
Los Premios ‘Anti-Nobel’ pretenden ser una alternativa irónica a su formal contraparte escandinava. Ivan Schwab, de la Universidad de California Davis, y Philip May, de la Universidad de California Los Ángeles, recibirán el premio de ornitología por su trabajo pionero sobre la habilidad del humilde pájaro carpintero en evitar heridas en la cabeza.
Wasmia Al-Houty, de la Universidad de Kuwait, y Faten Al-Mussalam, de la autoridad pública ambiental del país (Kuwait Environment Public Authority), se llevarán el premio a la nutrición por mostrar que los escarabajos coprófagos, que se alimentan de estiércol, son de hecho bastante mañosos a la hora de comer.
Para reír, y luego pensar
Los premios buscan «honrar logros que en un primer momento hacen reír a la gente, y luego les hacen pensar», según los organizadores. Los ganadores tienen un minuto para hacer su discurso de agradecimiento, un tiempo estrictamente controlado por una niña de ocho años.
La tradición dice durante la velada el público lance avioncitos de papel hacia el estrado, mientras el profesor de Harvard Roy Glauber barre diligentemente, como lo ha hecho en los últimos 10 años. Glauber insistió en mantener su rol de barrendero en la decimosexta ceremonia anual este año, pese a haber sido laureado con el premio Nobel de Física el año pasado.
Pese al tono irreverente de la ceremonia, los premios son tomados cada vez más en serio por la comunidad científica, con ocho de los 10 ganadores de este año pagando su cuota correspondiente para asistir a la ceremonia.
Uno de los que no podrá asistir a la ceremonia por motivos familiares es Howard Stapleton, de Merthyr Tydfil (Gales), que recibirá el premio a la paz por inventar un repelente electromecánico de adolescentes. El artefacto hace un irritante ruido diseñado para ser audible por los adolescentes pero no por adultos. Stapleton utilizó la misma tecnología para crear tonos que pueden ser escuchados por adolescentes pero no por sus maestros.
Soluciones a problemas cotidianos
Tres científicos estadounidenses, Lynn Halpern, Randolph Blake y James Hillenbrand, recibieron el premio acústico por realizar experimentos para descubrir por qué a las personas les disgusta el sonido de las uñas arañando un pizarrón.
Y dos investigadores australianos que calcularon cuántas fotos hay que sacar para asegurarse de que nadie salga con los ojos cerrados en una foto de grupo recibieron el premio de matemáticas.
Francis Fesmire, de la Universidad de Tennessee, subirá al estrado para aceptar el premio de medicina por su informe ‘Interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar’, mientras que el galardón de física irá para Basile Audoly y Sebastien Neukirch, de la Universidad de París, por su esclarecedor estudio sobre por qué los espaguetis secos tienden a quebrarse en más de dos pedazos.
Y aunque las conclusiones de un grupo de científicos de la Universidad de Valencia y la Universidad de Islas Baleares, en España, no quedaban claras, los jueces atribuyeron a su estudio ‘Velocidad ultrasónica en el queso cheddar afectada por la temperatura’ el premio de química.
También especializado en queso, Bart Knols, de la Universidad agrícola de Wageningen en Holanda, ganó el premio de biología por mostrar que el mosquito ‘anofeles’ femenino, que transmite la malaria, se ve igualmente atraído por queso limburger que por los pies humanos.
(Artículo aparecido en «El Rincón del Vago»)