El primer ministro de Israel tomó la decisión.
Su ministro de defensa
la transmitió.
El jefe de estado mayor explicó que iba a aplicar
quimioterapia contra los palestinos, que son un cáncer.
El general de
brigada declaró el toque de queda. El coronel ordenó el arrasamiento de
los caseríos y de los campos sembrados.
El comandante de división envió
los tanques y prohibió el ingreso de ambulancias.
El capitán dictó la
orden de fuego.
El teniente mandó que el artillero disparara el primer
misil.
Pero el artillero, ese artillero, no estaba. Yigal Bronner, último
eslabón de la cadena de mandos, había sido enviado a prisión por
negarse a la matanza.
Artículo enviado por nuestras amigas del MOC Las Palmas