porque en la Desobediencia Civil, en la acción pública,
responsable y consciente frente a la dictadura de la legalidad ilegítima se
encuentra el poder y la eficacia de cambiar las cosas.

En estos días y en Zaragoza, 37 personas coparticipantes de la explosión
nocturna de desobediencia ciudadana que en todo el estado español precedió al
día electoral, han sido, hemos sido reclamados por el Juzgado número UNO de
Instrucción de Zaragoza. Nos mandan declarar ante la IV Brigada Provincial de
Información de la policía nacional y todo*s estamos denunciad*s por delito
electoral, lo que puede depararnos penas de hasta 6 meses de cárcel y 300.000
antiguas pesetas de multa.

Lo curioso del caso es que la mayoría hayamos sido denunciad*s sin previa
identificación policial «in situ», en el lugar del delito. Esa noche en
Zaragoza vivimos una protesta que creció a su paso hasta reunir a unas dos
mil personas y nadie fue identificado en persona por la policía hasta el
final de la movilización, que aprovecharon para intimidar sin testigos a
varias personas. Durante nuestra marcha desde la puerta de la sede del PP,
por el Coso, Pº de la Independencia y Capitanía hasta la Plza. Paraíso, y
vuelta a la sede del PP, la poli no pidió a ninguna persona el carné de
identidad, tampoco hicieron detenciones. Y eso que el despliegue policial fue
importante y había noticias sobre órdenes estrictas de atacarnos.

Si bien las citaciones responden al requerimiento de los juzgados, lo
relativo a quienes investigar corre por cuenta exclusiva de la policía
nacional, ahora la ZPolicía política. Queda de nuevo en evidencia el control
social al que estamos sometid*s y la existencia de ocuros archivos policiales
con abundante información ideológica sobre personas y movimientos sociales.
De otra forma no se explica el modo de conocer la identidad y dirección de
quienes han denunciado.

¿Y por qué puede interesar revolver lo de aquella noche pasados dos meses y
con el PSOE a la cabeza del nuevo gobierno? Algunas respuestas podrían ser:
estamos ante la venganza particular del PP, y amigos, contra quienes
inclinamos en última hora la balanza hacia su derrota electoral; el sistema
necesita criminalizar permanentemente nuestras críticas y aleternativas para
deslegitimarlas; se trata de frenar una desobediencia social en auge que
podría amenazar a la política neoliberal del PSOE; enredar a la gente en la
tortuosa maquinaria judicial es una estrategia para hacernos consumir tiempo
y energías que están siendo empleadas con éxito en luchas locales diversas; o
por último, todo esto es obra de una mentalidad judicial obsesiva y
persecutoria, un dinosaurio franquista que aprovecha siempre que puede para
castigar a rojos impíos.

Por otra parte.. vaya casualidad que algunos de los represaliados de Zaragoza
se hayan presentado públicamente como acusación particular contra 73 altos
mandos policiales, responsables de violación de los derechos humanos durante
el G-8 de Génova 2001. Uno de ellos, por cierto, es el subjefe del
antiterrorismo europeo.

Así las cosas, a estas alturas del espectáculo democrático, que nos sirve tan
buenas comedias políticas, se debería saber que la carrera legal para
desmovilizar a la disidencia a golpe de citación está perdida de antemano. No
vamos a quedarnos en casa cuando lo que hace falta es echarse a la calle,
sobre todo si la historia se pone emocionante.

Importa defender el derecho, sin condiciones, a la libertad de expresión y
reunión, exigir la destrucción de todas las fichas policiales que violan
nuestra libertad ideológica, desvelar la militarización social que lo
permite, profundizar en sus causas…

Como se decía en la Argentina: “que se vayan todos, que no quede ni uno
solo”. Dejádnos vivir en paz, vasallos del dinero, mamporreros de la ley,
bestias de la guerra… no vamos a parar. Y si el lugar de una persona justa
es la cárcel, ¡pues que me lleven, carajo!

Afectuosamente, un delincuente electoral más.

Zaragoza, mayo de 2004.