Guerra Eterna

Menudo susto les ha metido en el cuerpo Jimmy Carter a los
congresistas del Partido Demócrata. El ex presidente publicará después
de las elecciones un libro sobre el conflicto israelí-palestino con el
título “Palestine: Peace Not Apartheid».
Ha sido ver la palabra maldita y lanzarse a negar que la posición de
Carter sea idéntica a la del partido. Nancy Pelosi, Howard Dean y los
congresistas de Nueva York se han apresurado a anunciar que rechazan la comparación del apartheid con Israel.

In an advanced draft copy of the work, obtained by
the Forward, the former president asserts that Israel’s current
policies in the Palestinian territories constitute “a system of
apartheid, with two peoples occupying the same land but completely
separated from each other, with Israelis totally dominant and
suppressing violence by depriving Palestinians of their basic human
rights.” He argues that Israel’s settlement policy is principally to
blame for the failure of peace initiatives in the Middle East.

Resulta llamativo que los parlamentarios demócratas tengan más
empeño en defender al Estado de Israel que a sus propios compatriotas.
Muchos palestinos de nacionalidad estadounidense van a ser expulsados
del país. Israel concede toda la ayuda posible a los judíos que llegan
desde EEUU (y cualquier otro país del mundo). Una persona nacida en
Gaza o Cisjordania, que ha pasado años de su vida en EEUU, pasa a ser
un indeseable.

Algunos de ellos regresaron a
Palestina al iniciarse el proceso de paz de Oslo. Utilizaron el dinero
ahorrado durante años para montar negocios y dar empleo a mucha gente.
Ahora deben renunciar a su nueva vida en la tierra en la que nacieron
porque no son del grupo étnico correcto.

Pero eso no es apartheid. Ni de lejos.

Cuando el Estado de Israel expropia tierras palestinas para
construir o ampliar asentamientos que son ilegales según el derecho
internacional tampoco se puede decir que se trate de un ejemplo de
apartheid. Les roban la tierra a los árabes para dársela a los judíos. Será que los segundos tienen más necesidades de vivienda que los primeros.

Desde hace muchos años, las mejores carreteras de Cisjordania son un
lugar prohibido para los palestinos. Son de uso exclusivo para judíos.
Se construyeron para conectar a los asentamientos entre sí y a éstos
con territorio israelí. Las vías palestinas se caen a pedazos desde
mucho antes de que existiera la Autoridad Palestina. En cualquier caso,
no tenía sentido mejorarlas. La política israelí es dificultar siempre
que se pueda, apelando a razones de seguridad, el desplazamiento de
palestinos entre los pueblos de Cisjordania.

Los controles se suceden por todos los sitios, los soldados humillan
y golpean a muchos de los que quieren traspasarlos. Se trata de hacer
todo lo posible para convencerles de que se vayan. Es una limpieza
étnica moderada y gota a gota.

Pero no es apartheid, no. Se les prohíbe construir casas en
Jerusalén Este porque son árabes. Sus tierras son expropiadas para
ampliar los pueblos donde viven los judíos. La construcción del muro
puede hacer que las familias queden separadas de las tierras de
labranza de las que viven. El Estado intenta impedir que los palestinos
de Israel se casen con palestinos de Cisjordania.

Todo eso, porque son árabes. Pero no es apartheid, señor Carter.
Cómo se le ha podido ocurrir escribir una cosa así a unos días de las
elecciones.

Legitimadores en la red de los crímenes del estado de Israel