Guerra Eterna

¿Es lícito demonizar al demonio? ¿O conferir rasgos animales a
un político bastante despreciable a pesar de que ésa es una tendencia
muy habitual en todos los grupos racistas? La revista The New Republic piensa que sí. Hace una semana ofrecía esta portada a sus lectores. Convirtió el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad en un demonio, si nos guiamos por el titular, aunque más parece un jabalí o un bicho salido de «La isla del doctor Moreau».

Por decirlo de otra manera: no es que el tipo sea muy guapo, pero
tampoco tiene los rasgos de bestia con los que le han retratado.

La elección gráfica tiene algo de paradójica porque The New Republic
se caracteriza por su apoyo inquebrantable a la causa de Israel.
Convertir a los judíos en animales, adjudicarles cualidades diabólicas,
quitarles en definitiva su condición humana para hacer más fácil su
eliminación, son rasgos comunes de todas las manifestaciones del
antisemitismo a lo largo de su historia. Pero hay trucos que son
demasiado irresistibles como para despreciarlos.

Resulta indudable que la retórica de Ahmadineyad y el progreso del programa nuclear iraní
son motivos de preocupación, y hasta de alarma, en todo el mundo. Irán
ha iniciado el proceso de enriquecimiento de uranio, aunque en
dimensiones aún simbólicas. Le quedan bastantes años antes de poder
estar en condiciones de formar parte de ese ‘club nuclear’ tan selecto
como peligroso. Como mínimo
le falta pasar de 164 centrifugadoras a 16.000 para que el
enriquecimiento de uranio adquiera el porcentaje necesario para
fabricar armas nucleares.

Esto último no es un motivo de tranquilidad ni convierte el problema
en menos urgente. Un asunto muy distinto es si justifica atacar con
armas convencionales o nucleares para acabar con esa amenaza potencial.

Algunos, como The New Republic, ya están abriendo el camino, como lo
hicieron antes con Irak. Los mismos que sostenían que Sadam Hussein era
una amenaza para sus vecinos por su evidente posesión de armas de
destrucción masiva ahora manejan argumentos similares con Irán. Las
pruebas tampoco son tan importantes y lo que cuentan son los
antecedentes del sujeto al que hay que eliminar.

El artículo
al que remite la portada de la foto es un buen ejemplo. No es una
historia sobre Ahmadineyad sino sobre los basiji, la milicia creada por
Jomeini y militarizada durante la guerra entre Irán e Irak. Entre las
más tristes ‘hazañas’ de los basiji está el reclutamiento masivo de
niños y adolescentes para que encabezaran desarmados los ataques contra
las trincheras iraquíes. Su función era la de servir de carne de cañón.
Animados con la idea del paraíso, perecían en los campos de minas para
que los soldados pudieran tener el camino despejado en su ataque.

Ahmadineyad formaba parte ya entonces de los basiji, pero el
artículo no dice mucho, porque muy poco se sabe, sobre su intervención
en la guerra. Una guerra en la que el agresor era Sadam Hussein y los
iraníes defendían su país, aunque ese detalle será obviado en los
próximos meses.

Los basiji han seguido presentes en la vida pública de Irán, y de
hecho Ahmadineyad los utilizó en su campaña electoral para movilizar a
sus partidarios. Forman parte de la versión más extrema y fanática del
régimen de los ayatolás, de la que Ahmadineyad es un firme partidario.

Sus amenazas a Israel son coherentes con ese fanatismo. Cualquiera
que le escuche pensará que Irán está a punto de atacar Israel, pero han
pasado 27 años desde la proclamación de la revolución islámica y aún no
se ha producido ese ataque.

ahmadineyad_200.jpgLas intenciones antisionistas con tintes racistas
de Ahmadineyad son evidentes. No así la idea de que Irán vaya a atacar
Israel con armas nucleares en el mismo momento en que salgan de la
cadena de producción. Hacerlo sería un suicidio colectivo por la
previsible respuesta de Israel con sus propias bombas nucleares. Dar a
entender que los ayatolás destruirían su propio país sólo para matar a
50.000 israelíes con el precedente de los basiji en mente desafía la
idea de que todos los Estados, incluidos sus dirigentes, tienen como prioridad seguir existiendo en su forma actual.

No es lo mismo autodestruirse que utilizar a tus ciudadanos de carne
de cañón. Esta última táctica ha gozado de gran popularidad en todas
las guerras. Los franceses y los alemanes lo hicieron en la Primera
Guerra Mundial y nadie afirma que sus líderes pretendieran morir en el
intento. Pretendían ganar la guerra, por imposible e inhumano que nos
parezca ahora.

El debate sobre si EEUU debe atacar Irán
para cortar de raíz ese riesgo ya ha comenzado, como demuestra la
portada de The New Republic. La idea de guerra preventiva ha sufrido un
duro golpe en Irak. Quizá sólo haya descabalgado la posibilidad de otra
invasión por tierra.

Hasta que llegue el momento de la decisión, la propaganda tendrá que
hacer su trabajo. Y para ello se utilizarán los mismos recursos que
dieron tan buen resultado hace sólo tres años.

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Al menos, en el fútbol, esa religión que sí une a todo el planeta,
el Gobierno iraní no quiere que haya excluidos en la fiesta del
Mundial. En el futuro, las mujeres podrán asistir a los partidos. Irán
intentará aprovechar el torneo para mejorar su imagen: en Informativos Telecinco.