Canarias/Madiaq

El pasado 14 de marzo de 2004 el diario El País publicaba el articulo «Washington amplía la lucha antiterrorista a los países del Sahel», en él Ignacio Cembrero describía el proyecto IPS, puesto en marcha por EEUU para «equipar, entrenar y coordinar a las fuerzas de seguridad de Mauritania, Malí, Chad y Níger en la que también aparecen involucrados Argelia, Marruecos y Túnez».

Es una noticia que en Canarias -atrapada, como siempre, en el día a día localista- pasó sin el menor interés, a pesar de ser uno de los datos relevantes que nos coloca ante los profundos cambios geopolíticos que se están produciendo en nuestro entorno y que determinan nuestro futuro.

La implantación de la IPS avanza a marchas forzadas. Así, el diario argelino Le Quotidien de Oran revela la celebración, a principios de abril y en una base estadounidense en Alemania, de una cumbre antiterrorista en la que participaron los jefes de los ejércitos de Chad, Malí, Marruecos, Mauritania, Níger, Senegal y Túnez. En esta cumbre el general Charles Wald, comandante en jefe del Comando Europeo de ejercito estadounidense, fue el encargado de exponer el plan establecido por el Pentágono «para la seguridad de la región del Magreb y del norte de África.

Este plan, además del equipamiento, entrenamiento y coordinación de las fuerzas, incluye cooperación en la organización de patrullas conjuntas y una cláusula de ayuda automática en caso de ataque terrorista. La Iniciativa lleva aparejada el establecimiento de bases militares estadounidenses en la zona. En Tamanrasset (Argelia) la Agencia Nacional de SEGURIDAD (NSA) ya instala una base de escuchas electrónicas de la Red Echelon; el Pentágono negocia bases logística para su aviación en Senegal y Uganda; se negocia la ampliación de los acuerdos militares que EEUU mantiene con Argelia, Túnez y Marruecos; fuerzas americanas se han instalado en Mauritania, tras el último golpe de Estado, y en el Chad.

La Iniciativa Pan Sahel se nos presenta inscrita en la Guerra contra el Terrorismo», pero realmente se encuadra en la política desarrollada por los EEUU desde mediados de los noventa con respecto a África. El Secretario de Comercio de Clinton, R. Brown, lo sintetizó claramente en 1996: «La era del dominio económico y de la hegemonía comercial de Europa en África ha terminado. África nos interesa».

El Petróleo y demás Intereses Económicos

EEUU no ha sido la potencia con más intereses económicos en el continente, pero ha decidido aspirar a serlo. Este interés se ha visto reforzado por la importancia creciente de la producción petrolera en la Costa Atlántica africana, en especial en el Golfo de Guinea, y ratificado en la Estrategia de Seguridad Nacional, septiembre 2002, donde África se convierte en «una prioridad para la seguridad nacional» estadounidense.

Hoy, nuevamente, un gran tablero de ajedrez: hay muchos contendientes, pero sólo dos – Francia y EEUU (con su fiel aliado el Reino Unido)- se disputan la hegemonía. Iniciativas como la Pan Sahel (IPS) o la de Respuestas a las Crisis Áfricanas (ACRI); el Tratado de Libre Comercio con Marruecos, , el Gran Oriente Próximo, la Ley de Crecimiento y Oportunidad para África (AGOA) o la Iniciativa de Operaciones de Paz Globales (IOPG), etc., son algunos de los hitos de esta gran partida en la que Canarias empieza a mostrase como lo que es, una casilla periférica de ese gran tablero, como ha puesto de manifiesto el reciente caso de la «flotilla» que Aznar mandó, y retiró -¿para cuándo una Comisión de Investigación sobre este extraña «visita de cortesía»?-, el pasado enero, a Guinea Ecuatorial, con escala en Canarias.

La existencia de grandes reservas de petróleo en África es vista como de vital interés para el comercio mundial, y sobre todo el estadounidense. Con la indisimulable complicidad de los países desarrollados, el petróleo sirve para mantener gobiernos corruptos que fundamentan su permanencia en el poder por el terror. Negocios son negocios.

«Frente a las costas del África occidental se encuentran gigantescos yacimientos petroleros. Quien controle dichos yacimientos tendrá garantizada su independencia de la producción petrolera del Asia Central y los países árabes de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Según cálculos de Washington, en una década los EE.UU. estarán importando un cuarto de su consumo petrolífero del África occidental.»

Las relación de Canarias con África históricamente han venido determinadas por las relaciones de poder de las potencias coloniales y por el papel que éstas han asignado a Canarias. Hoy esas relaciones están cambiando y, con ello, se redefine el papel de Canarias en esta zona del Atlántico medio. En este marco es en el que se están negociando las relaciones de Canarias con la UE Ampliada y con ello el papel que jugará Canarias en su entorno. También es el marco en el que «nuestros» sectores empresariales, por instinto siempre atentos a las necesidades de los centros de poder real, redescubren África, y en el que «nuestro» gobierno autónomo se interesa, mucho, por una eventual delimitación de aguas territoriales del archipielago.

Machacada Sociedad Civil

Sudán, por ejemplo, salvo un período de 11 años entre 1972 y 1983, ha agonizado en un estado constante de guerra civil desde su independencia del Reino Unido en 1956. Hasta el momento, el conflicto entre los musulmanes del norte -que controlan el gobierno sudanés- y los animistas y cristianos del sur, ha cobrado dos millones de vidas.

Recientemente Sudán se convirtió en un exportador de petróleo, principalmente del sur y el oeste del país, y ambas partes acordaron compartir las ganancias de esta lucrativa actividad. Sin embargo, como últimamente denuncia a gritos la ONU, hace más de un año que la región sudanesa de Darfur (en el sur y el oeste del país) padece un conflicto que no ha bajado su intensidad. Desde que se inició, en febrero de 2003, el conflicto ha producido 1 millón 30 mil desplazados (limpieza étnica) y miles de muertos. El gobierno sudanés respalda a grupos árabes armados que combaten a dos movimientos rebeldes, en un devastador enfrentamiento. «La ONU considera que ésta es una de las más profundas crisis humanitarias del planeta. «.

Los intentos de articular la sociedad civil y los movimientos sociales en África, como fue discutido en el I Foro Social Africano (FSA) en Addis Abeba a principios del mes de enero de 2003, y en las jornadas de África y Canarias en la era de la Globalización, en Las Palmas de Gran Canaria, siempre tropiezan contra la misma piedra: los intereses de la «comunidad international».

«Se trata de oponerse a las políticas económicas que se aplicaron en el continente durante décadas y que lo hunden inexorablemente en la miseria y en la guerra … Más allá, se trata de reconquistar el derecho a una voz propia ante la «comunidad internacional» reducida de hecho a los poderosos; de luchar contra una alienación histórica que desposeyó a los africanos de su destino sometiéndolos siempre – semi víctimas y semi cómplices – a la explotación económica y cultural por las potencias extranjeras.

«La dificultad reside en el hecho de que las élites africanas tomaron el relevo de la opresión que antes ejercieron los colonizadores. Un «consenso diabólico sobre el neoliberalismo» vincula a nuestras clases dirigentes. Muchos cuadros africanos participan del dominio económico del continente siguiendo dócilmente las prescripciones de los prestamistas de fondos internacionales. A menudo formados en universidades occidentales, pasan más tiempo en los países del norte o en los simposios internacionales que en sus países. Desconectados de las realidades sociales, estos gobernantes abandonaron toda resistencia. Algunos se convierten incluso en promotores celosos de la explotación mercantil de sus Estados. Así los presidentes Abdulaye Wade de Senegal, Tabo Mbeki de Sudáfrica, Abdelaziz Buteflika de Argelia, Olusegun Obasanjo de Nigeria, se convirtieron en representantes de la Nueva Sociedad Económica para África (Nepad), un plan que apunta a «incrementar las inversiones privadas extranjeras», eufemismo para decir que el saqueo de las innumerables riquezas de África continuará mientras sus poblaciones se sumen en la miseria. «Nuestros dirigentes no resisten bastante, tienen una corbata en la cabeza», añade la carismática maliense, Aminata D. Traore.»