
La directora de este programa, la albanesa Tatiana Hema, ofreció estos datos en una jornada técnica sobre las zonas de especial protección de importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) de Naciones Unidas, que se reúne en la Universidad de Alicante organizado por el Centro Iberoamericano de Biodiversidad (CIBIO).
Según el PNUMA, esta afluencia de turistas a la cuenca mediterránea aumentará geométricamente y se estima que en 2050 la cifra de visitantes se eleve a unos 312 millones de personas.
Por ello, desde el área medioambiental de Naciones Unidas se aboga por revisar la planificación económica de los países ribereños a favor de un nuevo sistema económico «más acorde con los recursos existentes».
El director del CIBIO y presidente del comité español de la Unión Mundial de la Naturaleza (UICN), Eduardo Galante, estimó a Efe que, de los 200 millones de turistas al año que soporta el Mediterráneo, más de 110 se circunscriben entre las costas de España, Francia e Italia.
En opinión de Galante, esta proyección turística provoca que la superficie conservada con valor medioambiental se fragmente y acabe desapareciendo, al mismo tiempo que avanza la construcción.
«El problema es que ocupamos un territorio donde hay ecosistemas únicos y exclusivos de la costa mediterránea que acabarán por desaparecer», comentó Galante.
Paralelamente a la creciente ocupación del suelo, la carga turística supone una mayor demanda de recursos hídricos, energía y generación de basuras, lo que «es difícilmente soportable».
El responsable en España de la UICN lamentó que ahora se consuman «más recursos de los que genera la propia naturaleza» ya que se piensa en el medio ambiente desde un punto de vista «utilitarista y económico».
Advirtió de que, una vez que «se agote el producto aquí», las empresas turísticas españolas tratarán de «exportar este modelo económico a otros países», como el Magreb, a pesar de que se sabe que no es sostenible.
En la jornada, se trató la situación de las zonas de especial protección de importancia para el Mediterráneo, de las que al día de hoy hay diecisiete espacios, nueve de ellos en España.
Estos ZEPIM se hallan en Andalucía (Cabo de Gata, isla de Alborán, acantilados de Maro-Cerro Gordo y fondos de posidonia de Almería), Comunitat Valenciana (Islas Columbretes), Región de Murcia (Mar Menor), Cataluña (Cap de Creu e islas Medas) e Illes Balears (Cabrera), aunque se tramitan otros tres nuevos espacios.
Estas áreas han sido propuestas por los países por su riqueza de flora y fauna, y son aceptadas por la ONU, a través de su Plan de Acción del Mediterráneo, siempre que los gobiernos se comprometan a cumplir los requisitos de singularidad y al mantenimiento.
El objetivo de los responsables de Naciones Unidas es que el número se eleve de los diecisiete actuales a entre 40 y 50, con la incorporación de zonas no representadas hasta ahora, en el oriente del Mediterráneo, y nuevos tipos de ecosistemas.
Por su parte, el jefe servicio de coordinación de red de espacios naturales de la Junta de Andalucía, Fernando Molina, que participó en una mesa redonda con otros responsables autonómicos, explicó que en estos parajes se garantizan los valores naturales al impedir la agresión por la acción humana.
(Noticia aparecida en el diario «Información»)