En días pasados oímos con mucha insistencia por parte de los representantes de turno del fascismo contemporáneo, George W. Bush y Ehud Olmert, que las tropas israelíes deberían avanzar por la frontera sur del Líbano, unos 30 kilómetros hasta alcanzar la ribera del río Litani, y establecerse allí después de haber arrasado en todo ese territorio cualquier vestigio de la resistencia de Hezbollah.

Tanto Bush como su Secretaria de Estado, Condi Rice, aclaraban que las tropas de Israel deberían permanecer en ese lugar hasta que se decidiera el envío de tropas de la OTAN para garantizar la estabilidad definitiva de Israel, al no existir una fuerza que le ofreciera resistencia en sus fronteras.

El plan de invasión al Líbano concebido por Israel, como ya se ha divulgado, no tiene nada que ver con el secuestro de los soldados, sino que fue concebido hace 6 años, según declaraciones del Presidente libanés, Emil Lahoud, y sí tiene mucho que ver con lo que el Estado sionista tiene concebido como el Gran Israel (Eretz) que va desde el río Nilo (Egipto) hasta el río Eufrates (Irak).

En otras palabras, estamos en presencia de una guerra desplegada por Israel e instigada por Estados Unidos que incluye entre sus objetivos neutralizar y liquidar la Resistencia encabezada por Hezbollah, doblegar otro país árabe contribuyendo así al avance de la estrategia norteamericana para el Medio Oriente, garantizar una nueva expansión territorial de Israel y el control de una estratégica fuente hidráulica en el país de los cedros.

Desde hace muchos años Israel ha venido anexando territorios árabes, y una de las razones es la necesidad del agua, tal es la importancia que le dan al tema que lo consideran de Seguridad Nacional. La ocupación de La Granja de Shaba es un buen ejemplo de ello.

Las precipitaciones en el Medio Oriente no sobrepasan los 300 milímetros anuales y las estaciones de lluvias son cortas a lo que se suma un alto nivel de evaporación. En el norte de Israel las lluvias no sobrepasan los 1000 milímetros en el año y en el sur son menos de 100.

La guerra de los seis días que sostuvo Israel en el año 1967 le permitió un dominio completo del agua en la región; el lago Tiberias que le arrancó a Siria, cubre la cuarta parte del consumo de Israel.

Las Alturas del Golán, territorio ocupado a Siria, tienen un interés hidráulico estratégico pues le permiten a Israel el dominio de los afluentes del río Jordán. Por otra parte, las aguas en Cisjordania también están bajo la autoridad de Tel Aviv pues las precipitaciones en esta región constituyen la fuente principal del agua del subsuelo, y el control del río Jordán permite el regadío del valle del mismo nombre hasta el Mar Muerto.

Terrell E. Arnold, alto funcionario jubilado del Departamento de Estado, anterior Vice Director de la Oficina de Estado de Contraterrorismo y ex Director del Departamento de Estudios Internacionales del Colegio Nacional de Guerra de EEUU, asegura que: ”Una de las principales carencias del Estado hebreo es el agua y aduce que la «recompensa» de la invasión al Líbano y la «limpieza poblacional» a una profundidad de 30 kilómetros de la frontera norteña israelí, la constituyen las aguas del codiciado y estratégico río Litani, que nace en las montañas de nieves eternas del Líbano y desemboca a unos kilómetros de la ciudad chiíta de Tiro”.

Y es que el río Litani es el más caudaloso y extenso en el Líbano con 140 kilómetros desde su nacimiento, en el Valle de Bekaa (este del país), hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo. Es el único navegable y tiene agua durante todo el año.

Asegura Arnold en su artículo que: “Desde la década de los 30 del siglo pasado, Ben Gurión, uno de los padres fundadores del moderno Israel, «concibió las fronteras del naciente Estado israelí hasta el río Litani».

O sea, continúa Arnold: “En términos brutales, en una tierra donde el agua es vida, los israelíes están dispuestos a matar, herir y desplazar a miles de personas y rehacer el mapa regional para obtener el agua”.

”Queda claro que los israelíes planean capturar el territorio e instalarse en las riberas del río Litani con el pretexto de acabar con la amenaza de Hezbollah en las regiones norteñas de Israel y es improbable que a este objetivo se oponga Estados Unidos, Europa o la ONU, por el contrario, apoyarán la ocupación por el tiempo que sea necesario, mientras se asienta el polvo y los libaneses reorganizan sus vidas en el resto del país”.

Y concluye, Terrell Arnold, su artículo diciendo: “Para no dejar dudas, la flamante ginecobstetra y todavía soltera Condi Rice, quien se refiere a la catástrofe libanesa como los «dolores de parto» de un «Nuevo Medio Oriente» (con la salvedad de que el parto ya es extrauterino a estas alturas), realizó un periplo coreográfico por la región, que solo ha servido para ganar tiempo y darle margen suficiente al ejército israelí para erradicar a Hezbollah mientras llegan las bombas de precisión y de fragmentación enviadas con urgencia por Baby Bush”.

Si bien el río Litani no es el único objetivo que subyace en la guerra que desató Israel contra el Líbano, no debemos olvidar que en 1978, cuando Israel invadió el sur de ese país para golpear a la guerrilla palestina y alejarla de la frontera, denominó a la operación Río Litani. Dicha ocupación duró hasta el 2000, año en que fueron obligados a retirarse y la guerrilla de Hezbollah se posesionó del enclave.

No caben dudas de que Israel tiene un interés marcado en el Río Litani, y a partir de una necesidad real, busca constantemente nuevas fuentes de agua, el problema está en que los combatientes de Hezbollah están decididos a frustrarle sus planes.

*Especialista Departamento de Relaciones Internacionales del PCC

Fuente: www.fdlpalestina.org